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"Tenemos que aprender a conciliar entretenimiento con conocimiento"

Eduard Punset, abogado, economista y comunicador científico

La verdad es que no necesita presentación. Eduard Punset lleva décadas buscando explicaciones científicas a cuestiones tan filosóficas como el porqué de nuestra existencia, nuestro lugar en el Universo o ‘qué nos pasa por dentro’. Pero lo más importante es que Punset se empeña en trasmitir las respuestas a una basta audiencia y cuenta con una legión de fans y seguidores casi incondicionales, fascinados un domingo tras otro por lo que desvela su programa ‘Redes’. ‘¡Sabes más cosas que Punset!’, hay quien dice por ahí. Por su larga y exitosa trayectoria como divulgador científico, Eduard Punset ha sido galardonado hoy con el primer Premio Talència Divulga.

Octavi Planells | 17 de mayo de 2010


Eduard Punset
¿Cómo le dio por hacer divulgación científica?
Hace 40 años los economistas se planteaban cuál sería el impacto de las nuevas tecnologías sobre el management, sobre la dirección económica de las empresas. Por aquel entonces, la multinacional francesa Bull me patrocinó cinco años de cátedra en el Instituto de Empresa de Madrid, para que estudiara y explicara este cambio económico.

¿Y qué sucedió?
Cuando empecé a estudiar esto y a ir a congresos no me encontré con economistas, sino con tecnólogos, ingenieros, físicos... con gente que había impulsado las nuevas tecnologías. Tras convivir con ellos y con sus problemas me dije: “oye, ya sé que se tienen que subir y bajar los tipos de interés, pero que lo haga otro. Yo me voy a dedicar a lo que estos señores se están dedicando”. Y al dedicarme a ello, el primer problema con el que me enfrenté fue el aislamiento brutal que existía entre la comunidad científica y la cultura popular.

¿No ha sido siempre así?
Bueno, hasta el siglo XVIII, el siglo de la revolución industrial, de la revolución científica, se produce en casi todo el mundo un acercamiento entre la comunidad científica y la cultura popular. En Inglaterra, por ejemplo, los padres y abuelos de Darwin ya se extasiaban con los descubrimientos más recientes de la ciencia. Y los reproducían en teatros populares que organizaban en los pueblos...

¿Hacían shows de ciencia?
Eso. Cuando se descubrió la electricidad, por poner un ejemplo, se montaban obras de teatro donde los actores se electrocutaban con un beso.

¿También en España?
España no tuvo ni la revolución industrial, ni la revolución científica, ni la irrupción de la ciencia en la cultura del arte dramático o la cultura popular.

¿El conocimiento era más amplio, por aquél entonces?
Como decía Marx, la especialización en una disciplina particular de la ciencia, lo que lleva a los científicos a que cada vez sepan más de menos hasta que lo saben todo de nada, es un fenómeno reciente.

Así, esta disociación de la ciencia con la cultura ha sido posterior.
Claro, esta es la situación a la que nos enfrentamos la gente de mi generación. La comunidad científica estaba muy separada de la cultura popular, y ya no digo del sector industrial o incluso del sector político. He tenido grandes amigos científicos a quienes les decía: “esta cosa que has descubierto puede tener un impacto muy grande en la vida cotidiana de la gente”. Y me respondían: “¿de qué me hablas? Yo estoy en el mundo de la investigación básica, no en el de la cultura popular”.

¿Ahora, se está cerrando esta brecha?
Esta separación ha subsistido durante dos siglos y justo ahora está empezando a resquebrajarse. Inauguramos un período en el que la ciencia irrumpe en la cultura popular.

¿Qué hay que hacer para mantenerlas juntas?
Está clarísimo que tendremos que aprender a conciliar entretenimiento y conocimiento. España, como otros países, habían sido educados con aquél lema de que ‘la letra con sangre entra’. Ahora, los neurólogos y los psicólogos nos descubren que sin entretenimiento no hay conocimiento.

¿Qué cree que ha motivado el resurgimiento de la cultura científica?
Básicamente, lo que ha ocurrido es la triplicación de la esperanza de vida. Para mí este es el fenómeno más importante, el cual surge a partir de algunas reglas de asepsia, como lavarse las manos, unos 20 años antes de que Pasteur descubriera la causa real de las enfermedades infecciosas.

¿Y cómo influye la esperanza de vida en la cultura?
Que la esperanza de vida se triplique significa que la gente, por primera vez, tiene futuro. Por primera vez, se encuentra con 40 años de vida redundante en términos biológicos. Por lo tanto, hay que empezar a plantearse qué hacer durante estos 40 años.

Qué hacer tras reproducirse.
Exacto. Una vez terminada la tarea de reproducción, ¿qué hago con estos 40 años de vida redundante? Pues profundizar en el conocimiento de las cosas. La ciencia empieza a ofrecer pistas e instrumentos que parecían impensables hace sólo unos años.

¿Pistas de qué tipo?
Por ejemplo, los neurólogos descubren que el estudio del inconsciente demuestra que la mayor parte de nuestra evolución la hemos vivido con la intuición; que lo que llamamos conciencia o estudio racional de los temas ha sido casi un accidente. La gente está descubriendo que está tomando muchas decisiones científicas de modo intuitivo. Antes, la gente sólo vivía sin darse cuenta. Pero ahora la ciencia nos enseña que una de las dimensiones de la felicidad es saber disfrutar del tiempo de espera, que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad.

¿Cuándo surge su interés por las emociones humanas?
Bueno, esto viene ya de mi paso por el Partido Comunista, en los años 50, cuando tenía 17. Para ellos, no era lógico perder el tiempo mirando lo que llamaban sus propios intestinos. Lo que había que hacer, decían, era mirar para fuera y transformar el mundo. Con los años me di cuenta de que lo que había que hacer era no fijarse, efectivamente, en los propios intestinos, sino en los de los demás; en ver qué les pasaba por dentro y por qué se comportaban como se comportaban.

¿Con ello se podrían cambiar las cosas?
Creí que se podría si fuéramos capaces de enseñar a los niños, en su más tierna infancia, a gestionar sus propias emociones, que al fin y al cabo era la única cosa con la que venían al mundo, pero la única de la que no les hablaban en la escuela.

¿Qué me dice de los últimos cambios sociales, científicos y tecnológicos?
Volvemos al comienzo. Estos cambios se producen porque gozamos de 40 años de vida redundante que antes no teníamos. Estos últimos años, lo que nos han enseñado, en contra del pensamiento dogmático que habíamos heredado, es que de la soledad, aunque se utilice para profundizar en el conocimiento de una determinada materia, no conduce a ninguna parte. Sólo mediante la inteligencia social, mediante la conexión de un cerebro con otro, de un colectivo con otro, de una red social con otra, es como se puede profundizar. El sabio en la cueva es un cero a la izquierda.





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