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Los expertos prevén un futuro incierto marcado por la crisis energética

Antonio Turiel y Jordi Solé analizan en el Institut d’Estudis Catalans el impacto del "Oil Crash", el efecto del descenso de producción de petróleo en la economía y la sociedad. Los dos expertos concluyen que los recursos naturales y energéticos son limitados, y que es necesario un cambio de modelo para paliar una crisis energética que afecta a todos los sectores.

Clara Cardona | 14 de abril de 2010

Bajo el título El Oil Crash: la crisis energética y sus consecuencias en Cataluña, Antonio Turiel y Jordi Solé debatieron el pasado lunes en el IEC sobre la situación actual del petróleo. "La crisis energética ya ha empezado, aunque no nos queremos dar cuenta". El investigador del CSIC y científico del Instituto de Ciencias del Mar, Antonio Turiel, dejó claro que el descenso de la producción y los problemas de suministro de petróleo ya afectan a ciertos ámbitos de la población mundial. Turiel apuntó que, desde 2005, la producción de petróleo está estancada, y que, entre el 2012 y el 2014, los problemas de suministro afectarán a escala global. De hecho, según el ITPOES, (Industry Task-Force on Peak Oil and Energy Security) el Reino Unido se verá afectado dentro de un año y medio y, su efecto, según han previsto, será 'duro' si la producción de petróleo cae del 2% al 3% anual, o bien será considerado 'catastrófico' si cae un 8 o 9%.

El consumo de petróleo y su producción está estrechamente relacionado con la evolución de la economía. "A medida que baja la producción, el precio se vuelve más volátil y en ocasiones se dispara". En este sentido, las consecuencias del Oil Crash, es decir, el efecto del descenso de la producción de petróleo sobre la economía y la sociedad, pueden ser muy graves, llegando a perjudicar a los sectores básicos que alimentan la economía de un país.

De hecho, según apuntó Turiel, "todas las actividades económicas son dependientes del petróleo", por lo que el impacto puede afectar a tres niveles diferentes. Los sectores que pueden verse más perjudicados son aquellos que usan el petróleo como fuente básica de energía y, a la vez, hacen un gran consumo. Actividades como la automoción privada, el transporte de mercancías, el transporte de viajeros, la maquinaria industrial, la actividad de la industria petroquímica y la electricidad (un 30% de la que se genera en España se hace quemando gasoil y gas) se pueden ver fuertemente afectados. En segundo lugar, Antonio Turiel apuntó que un segundo nivel de impacto tendría repercusiones en actividades como la fabricación de automóviles, el turismo (que representa el 11% del PIB en España), la agricultura, la pesca, el tratamiento de aguas y la industria farmacéutica. Unas actividades y unos sectores perjudicados que tendrían consecuencias graves en el conjunto de la sociedad: tanto en el estado y su financiación mediante impuestos sobre la actividad económica, el orden social, el sistema y los hogares.

Ante esta problemática, Antonio Turiel consideró como solución básica la revisión de las alternativas existentes para lograr un cambio de modelo económico. Un cambio que es necesario, porque ante la necesidad y el alto consumo energético, se calcula que, para poder cubrir las necesidades globales y mantener el actual modelo económico, llegando al 2050 la producción se deberá doblar. Unas alternativas, sin embargo, que no alcanzan los niveles del petróleo por diversos motivos. Aparte de la electricidad y el hidrógeno, las energías no renovables también están en crisis. El pico de producción del gas se estima en el año 2020, mientras que el del carbón se sitúa en 2015. En cuanto a la energía nuclear y la explotación de uranio, tuvo un pico de producción en 1980 con la extracción de casi 70.000 toneladas, y se le atribuye un segundo pico de producción en el año 2040. Además, según apuntó Turiel, "se han creado demasiadas centrales nucleares en el mundo, sobran, y las reservas de uranio están a punto de agotarse". Según apuntó, se estima que en dos o tres años se agotarán las reservas de uranio.

Por otra parte, las energías renovables tampoco pueden sustituir todo el consumo de petróleo para que no dan la misma potencia y, en algunos casos, el gasto económico también es elevado. Los biocombustibles tienen un rendimiento termodinámico por debajo del 1, es decir, se recupera menos energía de la que se invierte; la energía hidroeléctrica tiene poca capacidad de expansión; la energía eólica tiene una expansión moderada, ya que no se aprovecha todo el potencial que podría tener, y la energía solar implica la construcción de unos paneles que tienen un coste muy elevado, los materiales de los que escasean. Por su parte, otras fuentes de energía renovable como la biomasa, la energía geotérmica o mareomotriz tienen un escaso potencial y no se pueden implementar a gran escala.

El investigador del CSIC y científico del Instituto de Ciencias del Mar, Jordi Solé, apuntó que para afrontar el Oil Crash hay que pasar de un modelo basado en el consumo a un modelo basado en la sostenibilidad. Un modelo que implicaría modificar muchas actividades, pero que sería efectivo para afrontar la crisis energética. En este sentido, Solé apuntó que habría que eliminar la automoción privada, localizar la producción y así "consumir cerca de donde se produce", disminuir las redes y eliminar la producción de bienes superfluos.

En el sector de la agricultura, según apuntó, sería necesaria una reforma agropecuaria adoptando medidas como "consumir localmente, recuperar prácticas como la rotación de cultivos y utilizar los parques de las ciudades para hacer cultivos". Además, con esta reforma el campo requeriría una mayor cantidad de mano de obra.
 
En el campo de la industria, los procesos deberán ser optimizados, ya que la sociedad seguirá necesitando la producción industrial. Solé propuso que, para optimizar los recursos energéticos, es necesario que éstos sean locales, priorizar la sostenibilidad y hacer que los diseños favorezcan el mantenimiento, la reparación y el reciclaje de materiales.

Finalmente, en el marco de la comunidad, el científico e investigador del CSIC apuntó que "hay que construir un banco de alimentos para proteger a los más necesitados, construir cooperativas productor-consumidor y que la gente sin trabajo aporte su tiempo en tareas útiles para la comunidad".
 
Solé añadió que la población y los medios de comunicación dan poca importancia al Oil Crash y sus consecuencias en la economía y la sociedad. Por este motivo, el investigador creyó necesaria, además de la ejecución de políticas de sostenibilidad, una gran labor de concienciación, para "educar a la ciudadanía y, especialmente, A los jóvenes". "Hay que explicar el problema, que la gente tenga conciencia. Promover y adoptar medidas".

LAS CIFRAS La producción de petróleo aumentó en el período de 1985 a 2005, fecha en la que se produjo un estancamiento. Además, se calcula que este 2010 ha descendido un 15% respecto a los niveles de 2005. En España, el consumo de productos petrolíferos es de 86 megatones cada año, un dato que equivale a una potencia media que varía de 90 a 125GW. Además, hay que sumar los 35 megatones de gas, que equivale a una potencia de 46GW. En relación a la disminución de la producción, se calcula que la pérdida en consumo de 1% del petróleo representa un descenso del 0,3% del PIB.





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