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Tribunas

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J.J. Rodríguez Jerez

Grisc – Grup de Recerca en Gobernança del Risc (UAB)

Disparidad de criterios en aditivos alimentarios

15 de mayo de 2009


Foto: Pablo Fuerte
La legislación europea en materia de aditivos alimentarios establece que el comité científico de la Autoridad para la Seguridad Alimentaria Europea (EFSA, de European Food Safety Authority), denominado Food Additives and Nutrient sources added to food (ANS), debe verificar cuando un producto que quiera añadirse a un alimento es seguro. Los dictámenes que elabora este comité son empleados por la Unión Europea (UE) en materia de seguridad alimentaria para el uso de aditivos alimentarios, fuentes nutritivas y otras sustancias añadidas de forma deliberada en los alimentos.

Pese al control de la EFSA, y al temor a generar de alarma social, es posible que se incluyan aditivos prohibidos en los alimentos. Puede ocurrir, y de hecho ocurrió en 2005 con el colorante Sudan I, detectado en el Reino Unido. Se trata de un aditivo prohibido en Europa por su toxicidad. Como suele suceder, el producto se asoció a una determinada categoría de alimentos, en este caso a productos importados.

El episodio del Sudán I pone de manifiesto la necesidad de comprobar la legislación vigente cuando se fabrican alimentos a partir de normas diferentes o inexistentes en Europa. Y el principio es de aplicación no sólo para productos tóxicos, sino también para algunas sustancias que, como los aditivos, pueden ser reguladas de forma distinta según el país de origen.

Añadido intencionado

Pero vayamos al principio. Si tuviéramos que definir qué es un aditivo, deberíamos considerar todas aquellas sustancias que, añadidas de forma intencionada a alimentos y bebidas, no modifican su valor nutritivo y mejoran el efecto de la tecnología alimentaria, la conservación del alimento o sus características organolépticas.

La seguridad de los aditivos alimentarios depende de su inocuidad y, en muchos casos, de las dosis ingeridas. Por ello, no deben contener componentes nocivos, procedentes tanto de sus fuentes naturales como de las reacciones químicas que tengan lugar durante el proceso de fabricación. Con este fin, los gobiernos de todos los países exigen que las sustancias utilizadas como aditivos, independientemente de la fuente y de la forma de obtención, cumplan una estricta normativa de pureza química y microbiológica.

Una vez garantizada la seguridad del aditivo en cuanto a pureza, hay que determinar si existe riesgo de toxicidad aguda, subaguda o crónica, así como sus efectos sobre la reproducción, teratogenicidad, carcinogenicidad y mutagenicidad.

De los aditivos empleados en la elaboración de alimentos y bebidas, los más habituales son los aromas, seguidos de los colorantes, los acidulantes y los conservantes. De entre los colorantes, los más utilizados son el caramelo, natural y muy frecuente en las bebidas refrescantes (da el color marrón); la tartracina; y el amarillo de quinoleína, colorante sintético también muy habitual que se utiliza en bebidas de color naranja. Este último se absorbe poco en el aparato digestivo, pero no está autorizado como aditivo alimentario en otros países como Estados Unidos, Canadá y Japón.

Listas positivas

En realidad, que un aditivo esté o no permitido en un país depende del sistema de autorización que se esté aplicando. La posibilidad de uso depende de su inclusión en las listas positivas, listados en los que se indica la molécula, la concentración admisible y los alimentos en los que se puede aplicar. Para garantizar la salud de los consumidores y no generar alarma, sólo se pueden aplicar aquellos aditivos que autorizados de forma explícita.

Si se demuestra la inocuidad de una sustancia en un país determinado, puede ser incluida en su lista positiva. Así, podrá ser empleada en los productos fabricados o consumidos en su ámbito territorial. Sin embargo, si en otros países no se modifican las listas, esta misma sustancia no podrá emplearse. Y eso nos lleva a una primera paradoja: algunos productos inocuos pueden ser empleados en unos países y no en otros, lo que indudablemente genera desconfianza en el consumidor.

Por otro lado, también pueden descubrirse efectos perjudiciales de una sustancia que lleven a la prohibición de su uso en un país concreto. Si la información no se transmite de forma adecuada, es probable que no se elimine de las listas positivas de países terceros, con lo que seguirá empleándose como aditivo.

Veamos el caso del amarillo anaranjado, colorante que da el color naranja a los refrescos y golosinas. De él se sabe que puede ocasionar alergia y síndrome de hiperactividad en niños predispuestos, alteraciones que también puede llegar a producir el rojo cochinilla. Por lo que se ha visto, los efectos son leves y los datos aún no son definitivos. Sin embargo, si se comprobaran estos efectos, el procedimiento sería simple: eliminar el aditivo de las listas positivas. O lo contrario si finalmente se descarta la toxicidad para su uso general. Aunque, claro está, sería necesario ir país por país para evitar complicaciones.

Comentarios

       
1 comentario

Ana 28/04/2012
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