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El circo de la biodiversidad

Unas jornadas organizadas por el CSIC-Centro de Estudios Avanzados de Blanes en Santa Susanna (Maresme) discutieron, durante la primera semana de mayo, sobre la necesidad de reformular el valor de la biodiversidad en los contenidos informativos y cómo atraer a la ciencia hacia el mundo de la comunicación.

Jordi Montaner | 17 de mayo de 2010


De izquierda a derecha, Oriol Mas, David Collantes,
Ainoa Gori, Joan Francesc Valls y Ester Miró

Josep Francesc Valls (ESADE) moderó en estas jornadas una mesa redonda de periodistas que, con motivo del Año Mundial de la Biodiversidad, reflexionaron en torno al peso que las noticias de carácter ecológico o medioambiental tienen en los medios de comunicación catalanes. Ester Miró (TV3), Oriol Mas (Punt Diari), David Collantes (COM-Ràdio) y Ainoa Gori (CSIC) abrieron el debate buscando la implicación de los científicos a la hora de informar al gran público de cuanto acontece en la naturaleza.

“Somos profanos, no investigadores de ciencia”, dejó claro Miró. Se echó en falta una mejor cualificación de los periodistas a la hora de hablar de estos temas y se propuso que entidades como el Col·legi de Periodistes de Catalunya realizaran cursos de formación continuada relativos al medio ambiente, como se ha hecho con la economía o la sanidad. “En televisión nos orientamos por modas pasajeras, de forma que hay un momento para hablar de las cenizas volcánicas que no va a durar siempre, y que sólo puede ceñirse a la actualidad”.

Mas aseguró que la mayor parte de las noticias generadas en torno al medio ambiente provienen de fuentes no científicas, como entidades locales y ONGs. “La ciencia no sabe venderse en los medios; hay, sin embargo, una gran receptividad”. El ponente insistió en que los científicos necesitan ganar más presencia en el mundo de la comunicación y establecer sinergias con otros estamentos del tejido social, a fin de acabar con el cliché de que siempre investigan en secreto o a escondidas de la gente. El investigador tiene también un compromiso intelectual, una necesidad de justificar públicamente qué está haciendo. Lo malo es que la velocidad con la que se funciona en los medios nada tiene que ver con la de las investigaciones científicas y, para un técnico medioambiental, por ejemplo, puede parecer de mal gusto que desde un medio se le obligue a comentar en menos de un minuto y de inmediato algo que lleva investigando más de cinco años sin ningún eco informativo. “La ciencia da poca cancha a las urgencias periodísticas“.

Collantes aseguró que la radio es el patito feo del periodismo medioambiental. “Es muy difícil hablar por radio de una catástrofe natural sin ofrecer imágenes”. Criticó asimismo la escasa sensibilidad de los políticos del país hacia las cuestiones ecológicas, “un hecho agravado por la circunstancia de que la mayoría de los editores de informativos sean periodistas con carrera más bien política”. Aun así, Collantes aseguró que el acercamiento del mundo de la ciencia a los medios es necesario: “Estamos condenados a entendernos para explicar a la gente qué está ocurriendo a nuestro alrededor”. Desde el público, integrado por científicos, se protestó que haya consejeros de medio ambiente más proclives a hablar en los medios de fútbol que de problemas ecológicos.

Gori cerró el turno de ponencias aclarando que no representaba a ningún medio de comunicación, sino a un gabinete de prensa institucional. Dejó constancia también de la dificultad de armonizar los intereses de los medios (“el fútbol y la publicidad tienen mucha más cancha por razones obvias”) con los del rigor científico. “Cuando desde una estación biológica se editan una serie de conclusiones relativas a la supervivencia de una determinada especie, resulta que lo que a las televisiones, radios o periódicos les interesa es cómo acabar de una vez con las moscas negras, las medusas, los mejillones cebra o los mosquitos tigre”.

De nuevo, desde el público, se reclamó más sobriedad a los medios a la hora de hablar de la naturaleza, se criticó la fama de determinados ‘científicos mediáticos’ y autores de best-séllers y se apuntó la necesidad de establecer “correas de transmisión entre ciencia y medios”. A este respecto, se alabó la política informativa de entidades como el CREAB (UAB).

Pronóstico: biodiversidad variable

Otra mesa de las jornadas fue la que se agrupó en el Hotel Onabrava, con casi un centenar de especialistas que discutieron sobre la gestión de los espacios naturales bajo un enfoque crítico. Josep Maria Mallarach (Institut Català d'Història Natural), Carlos Ribera (Institut de la Biodiversitat), Josep Maria Gili (Instituto de Ciencias del Mar), Joan Pino (CREAB) y Sergi Nus (Observatori de la Sostenibilitat de les Comarques Gironines) reivindicaron para nuestro patrimonio natural unos gestores más hábiles y eficientes, “comprometidos con la biodiversidad y una cultura del conocimiento más biodiversa”. Los ponentes se mostraron partidarios de ampliar la cartera de espacios protegidos en Cataluña.

La crisis económica, se dijo, no puede servir de excusa. Los espacios protegidos aportan centenares de millones de euros cada año en concepto de ‘servicios ecológicos de biodiversidad’, según un estudio llevado a cabo por el CSIC, la UPC, la Universidad de Girona y ESADE.

CONFERENCIA INAUGURAL Kilaparti Ramakrishna, premio Nobel de la paz 2007, se encargó de la conferencia inaugural de las jornadas en representación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático. El especialista extrapoló la discusión de las jornadas a la escala mundial y abogó porque los científicos hagan pedagogía de la biodiversidad y porque la gestión del medio ambiente se lleve a cabo bajo criterios científicos y adaptando las decisiones a los requerimientos del territorio. “Se han tomado las medidas necesarias, pero no las suficientes“.





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