La capacidad de manipular la vida, en el sentido más biológico del término, parece restringida a la imaginación. Al menos en teoría. La ingeniería genética, junto a todas las disciplinas que la complementan o sobre las que tiene aplicación, apunta a algo así como un lego viviente para cuya construcción no se están escatimando esfuerzos económicos. Según informes recientes, hacia ahí se dirige el futuro.
Xavier Pujol Gebellí | 22 de abril de 2010