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Tribunas

Astronáutica

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Jordi Gutiérrez

Astrofísico y subdirector de l'Escola d'Enginyeria de Telecomunicació i Aeroespacial de Castelldefels

Destino: la Historia

12 DE ABRIL DEL 2011


Postal rusa del viaje al espacio de Gagarin
El 12 de abril de 1961, por desmayo de los Estados Unidos, la Unión Soviética pone una nave tripulada en órbita. El único cosmonauta a bordo controla con tranquilidad los instrumentos que le informan del estado de su nave. Un observador neutral pensaría en un viaje de rutina, y nada estaría más alejado de la realidad. Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano que abandona la Tierra para llegar al espacio.
 
Los científicos e ingenieros, sin embargo, no lo ven muy claro, y deciden que Gagarin haga sólo una órbita alrededor de la Tierra y devuelva a la superficie de nuestro planeta. El encargado de esta operación es un retrocohete, y también han pensado en cómo hacerlo si llegada la hora no funciona correctamente: la órbita es tan baja que la fricción con la atmósfera haría que la nave retornara a la Tierra en dos o tres días. Afortunadamente, este plan B no es necesario y la misión resulta perfecta.
 
Tanto la máquina como el tripulante se comportan exactamente como estaba previsto. Y sobre el tripulante existían serias dudas: en Gagarin era un piloto extraordinario, sus capacidades para tripular la nave estaban fuera de duda, pero ¿cómo se comportaría un humano en condiciones de microgravedad? Este era un interrogante que torturaba a los médicos de la misión, y que este vuelo desveló.
 
Gagarin murió en una misión en prácticas que lo había de llevar de nuevo al espacioConvertido en un icono de la propaganda soviética, Gagarin no recibió permiso para volver a abandonar la superficie de nuestro planeta durante años. Y el destino fue cruel con este pionero, porque cuando se estaba preparando para su segunda misión el avión de prácticas que pilotaba se estrelló, matándole. En aquellos momentos, sus competidores -y sin embargo colegas- de Estados Unidos se preparaban ya para aterrizar en la Luna.
 
Queda poco de aquellos días de gloria y pasión. Algunas rutinas, quizás deberíamos llamarlas manías, como la de muchos cosmonautas rusos que se detenían a orinar en el mismo punto donde lo hizo Gagarin justo antes de su histórico lanzamiento, o la cuenta atrás, propia únicamente de los europeos y estadounidenses. Estamos en una fase de la exploración en la que es difícil que alguien recuerde el nombre de un astronauta en activo, excepto, quizás, el de los compatriotas que viajan al espacio. Pero no dudamos que la excitación por la exploración regresará, ya sea con la vuelta a la Luna o con empresas a más largo plazo, como las expediciones a Marte o a un asteroide.
 
Que los cohetes sólo se puedan usar una vez es un importante lastre Hoy en día, los viajes al espacio siguen arrastrando un importante lastre: la necesidad de usar cohetes no reutilizables (el viejo transbordador espacial está a punto de ser retirado del servicio, se ha mostrado como una máquina extraordinaria, pero muy cara y insegura). El coste de cada uno de estos cohetes se eleva a las decenas de millones de euros, y sólo se pueden utilizar una vez, lo que hace que los viajes al espacio tengan un precio astronómico. ¿Cuánta gente podría viajar en avión si tuviera que pagar el coste del aparato entero y a la vuelta del avión fuera chatarra inservible?
 
Un día, cuando los humanos hayamos colonizado realmente el sistema solar, nuestros descendientes mirarán atrás y verán este tiempo con una mezcla de incredulidad (¿cómo podían meterse en estos ingenios tan arcaicos?) y de admiración por el valor de aquellos primeros exploradores del espacio.
 
Hoy en día, apenas hemos mojado los dedos de los pies en el océano del espacio Hoy apenas hemos mojado los dedos de los pies en el océano del espacio, pero seguro que lo que encontramos en nuestros viajes de descubrimiento nos ayudará -quizás de manera esencial- a entender quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el Universo.

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