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Albert Díaz Guilera

Departamento de Física Fundamental, UB

El teléfono móvil de Delta Cero

1 de abril de 2010


Foto: Xurxo
Estas últimas semanas, los medios informativos han discutido sobre la actuación del responsable técnico de bomberos en el incendio de Horta de Sant Joan, el llamado Delta Cero: comparecencias en comisiones parlamentarias, juicios paralelos en los medios de comunicación, procedimientos judiciales, etc. En esta historia hay un hecho que nos afecta a todos, a nuestra vida cotidiana, más de lo que creemos.

La titular del juzgado de Gandesa ha pedido a la operadora de telefonía Movistar los datos que revelan la localización de Delta Cero el día de los hechos. La realidad es que ni los responsables políticos ni los técnicos tienen estos datos: sólo Movistar los tiene. Gracias a las llamadas realizadas desde el teléfono móvil durante el incendio, Movistar tiene registrada su localización, dada por las torres de telefonía que proporcionan la cobertura. Cada llamada se hace en referencia a una torre y los operadores de telefonía pueden hacer un seguimiento y una estadística.

En este caso particular, la localización de Delta Cero es vital para poder averiguar cómo sucedieron los hechos, para saber exactamente dónde estaba el máximo responsable del operativo y para evaluar la corrección de su actuación. Esto nos debe llevar a reflexionar sobre el hecho de que los operadores de telefonía móvil saben siempre dónde estamos, a quién llamamos, a quién enviamos mensajes; y no sólo eso: otros servicios, como Google, se pueden incorporar a los teléfonos móviles equipados con GPS y permiten hacer un seguimiento permanente de nuestra localización y de nuestras búsquedas.

¿Nos debe preocupar esto? Obviamente. Como todo lo que haga referencia a nuestro uso de las tecnologías, nos debemos oponer a la utilización inadecuada de los datos por parte de quien los tiene. No queremos ser bombardeados por correos basura, ni por llamadas indeseadas, ni queremos que esta información llegue a malas manos, ni que se comercialice, ni que se haga negocio con ella.

Todos nos preocupamos cuando recibimos llamadas anónimas inoportunas preguntándonos las más variadas cuestiones. En el fondo son encuestas que rechazamos porque a veces las entendemos como una violación de nuestra intimidad. Pero, en cambio, no sufrimos a la hora de dejar un rastro tan claro de nuestros movimientos en la sociedad digitalizada. Estos datos son mucho más valiosos para las compañías que las propias encuestas por su inmediatez, su exactitud y su bajo precio.

Un análisis cuidadoso y anónimo de los patrones de comportamiento puede ayudar en la planificación de infraestructurasAdemás, esta información tiene un valor incalculable desde un punto de vista científico. No sólo para saber cómo se comporta Delta Cero (que no es problema de la ciencia sino de la justicia) sino para saber cuáles son los patrones de comportamiento de miles de usuarios de la telefonía móvil, ciudadanos que se mueven, que van en coche, que cogen transporte público, que se van de vacaciones, que disfrutan de su tiempo libre, etc. Un análisis cuidadoso de los patrones de comportamiento, siempre con las convenientes garantías de anonimato, puede ayudar en la futura planificación de infraestructuras, ya que ayuda a conocer de manera inmediata cuáles son nuestros comportamientos, aunque sea de manera puramente estadística.

Pero, ¿cómo afecta esto a la ciencia? La ciencia necesita datos. Datos nuevos para nuevas teorías. Datos nuevos que permitan rebatir teorías viejas. En el caso de la recogida de datos de telefonía móvil, ¿cuál de las disciplinas científicas "tradicionales" se ve afectada? Este es un claro ejemplo de problema interdisciplinario (sociológico, geográfico, técnico, etc.) en el que los comportamientos individuales dan lugar a comportamientos colectivos emergentes. Este tipo de sistemas son los que estudia la nueva ciencia de la complejidad.

Este tipo de sistemas han sido objeto de algunas investigaciones recientes. En particular, un grupo de investigadores del Center for Complex Network Research de la Northeastern University en Boston (Estados Unidos) ha publicado un trabajo donde se analizan las trayectorias de 100.000 usuarios anónimos de telefonía móvil en un período de seis meses.

Uno de los principales resultados del estudio es el grado de regularidad tanto espacial como temporal de los individuos. Cada individuo se caracteriza por una distancia recorrida que es independiente del tiempo y por una probabilidad alta de devolver a unas cuantas localizaciones visitadas frecuentemente. Para simular estos datos no sirven los modelos matemáticos sencillos que se utilizan normalmente, como que los que suponen que los usuarios siguen trayectorias completamente aleatorias e independientes. Así pues, conocer estos patrones de desplazamiento es, como decíamos, importante.

Según estos patrones de desplazamiento, las conexiones inalámbricas entre los teléfonos móviles (bluetooth, wifi) se pueden utilizar para la propagación viral de noticias, el estado del tráfico, accidentes, o medidas muy localizadas de contaminación acústica. Por otra parte, las desviaciones respecto a los patrones estadísticos (sea a nivel individual o a nivel colectivo) permitirían determinar en tiempo real cambios que afectarían a toda la comunidad, como la propagación de enfermedades.

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