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Genética

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Los genes de la amistad

Cuando nos juntamos a alguien o nos integramos en un grupo es porque existe algún tipo de afinidad. Y, por lo que parece, podría estar mediada por la acción de los genes, según sugiere un estudio publicado en la revista 'PNAS' por científicos de la Universidad de California en San Diego

XAVIER PUJOL GEBELLÍ | 21 DE ENERO DE 2011


Los estudios relativos al comportamiento social de las especies animales andan todavía en pañales en cuanto a si los genes median o no ante determinadas actitudes o intereses específicos. Sin embargo, empiezan a conocerse evidencias, aunque no son pocos los autores que prefieren denominarlas coincidencias, que ponen de manifiesto la existencia de genes comunes en grupos o comportamientos. La última de ellas, publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), revela la coincidencia del gen DRD2 en grupos de amigos.

¿Sugiere este hallazgo que cuando sentimos afinidad por alguien es por qué de algún modo percibimos la presencia de este gen en la otra persona? Podría ser eso o cualquier otra cosa, resume James Fowler, primer autor del artículo, para quien la biología de las redes sociales constituye un campo aún por descubrir. “Nuestra capacidad para hacer amigos y mantener la amistad a lo largo del tiempo es algo que nos define como humanos”, explica, por lo que “es probable” que exista en nuestro código genético alguna secuencia que explique este fenómeno.

Sobre el origen de una red social

Desde un punto de vista sociológico o incluso psicológico, la formación de un grupo parece bien definida. Aficiones comunes, una cierta afinidad, intereses u objetivos en el corto o largo plazo, coincidencia en el tiempo y en el espacio, son factores que explican cómo y por qué se cohesiona un grupo.

Las nuevas tecnologías de la información añaden igualmente un nuevo factor de cohesión, puesto que sacan a la luz elementos que pueden resultar atractivos o coincidentes entre individuos que tal vez no se habrían conocido jamás sin el factor publicitario que ofrecen distintas herramientas en internet. El mecanismo no deja de ser una amplificación de la formación clásica de una red social.

El gen CYP2A6 se asocia a personas de mente abierta y el DRD2 al consumo de alcoholLa pregunta es, no obstante, si existe alguna explicación biológica que apoye la formación de un grupo o de una red social. De acuerdo con el estudio de Fowler, podría ser posible. En su investigación de distintas cohortes, halló que el gen DRD2 estaba presente en grupos de amigos que presentaban gran afinidad. El resultado, lejos de causar sorpresa, vino a corroborar un hecho ya conocido, puesto que este mismo gen está ligado a una propensión al consumo de alcohol y parece estar en la raíz del fenómeno adictivo. “Entre los grandes consumidores de alcohol es conocida su habilidad para entablar relaciones o integrarse en grupos”, señala Fowler. El hallazgo, dice, amplía la visión de la relación entre afines.

Otro gen, el CYP2A6, parece dar sustento a la teoría de que los genes también condicionan el comportamiento social. El gen en cuestión se asocia habitualmente a las personas de “mente abierta”, y lo que se ha visto es que tienden a relacionarse con personas que carecen del mismo. Según Fowler, esta correlación negativa reflejaría “de modo inconsciente” la búsqueda de personas “genéticamente distintas”. Es decir, sería el caso inverso al del gen DRD2.

Salud y reproducción

Ambos genes, en opinión de Fowler, podrían indicar aspectos que van mucho más allá de la determinación de afinidades o diferencias. Podrían señalar, por ejemplo, a grupos de personas cuyos antepasados formaron parte de una población específica o incluso de una misma familia, lo cual explicaría la predisposición a relacionarse bien para amistad o bien con fines reproductivos.

Los genes señalan la predisposición y la influencia del entorno se encarga del restoEn este contexto, el caso inverso determinaría una estrategia para incrementar la variabilidad genética de la descendencia, un aspecto que parece probado en individuos que, de forma inconsciente, seleccionan parejas con sistemas inmunes que responden de distinta forma con el objetivo de asegurar la salud de los descendientes.

En cuanto a la biología del comportamiento, los dos genes ahora identificados no son más que “primeras piedras aún inconexas” de lo que presumiblemente está escrito en el código genético. “Hay múltiples factores, algunos muy sutiles, que condicionan el comportamiento”, concluye Fowler. Muy probablemente, los que ahora se han encontrado, junto con otros asociados a conductas adictivas o violentas, no hacen otra cosa que señalar predisposición. La influencia del entorno se encargaría entonces del resto.

ABEJAS SOCIALES GRACIAS A UN GEN
La vitelogenina, gen implicado en la producción de huevos de muchos animales, incluidos los insectos, parece determinar de forma clara el comportamiento social de las abejas. Por lo que se ha podido determinar, este gen juega un rol central en la tendencia natural de las abejas a alimentar crías, en la especialización de grupos de ellas en esta misma tarea, y en su longevidad. Todos ellos son elementos ligados a los mecanismos de socialización en el panal. Estudios posteriores están tratando de verificar si existe alguna equivalencia con otros grupos de animales sociales.
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