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Tribunas

Seguridad alimentaria

Disminuir Aumentar

J.J. Rodríguez Jerez

Grisc – Grup de Recerca en Gobernança del Risc (UAB)

Envases de plástico y seguridad

28 de mayo de 2010


Foto: Joanne  Wan
Cuando la alimentación se basaba en el día a día, es decir, cuando de forma diaria se compraba lo que se iba a consumir durante la jornada, la mayor parte de los alimentos era a granel. No se contemplaba el consumo de agua embotellada y el vidrio y las latas se reservaban para las bebidas y las conservas. Esto ha cambiado con la evolución en las costumbres de los consumidores, que han pasado a dedicar su tiempo de ocio a actividades que no están relacionadas con las domésticas. Este hecho ha impulsado de tal modo la tecnología del envasado que buena parte lo que comemos y bebemos se vende dentro de algún tipo de envase.

A día de hoy, las compras en los supermercados deben satisfacer demandas alimentarias semanales. Este cambio, si bien espectacular visto en retrospectiva, ha ocurrido de un modo tan paulatino que no hemos llegado a ser conscientes de ello. Comprar la carne o el pescado para llevarlo a casa en un trozo de papel y cocinarlo al cabo de pocas horas, o minutos incluso, nos parecería hoy muy poco práctico.

Sin embargo, emplear envases para todo también tiene sus riesgos desde dos puntos de vista. El primero es para la salud. Los envases no son algo inerte que se coloca sin más entre el alimento y el medio exterior para evitar manipulaciones o contaminaciones. Los materiales empleados en los envases, que son un elemento de vital importancia para mantener la calidad y la seguridad, pueden transmitirse, en mayor o menor medida, al propio alimento. El segundo riesgo es medioambiental, puesto que el plástico tiene un bajo nivel de reciclaje y tarda muchos años en degradarse si no se lleva a cabo un buen uso del mismo.
 
Plástico y medio ambiente

Respecto a los peligros medioambientales, hace años que se ha habla muy mal del tereftalato de polietileno (PET), al que se le ha relacionado con multitud de problemas, tanto de tipo alimentario como medioambientales. El PET es la base de la mayor parte de las botellas de plástico y se puede identificar fácilmente, ya que, si la botella lo contiene, tendrá ciertos símbolos impresos.

Recientemente, el Instituto para la Investigación de la Energía y el Medio Ambiente de Alemania (IFEU, de sus siglas en alemán) ha presentado los resultados de un estudio sobre los problemas medioambientales del plástico, concluyendo que el PET de un solo uso es más “verde” que el vidrio reciclable. De acuerdo con este estudio, las razones están claras: una reducción del peso de la botella en un 14%, lo que implica una menor cantidad de PET, el aumento del empleo de materiales reciclados (25-35%), la disminución de las distancias entre los centros de producción y distribución (38%) y la reducción en el consumo de energía (30%) y de agua (36%) en su fabricación.

Proteger y liberar sustancias

La clasificación cada vez más utilizada divide los envases en pasivos o activos. El primero se emplea como mera barrera entre el alimento y el exterior. De hecho, es una protección física, que no deja que nadie ni nada pueda contaminar el alimento. Este es el caso de la mayor parte de las frutas y verduras enteras envasadas y de la mayoría de las bebidas, incluyendo el agua embotellada.

La solución para evitar la migración de sustancias plásticas al agua no pasa por un rediseño del material, sino por la mejora de las prácticas higiénicas Los envases activos poseen las características de los pasivos, porque protegen físicamente al alimento, pero, al mismo tiempo, pueden transferirle sustancias para proporcionarle una característica concreta. Entre ellas se encuentra el aroma que se libera al abrir el envase o antimicrobianos, entre otras. Este tipo de producto puede alarmar a algún consumidor, puesto que si se desconoce la actividad de la sustancia que se ha incorporado al alimento se puede rechazar su consumo. Esta respuesta está ligada al miedo a que los aditivos de los plásticos puedan suponer un riesgo para la salud.

Ante esta situación, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, de European Food Safety Authority) obliga a que los diferentes productos que vayan a estar en contacto con los alimentos estén evaluados por el comité científico CEF (Food contact materials, enzymes, flavourings and processing aids), con la finalidad de autorizar su empleo sin implicación sanitaria. Es importante destacar que este caso es diferente al de los aditivos alimentarios, puesto que el número de fabricantes de plásticos y materiales para envases es muy reducido. Esto hace que las medidas de control sean más eficaces.

Envases de plástico y agua

De todos los alimentos, aquellos que tienen un contacto directo más prolongado con los envases son las bebidas. Entre éstas, la que se consume de forma regular por una mayor proporción de la población es el agua. Es muy común el consumo regular de esta bebida en envase plástico, y también es habitual que más de una vez hayamos pensado que el agua embotellada tiene un sabor ligeramente extraño.

Ese sabor que detectamos puede deberse a la migración del plástico al agua. La mayor parte de las veces, la responsabilidad de este hecho no es del envasador ni del fabricante del envase. Curiosamente, el consumidor acostumbra a ser el culpable, al comprar una botella, consumirla y luego rellenarla con más agua procedente del grifo o una fuente. Las ventajas del plástico son que es barato y ligero, por lo que reutilizamos las botellas pero a menudo las dejamos al sol, dentro de un coche en verano o en el frigorífico.

La solución a esta situación no es un rediseño del material de forma que no tenga sustancias con sabor, sino mejorar las prácticas higiénicas. Hay que tener en cuenta que las botellas de plástico no pueden estar expuestas mucho tiempo a la luz del directa sol. Esta luz tiene una cierta cantidad de radiación ultravioleta, que hace aumentar la transferencia de plásticos hacia el agua. Algo parecido ocurre con el calor excesivo, que aumenta la capacidad de disolución del plástico. Cuanto más calor, más sabor tendrá el agua y mayor cantidad de plástico habrá en nuestra dieta.

Comentarios

       
1 comentario

Julio Ortega 06/02/2012
En Colombia se utiliza tubular plástico de sólo polietileno y otros tienen 3 capas,por ejemplo, 2 capas de polietileno y una al centro en polipropileno formando una tricapa. Normalmente un rollo de plástico tubular para agua pesa 6.6kg ¿Por qué algunos rollos sueltan sabor a plástico al agua y otros no?, adicional a la temperatura y la exposición del material plástico a la luz ultravioleta, si un rollo la fabricó mi proveedor de empaques hace 15 meses y Yo voy a usarlo después de ese tiempo, ¿ es posible que el agua envasada allí tome sabor a plástico por las migraciones del material? .

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