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M.A. Rodríguez i Arias

Investigador del Institut Català de Ciències del Clima

Los números mágicos del cambio climático

9 de diciembre de 2009


Foto: 350.org
Los humanos tenemos una cierta fascinación por aquello que lo resume todo en un santiamén. Nos gustan las citas cortas y punzantes, los iconos culturales, las imágenes que definen una marca o las fotografías de impacto. Cuando se trata de ciencia, nos atraen las ecuaciones cortas que explican el universo o las hipótesis que dan acogida a todas las observaciones. Y también nos gustan los números, las cifras, que, de repente, emergen del infinito océano numérico cuando adquieren un significado que va más allá de las matemáticas.

En el debate social sobre el cambio climático han aparecido dos de estos números, el 350 y el 450. Juntos sintetizan los dos grandes argumentos que, en este momento, se debaten sobre cómo enfrentarse al cambio climático. Lo más paradójico de estas cifras es que, ni representan una constante de la naturaleza, ni son el resultado de un descubrimiento revolucionario sobre algún aspecto de la realidad. Son sólo dos valores redondos que, de forma fortuita, se han convertido en la síntesis de dos posiciones enfrentadas.

En concreto, representan la cifra de concentración atmosférica global y estable de CO2, en partes por millón (ppm), que la sociedad debería alcanzar tan pronto como sea posible para minimizar el impacto del cambio climático.
En la actualidad, la concentración global de este gas en la atmósfera es de 387 ppm, y se prevé que, si las emisiones siguen como hasta ahora, podríamos sobrepasar las 750 ppm antes de que acabe el siglo. Por tanto, ambas opciones de estabilización, 350 ppm y 450 ppm, plantean una drástica reducción de las emisiones. Sin embargo, ambas esconden una percepción muy diferente de cuál es el riesgo asociado al cambio climático y cuáles son las acciones y las políticas que deben desarrollarse.

450, ligado a los 2º

El valor de 450 ppm surgió entre los resultados del último informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, de Intergovernmental Panel on Climate Change), publicado en 2007. En este cuarto informe, el IPCC analizaba el cambio de temperatura y el impacto climático asociado a diferentes escenarios de estabilización de las concentraciones atmosféricas de CO2 (450, 550, 650, 750, etc.). La cifra de 450 ppm se ligó a otra cifra, la de 2º C, el aumento de temperatura más probable asociado a este escenario de estabilización.

Según los expertos del tercer grupo del IPCC, este calentamiento de 2º C correspondería a un nivel de impacto y de costes de adaptación asumibles por la humanidad. Así pues, la cifra fue elegida rápidamente como referente, de cara a las negociaciones internacionales. La cifra de 450 ppm será, de hecho, la cifra clave en la próxima reunión del COP15 en Copenhague. Allí se debatirá cómo lograr este escenario de estabilización alrededor del año 2050. Será necesario que las emisiones globales se reduzcan a mediados de siglo entre un 50% y un 80% respecto a los valores del año 2000. Esta meta no es nada fácil, porque implica nivelar, hacia el año 2020, las emisiones con las de comienzos de siglo; este objetivo sólo puede conseguirse si se empiezan a reducir las emisiones en los próximos dos o tres años.

Seguridad absoluta

La historia del 350 es más curiosa. En 2008, James Hansen, el climatólogo norteamericano que se hizo famoso por sus 'discrepancias' con la administración Bush, utilizó reconstrucciones paleoclimáticas para llegar a la conclusión de que nuestro sistema climático puede sufrir cambios muy fuertes cuando la concentración atmosférica de CO2 se encuentra alrededor de 450 ppm. Los investigadores también calcularon que 'alrededor' significaba una incertidumbre de más/menos 100 ppm. Así, si había que definir un nivel de seguridad absoluto, éste sería de 350 ppm.

El sistema climático incluye fenómenos cuyos cambios pueden verse aceleradosPara los científicos, el trabajo de Hansen apoyaba muchas de las conclusiones estremecedoras que se habían publicado durante los últimos años, sobre la posibilidad de un cambio climático abrupto. El sistema climático incluye fenómenos el cambio de los cuales puede verse acelerado, porque su dinámica no es lineal o porque están ligados a bucles de retroalimentación positiva. Uno de los más conocidos es la posible fusión del manto de hielo que recubre Groenlandia y algunas zonas de la zona Antártica. El proceso aún no se ha descontrolado, pero la subida de las temperaturas podría acelerar y provocar la desaparición de estos mantos de hielo. Este hecho aumentaría, de forma repentina, en más de dos metros el nivel del mar.

Otros fenómenos bien conocidos son la fusión y la oxidación del permafrost cargado de materia orgánica, debido al calentamiento de las zonas boreales, que provoca la liberación de enormes cantidades de CO2; la desertificación de la región Amazónica, que liberaría CO2 y ya no captaría; o la liberación del metano de los clatratos (compuestos cristalinos en algas muy frías, que se crean por la combinación de moléculas de gas y de agua) que se han encontrado al pie del talud continental del Océano Ártico, por el calentamiento de las aguas profundas.

La posibilidad de un cambio climático abrupto había quedado siempre fuera de las predicciones de los informes del IPCC, por motivos técnicos (aún no es posible introducirlo de forma verosímil en modelos climáticos) y porque el consenso científico no es tan fuerte como en otras cuestiones. El trabajo de Hansen y colegas dio mucha fuerza a los que consideran que las conclusiones del IPCC son demasiado moderadas y conservadoras. Bajo esta perspectiva, la concentración atmosférica actual de CO2 nos sitúa ya en la zona de riesgo de cambio climático abrupto. Cuanto más suban las concentraciones, más probable será que ocurra alguno de los fenómenos mencionados. Hay un movimiento social organizado alrededor de esta idea, y su presencia es cada vez más importante.

En Copenhague, la cifra estrella será la de 450. Llegar a algún acuerdo que posibilite la estabilización de las concentraciones en este valor dentro de los próximos 40 años será francamente difícil, a pesar de los esfuerzos de Barack Obama para convencer a los chinos y apaciguar las quejas de los países menos desarrollados. Mientras, una marea creciente de voces que pide precaución y alerta de que no se están teniendo en cuenta todos los riesgos, llama a otro número, el 350. Esta segunda cifra crece, poco a poco, para tratar de hacer posible lo imposible: que 350 sea mayor que 450.

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