Hauries d´instal.lar el plug-in del flash... Descarregar plug-in de Flash

Tribunas

Historia de la Ciencia

Disminuir Aumentar

Oliver Hochadel

Investigador del CEHIC

Fósiles e identidad nacional

6 de octubre de 2009


Foto: Joel Ormsby
Tras su derrota en los campos de batalla (1870-1871) frente a Prusia, Francia decidió continuar la guerra en el ámbito científico. Por todos los medios a su alcance, los antropólogos franceses querían demostrar que los prusianos descendían de una 'raza mixta' de Europa del Este y que, en el fondo, no eran más que ‘criaturas salvajes’. Varias décadas después, el famoso antropólogo francés Marcellin Boule alegó que el ‘hermoso’ hombre de Cromañón (Homo sapiens tempranos) era el antepasado de los franceses, mientras que los alemanes descendían de los ‘brutos’ Neandertales.

Allá por 1900, muchos científicos sostenían que la medición del cráneo podría revelar la prehistoria ’racial‘ de un pueblo. Se servían de la biología para dar legitimidad a reclamos políticos de identidad nacional. Hasta la década de los 20, los antropólogos suizos trataron de caracterizar, a través de escrupulosas craneometrías, al Homo alpinus. Querían forjar una identidad específica para los habitantes de las montañas.

Lo que en el pasado fueron "serias opiniones científicas", hoy no son más que una fuente de diversión y hasta cierto punto, incluso de confusión. Parece claro que este tipo de disputas y animosidades nacionales no caben, o no deberían, en la ciencia internacional contemporánea. ¿O tal vez sí? Por lo que se está viendo, todo depende de dónde se mire.

Veamos el caso de China. Los paleoantropólogos de este país aseguran a unos sorprendidos colegas occidentales que el hombre moderno no sólo se originó en África. En China es casi una doctrina de Estado, reafirmada por científicos y medios de comunicación, que el Homo pekinensis (desde 1920 se están hallando fósiles de Homo erectus cerca de Pekín) evolucionó a Homo sapiens in situ. Para decirlo sin rodeos: los chinos son chinos desde hace más de 500.000 años.

La construcción de la identidad nacional basada en la evolución de restos fósiles no sólo se da en regímenes autoritarios Uno podría pensar que este tipo de construcción de la identidad nacional basada en una particular visión de la evolución de restos fósiles humanos sólo es posible en regímenes autoritarios. Pero no es exactamente así. Desde los años 90 del último siglo se han documentados varios cráneos bien conservados en la antigua ciudad de Dmanisi, en la República de Georgia. La determinación de su edad, unos 1,7 millones de años, provocó algo más que sorpresa entre los científicos: representan los fósiles de homínidos más antiguos, exceptuando los de origen africano. En 2002, los antropólogos de Georgia bautizaron a sus ‘antepasados’ con el nombre de Homo georgicus. Para la joven república de Georgia, los fósiles de Dmanisi no sólo son objeto de orgullo nacional. Son también algo así como una arma estratégica para un país situado entre dos continentes que reclama pertenecer a la Unión Europea. Su argumento es que en Dmanisi han encontrado "al europeo más antiguo“.

En teoría, al menos en ciencia moderna, los antropólogos europeos no generan identidades nacionales a partir de viejos huesos fragmentados. ¿O sí?

En el famoso yacimiento de Atapuerca, cerca de Burgos (España), los investigadores afirman haber encontrado los fósiles más antiguos de homínidos en Europa, si exceptuamos el ‘origen europeo’ de los restos de Dmanisi. En 2007 se descubrió una mandíbula datada en aproximadamente 1,3 millones de años. Con respecto a este hallazgo, los científicos españoles nunca han reclamado ningún tipo de continuidad biológica entre el Homo antecessor, como se ha llamado a esta especie, y los españoles contemporáneos, como sí han hecho los chinos.

Sin embargo, se han publicado muchos libros populares con títulos como Atapuerca: Nuestros antecesores o La Sierra de Atapuerca: un viaje a nuestros orígenes. En 2008, Emiliano Aguirre, considerado el ‘padre’ del yacimiento, publicó un libro titulado Homo Hispánico. Él mismo eligió este título, mucho más neutral, tras rechazar el propuesto por su editor, Homo hispanicus. Haber aceptado este nombre hubiera significado poco menos que oficializar el nombre de una nueva especie. Así que el título final fue una solución de compromiso entre la editorial y su estrategia de marketing (pensando en el público español) y un antropólogo español que se considera ciudadano del mundo.

Así que incluso en el siglo XXI se mantienen aspiraciones de conexión entre huesos e identidad. Son relatos coproducidos por científicos, medios de comunicación y políticos. Frases como "los primeros españoles", ¿son literales?, ¿son bromas? La respuesta no es fácil, pero parece del todo vinculada a una determinada política de identidad nacional. Desde esa perspectiva, la historia de España habría empezado en Atapuerca.

Un último ejemplo: Cataluña. Si preguntamos al paleontólogo Salvador Moyà-Solà acerca de su trabajo, nos hablará de sus recientes trabajos publicados en revistas de alto impacto como Nature o Science. Su equipo halló recientemente fósiles del Mioceno correspondientes a hominoides (Dryopithecus laietanus) que habitaron la Cataluña actual hace 12 millones de años. Para Moyà-Solà, la cuestión es que se valore científicamente su hallazgo, y no que se tengan en cuenta las disputas políticas que ocasionalmente enfrentan a Barcelona y Madrid.

Sin embargo, el equipo de investigación ha acabado bautizando las sucesivas nuevas especies que se han hallado como Pierolapithecus catalaunicus y Anoiapithecus brevirostris (Pierola es un pueblo, y Anoia una comarca de Cataluña). Y por si no fuera poco, los restos han recibido los nombres de Jordi, Pau y Lluc, todos ellos propiamente catalanes.

El de Pau, en cualquier caso, no fue una simple concesión al origen. En catalán significa también ‘paz’. El nombre obedece a una acción de protesta contra la participación española en la guerra contra Irak en 2003. Y es que, aunque se trate de restos tan antiguos, es difícil sustraerse de la realidad en la que uno vive. Es entonces cuando viene a la mente una famosa sentencia de Donna Haraway, que reza: "la primatología es política, pero por otros medios”. La paleoantropología también ha sido, y sigue siendo, política por otros medios.

Comentarios

       
0 comentarios
 
Global Global Global Global
RSS