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GAMA (Grupo de Análisis de Situaciones Meteorológicas Adversas) - UB

La gran nevada de 2010

2 de marzo de 2010


Foto: Richard Alexander Caraballo
La gran nevada de 2010. Es muy probable que las nevadas del 8 de marzo pasen a los anales de la historia de la meteorología con esta denominación. No serán las primeras. Basta con recordar la otra gran nevada, la de la Nochebuena de 1962, o las nevadas de diciembre de 2001, de las que se ha vuelto a hablar en medio de una serie de discusiones. O el invierno del año 2005, cuando se registraron más de una quincena de nevadas con repercusión en los medios de comunicación, como las del día 5 de marzo.

De hecho, en Cataluña hemos tenido nevadas extraordinarias todos los meses del año. Febrero se lleva la palma con más de 38 nevadas con eco en la prensa desde 1982, mientras que septiembre queda incluso por debajo de los episodios extraordinarios de agosto. Si bien titulares como Nevada olímpica tienen un sentido discretamente escondido y poco reproducible históricamente, no son extraños los titulares que hacen referencia a la mayor o la peor nevada en los últimos 20, 30 o 40 años.

Tampoco es nuevo que se comente que Barcelona se colapsó por la nieve, como ya ocurrió en febrero de 1982, o que miles de abonados se quedasen sin luz, con titulares como los del diciembre de 2001, con un sabor bíblico
como Y al cuarto día no se hizo la luz, y que este año podríamos extender hasta el séptimo día. Un vistazo a las hemerotecas también nos recuerda que los bosques de Collserola ya quedaron muy dañados con las nevadas del mes de febrero de 1983, o que el mismo mes de 1996 la nieve aisló los Pirineos mientras que el viento hacía destrozos en el sur de Cataluña. Cabe decir que, en uno de los diarios de mayor tirada en Cataluña entre 1982 y 2007, se publicaron más de 1.200 titulares sobre nevadas.

Con todos estos precedentes, no deja de extrañar la fuerte repercusión social que ha tenido este último episodio, que por unos días apagó el fuego de los incendios de Horta de Sant Joan. ¿Ha sido consecuencia del corte de electricidad o de la confusión que reinó en Barcelona y en el transporte de cercanías? O, por el contrario, ¿ha influido también la belleza de calles y lugares cubiertos de nieve o el niño pequeño que todos llevamos dentro, que quiso salir a jugar con la nieve? De hecho, si se compara con otros riesgos naturales, nieve y olas de frío son las que, en término medio, generan el mayor número de titulares por episodio. Así pues, no es de extrañar que este hecho haya tenido tanto impacto.

En situaciones de convección, los modelos meteorológicos prevén con exactitud dónde se producirán los máximos Pero, ¿cuál ha sido el hecho inusual de todo esto? La tormenta. Nevó muy fuerte y se recogieron espesores de nieve importantes en pocas horas. Se oyeron los truenos y se vieron los rayos, lo que nos dice que había una convección a la que estamos más acostumbrados en episodios de lluvias intensas. Y es que la situación meteorológica nos mostraba una baja presión en la zona entre Cataluña y las Islas Baleares, más propia de inundaciones que de nieve. Esto favoreció la entrada de aire húmedo y no muy frío del Mediterráneo, que permitió la acumulación de una gran cantidad de precipitación en forma de nieve, mientras que el aire más frío en niveles más altos favorecía la convección.

La situación fue excepcional pero también del todo prevista. Nuestros meteorólogos hicieron un buen trabajo. Que los espesores de nieve fueran más o menos grandes en unas zonas que en otras puede entrar en el terreno de la casuística, porque, en situaciones de convección, los modelos meteorológicos no son capaces de prever con exactitud dónde se producirán los máximos. De hecho, es por este motivo que la comunidad internacional subvenciona proyectos de investigación para mejorar la previsión de fenómenos adversos, porque todavía queda mucho por aprender en este sentido.

No puedo terminar sin comentar un titular relacionado con otra nevada y que podemos considerar de plena actualidad: ¿Cambio climático o conjunción fatal?, se leía en La Vanguardia el 24 de febrero de 1999. Pues bien, no tenemos pruebas suficientes como para adjudicar esta nevada al cambio climático. Ha sido un fenómeno demasiado puntual. Pero sí es un toque de atención. Y es que los pronósticos a largo plazo sí que apuntan a un aumento de extremos, y situaciones extremas o inusuales como ésta nos deben hacer reflexionar.

Comentarios

       
2 comentarios

Ignasi 06/04/2010
Sempre es força bo llegir articles amb contingut

Ignasi 06/04/2010
Sempre es força bo llegir articles amb contingut

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