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Begoña Vendrell Simón

Begoña Vendrell Simón

Bióloga especialista en ecología marina

Imposturas científicas

11 DE MARZO DE 2011


A finales de 2010 se hizo pública la retirada de un considerable número de artículos científicos publicados durante los años 2000 y 2001 en la prestigiosa revista Science. Los artículos hablaban de hallazgos relevantes en física, y se procedió a su retirada después de que se descubriera que uno de los autores había cometido varios actos de mala conducta científica. Este caso, conocido como "el escándalo Schön", es uno de los más sonados de la historia de la ciencia, pero no es el único.

La mala conducta científica sale a la luz casi cada año, bajo diversas formas. Por ejemplo, se llama fraude científico a los casos de invención, de falsificación y de manipulación de datos, así como de plagio. En cambio, la autoría ficticia, ciertas incorrecciones en la bibliografía, la publicidad de resultados de investigaciones previamente a la publicación en la prensa profesional y todas las modalidades de publicaciones repetidas-¡incluso el autoplagio! - Corresponden a las llamadas faltas de ética en el proceso de publicación.

El debate sobre la credibilidad de la ciencia

Si bien es cierto que estos casos de mala conducta en el mundo científico desencadenan debates sobre la credibilidad de la ciencia, sobre la importancia de la coautoría, sobre cómo afecta la fama al científico y sobre el sensacionalismo, también ponen sobre la mesa la robustez del método científico y la importancia del peer reviewing.

El debate sobre la coautoría versa sobre hasta qué punto los coautores de un artículo-posteriormente señalado como fraudulento y uno de los autores del que es acusado de fraude-han podido ser cómplices de este fraude, al no cuestionar suficientemente o no implicar lo suficiente en verificar los resultados y datos que se presentan.

A las grandes revistas se las acusa de ser menos estrictas con las revisiones de autores de renombre El sensacionalismo y las implicaciones de la búsqueda de fama en el mundo científico afectan no sólo los autores, sino también a las revistas científicas de primer nivel, como serían Science o Nature, pues a veces se las acusa de tener una cierta tendencia a priorizar artículos científicos de gran repercusión, importantes descubrimientos, y / o que prometen gran impacto mediático. De hecho, se acusa también a estas revistas de ser menos estrictas con las revisiones de autores de renombre que ya han publicado en varias ocasiones, lo que podría ayudar a encubrir algún caso de mala conducta científica.

La importancia del método científico

Con todo, estos casos de fraude suelen salir a la luz y son denunciados y penalizados por la misma comunidad científica, pues la revisión y replicación de experimentos es algo propio del método científico. La reproducibilidad, es decir, el hecho de que cualquier persona en cualquier lugar del mundo -con los recursos y condiciones adecuadas, claro está- debe poder repetir un experimento dado, es una de las dos premisas básicas del método científico, la cual a su vez reposa sobre el hecho de que se han de comunicar y publicar los resultados de los experimentos. Esta reproducibilidad implica a la vez que los resultados son susceptibles de ser falsados, es decir, que las proposiciones científicas son falsables.

Estas dos premisas se refuerzan vez por el método de autoevaluación a nivel internacional de que disponemos los científicos, y que es el llamado peer reviewing. Según este método, cualquier artículo científico, antes de ser publicado en ciertas revistas, debe ser revisado por al menos dos científicos calificados de manera anónima, lo que aporta un alto nivel de crítica, de corrección, de mejora y de credibilidad a los artículos que serán posteriormente publicados.

Un físico envió expresamente un artículo falso para denunciar el poco rigor de algunas revistas Está claro que estas revisiones no excluyen que se puedan llegar a publicar, como sucede en ocasiones, artículos fraudulentos. El fraude intelectual quedó también patente y de alguna manera ridiculizado en un experimento que hizo el físico Alan Sokal en 1996: envió expresamente un artículo falso a una revista de ciencias sociales, justamente en un año en que esta revista no hacía peer reviewing, para denunciar que algunas revistas de ciencias sociales no eran rigurosas en la revisión de artículos susceptibles de ser publicados.

Sea como sea, los científicos contamos con un sistema algo robusto de revisión y, en última instancia, la propia curiosidad y criterio pueden hacer que, si se duda de unos resultados determinados, se cuente con que estos pueden ser testados tantas veces como sea necesario para ser considerados como válidos ... al menos hasta que otros los invaliden.

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