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Josep Maria Cortés

Josep Maria Cortés

Periodista económico

La debilidad del euro

18 de febrero de 2010


Foto: Dutch Open Source
España, Grecia y Portugal  encarnan hoy la Florida de Europa. Presentan el mismo desbarajuste en sus cuentas públicas tras el estallido inmobiliario y financiero y la quiebra de su clima cálido sobre el cual se asientan millones de turistas. Sus playas se han convertido ahora en cabezas de puente para los ataques de hedge funds y fondos soberanos de países productores de petróleo. Los gestores de estas instituciones representativas de la gran inversión han cambiado las villas italianas de la Toscana por mansiones en la Costa Brava y Mallorca. Operan como francotiradores y ejecutan sus órdenes de compra o venta de activos desde sus cuarteles generales de la City de Londres. George Soros (Quantum), Warren Buffet (Hataway), Rowe Price (Fidelity), Fisher, Salater o Linch representan grandes sumas de dinero que entran o salen de los mercados de divisas y de las plazas de acciones y obligaciones al contado.

El oleaje de ventas de bonos del Estado de Grecia ha puesto al descubierto la ingeniería financiera mediante la cual las élites de Atenas han distraído su enorme pasivo. La deuda pública griega, titulizada por Goldman Sachs y JP Morgan, se ha extendido como  un brote de malaria por todas las plazas financieras del planeta. Devolverla resulta imposible. Olvidarse de ella es la única salida ofrecida por Bruselas, que estaría dispuesta a hacer la vista gorda a cambio de un ejercicio de contención de gasto por parte del Gobierno griego.

Los inversores planetarios atacan la cadena del euro en su maillon faible (eslabón débil). Venden en los mercados secundarios activos emitidos por el Tesoro de Grecia y desparraman sus órdenes de salida a todos los rincones por los que circulan las letras titulizadas y garantizadas por el Estado. El riesgo es demasiado alto. Y sólo queda una salida: bancarrota. El siguiente será Portugal, y la traca final se reserva para España. Se trata de un mecanismo paralelo al que en su momento acabó con las devaluaciones de la libra esterlina, la lira italiana y la peseta.

El continente funcionaba entonces a través de la llamada ‘serpiente monetaria’: las divisas alineadas en sus exactos valores. Cuando cayeron los precios de los activos en libras, Inglaterra devaluó y, la misma semana, España hizo lo mismo. La devaluación es una forma de estabilización. Y ahora, ante la imposibilidad de devaluar el euro, sólo nos queda la estabilización, que el Banco de España ha empezado a realizar: en una circular muy reciente indicaba a los bancos que redujeran el precio de sus carteras de viviendas en un 20%.

La UE jamás aceptará la reversibilidad de la moneda común europea Estabilizar significa alinear los precios de los bienes y servicios en su valor actual. Si no tenemos la moneda nacional para devaluar, podemos reducir los precios de referencia en el porcentaje adecuado (ahora es, de nuevo, un 20%).  El Gobierno podría alinear estos precios en mercados regulares, como el de la tarifa eléctrica, los intereses bancarios (que dependen del Euribor, aunque no lo cumplen) o en el canon del agua, entre otros… En gran medida, la estabilización depende del sector privado: los precios han subido un 35% de media en los últimos 10 años, frente a la subida de Alemania (un 22%). Ahora, la competitividad española está por los suelos, no por falta de calidad de los productos, sino por su alto precio. La caída de las exportaciones está a punto de anunciarse. Así, en 2010 el comercio exterior no será la tabla de salvación.

La falta de disciplina fiscal no es la única, ni la principal, fuente de problemas de Europa, ni siquiera en sus dulces Floridas (Grecia, España y Portugal). La irresponsable contabilidad creativa de Grecia tiene solución, pero los ataques al euro no vienen de ahí (es la primera crisis de la moneda, 11 años después de  su implantación) se derivan de un statu quo inamovible de Bruselas. La Unión Europea quiere diseccionar las cuentas de Grecia, España y Portugal para conocer el origen del mal (más allá del estallido inmobiliario), mientras que a Estados Unidos le encantaría que el Banco Central Europeo le mostrara su radiografía.

Para el Nobel de Economía, Paul Krugman, el ‘eurocaos’ es fruto de la tozudez de las élites europeas. Bruselas responde: Ni Junker, que preside la Comisión del Euro, ni el consejo de ministros de Economía de la UE, el llamado Ecofin, aceptarán jamás una petición, de tintes anglosajones, que se va agrandando: la reversibilidad de la moneda común europea.

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