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Bajo Ebro, alto nivel

Un centenar y medio de médicos, un centenar de comunicaciones y un 'leit motiv': controversias en bioética convirtieron a Tortosa, el penúltimo fin de semana de febrero, en capital catalana del debate clínico. Eran las XXVI Jornadas Médicas y de la Salud de las Tierras del Ebro, y el equipo organizador (encabezado por Ismael Roldán y Manel Chanovas) ha puesto el listón científico en la muesca más alta.

Jordi Montaner | 5 de marzo de 2010


Josep Antoni Bombí
El propio Josep Antoni Bombí, presidente de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares, clausuró el congreso en el Teatro Auditorio Felip Pedrell lamentando no poder seguir por más tiempo (pronto agota su mandato al frente de la Academia) “el extraordinario empuje de los organizadores de este certamen”.

Con la muerte en los talones

Aprovechando el marco de un teatro, el encuentro tuvo un trasfondo cultural fuera de serie, con el planteamiento de películas que ilustraban, dentro del programa científico, las decisiones bioéticas que tienen que ver con la muerte. Pablo Manuel Hernando Robles, presidente de la Sociedad Catalana de Bioética, utilizó una película antigua, Vivir (1952), de Akira Kurosawa, para plasmar una realidad de plena actualidad: la gestión clínica de la muerte en atención a las voluntades anticipadas.

Roldán explicó que desde la organización de las Jornadas se puso mucho énfasis en no tratar temas de abierta confrontación, como el aborto o la eutanasia, pero recordó que España es el país europeo que más ha desarrollado la legislación sobre voluntades anticipadas, testamento vital. “Todas las Comunidades Autónomas han promulgado ya sus propias leyes, con las luces, las sombras, ambigüedades y contradicciones que se derivan”.

Más luces y sombras, correspondientes al tratamiento informativo de las noticias relacionadas con aspectos bioéticos. Una mesa redonda, en la que tomaron parte representantes de la Administración (Generalitat), de los medios (TV3 y Global Talent) y la Universidad (UPF), cuestionó el rigor con que los medios de comunicación se refieren tanto a las enfermedades como a los enfermos, y distinguió una serie de noticias positivas (avances clínicos, nuevas instalaciones sanitarias, tasas de curación elevadas para determinadas enfermedades, mejor calidad de vida…) de otras negativas (accidentes, errores médicos, epidemias…), admitiendo que éstas últimas generan, paradójicamente, mucho más interés en el público. La mesa también dejó claro que información no equivale a conocimiento, y abordó el llamado ‘síndrome del paciente muy informado’, que es como se llama a los casos en que un paciente presiona a su médico con datos extraídos de internet sobre su presunta afección, sin contraste, sin valoración y sin el parecer de una voz autorizada. 

Derechos humanos

Existe un código deontológico para los periodistas, pendiente de que los políticos asuman dicho código como materia de ley. Mientras tanto, la relación de la prensa con los médicos se circunscribe a un gran teatro con variadas representaciones. En los portales de Internet, por ejemplo, el periodismo asume fácilmente la función de un escaparate de avances científicos, prestando menos atención a las cuestiones profesionales de los médicos o a la situación de los pacientes. Marius Morlans, presidente del Comité Deontologico del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona (COMB), subrayó asimismo el compromiso del médico hacia el paciente.

Morlans citó a Kant para defender que “la autonomía de la voluntad es el principio supremo de la moral”. Explicó que la necesidad de priorizar los recursos sanitarios plantea a nuestra sociedad un problema de justicia distributiva (“dar a cada uno lo que le corresponde”, como definía Aristóteles), en vez de atender las necesidades y no los méritos.

Las decisiones son cada vez menos fáciles, pero todas exigen, subrayó, transparencia. “Así evitaremos la arbitrariedad”.

La bioética plantea bastantes conflictos entre derechos individuales y colectivos. Morlans pidió que los criterios a seguir sean siempre consensuados para mejorar la confianza de los ciudadanos en el sistema y la representatividad de las leyes.

Mujeres y niños primero

Las comunicaciones del congreso tuvieron por centro de referencia al Hospital de Tortosa Verge de la Cinta. Al hilo de la bioética, destaca una presentación sobre el impacto de la televisión en la obesidad infantil.

No es por casualidad que los restaurantes de comida rápida se anuncien en la tele. La Encuesta Pública de Salud del 2006 reveló que en los últimos 20 años la presencia de los niños españoles en los restaurantes ha aumentado un 300%. Teniendo en cuenta que la comida de un restaurante es, de promedio, un 30% más calórica que la preparada en casa y que, de nuevo según la Encuesta Nacional, el 70% de los niños españoles no practica ninguna modalidad de ejercicio físico en el tiempo libre, se entiende que España haga gala de una de las cifras de obesidad infantil más elevadas de la Unión Europea. Dos datos más: si el número de horas lectivas de clase al año en nuestro país es de 960, la media de horas sentados frente al televisor es de 990. En horario infantil y a mitad del año (no en época de vacaciones), el 80% de la publicidad se refiere a productos alimenticios hipercalóricos y nutritivamente pobres.

Otra ponencia, también de dicho hospital, analizaba el perfil de las mujeres con depresión y fibromialgia, ilustrando su dificultad para gestionar una baja laboral, la frecuencia con que estas mujeres presentan una historia de abusos infantiles o de sobreprotección, la dificultad que experimentan para reconocer el tremendo estrés al que hacen frente en casa o en el trabajo (consideran que es algo normal), y el riesgo estadístico a ver agravado su cuadro cuando engendran más de dos hijos.

Se habló asimismo de la autonomía y dignidad del paciente, del papel del consentimiento informado en todas sus modalidades, aunque se recordó que “nunca un documento escrito debe sustituir la necesidad del diálogo y la confianza entre médico y paciente”.

UN ENEMIGO DEL PUEBLO Se trata de una obra de teatro que Ibsen escribió en 1882, citada por Roldán en las Jornadas, y que ilustra con asombrosa pertinencia las discusiones bioéticas de hoy.

Es el drama de un hombre de fuertes convicciones, el Doctor Stockmann, que denuncia que las aguas de un balneario, que son la principal fuente de ingresos del pueblo en el que vive, están contaminadas y constituyen un peligro para la salud. Las fuerzas sociales del pueblo tratan de ocultar la acusación y Stockmann se queda solo y marginado. “He descubierto que las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira...”, protesta el protagonista. Stockmann se ve forzado a abandonar el pueblo con su familia y la obra termina con un juicio. Ibsen senbtencia que “el hombre más fuerte del mundo es el que está más solo".





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