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La vida secreta de los contaminantes

Los compuestos orgánicos persistentes son una amenaza invisible pero real. Están presentes en los alimentos y en muchos productos de consumo, y de ahí pasan al ambiente y al organismo humano, donde se acumulan con la edad. Muchos mimetizan a las hormonas y contribuyen a una parte importante de las enfermedades crónicas

GONZALO CASINO | 10 DE ENERO DE 2011


Prácticamente toda la población mundial está intoxicada por niveles
más o menos altos de dioxinas, furanos, DDT y otros contaminantes


La lista de contaminantes ambientales peligrosos para la salud humana no para de ampliarse y de hacerse más negra y amenazante. La contaminación interna por los compuestos orgánicos persistentes (COP en español, POP en ingles, por polluted organic persistent) representa un riesgo real para la salud, según destacan y confirman los expertos, frente al cual es muy difícil tomar medidas protectoras individuales. A estas alturas del desarrollo industrial, prácticamente toda la población mundial está intoxicada por niveles más o menos altos de dioxinas, furanos, DDT y otros contaminantes, aunque en la mayoría de países no hay datos que precisen el grado de contaminación.

De las aproximadamente 100.000 sustancias químicas creadas por el hombre, muchas de ellas son sospechosas de contribuir a causar algunas de las enfermedades más prevalentes y que afectan sobre todo a las personas mayores, desde la diabetes al cáncer. Estas sustancias están presentes en los alimentos, en los más variados objetos de consumo y en el ambiente, por lo que es prácticamente imposible ponerse a salvo de ellas. El grupo de los COP es especialmente peligroso porque son sustancias volátiles, que se difunden muy fácilmente, se acumulan en el organismo y se transmiten de madres a hijos.
Análisis de contaminantes

Los análisis de contaminantes en sangre materna son muy reveladores. Ofrecen, por un lado, información directa de la exposición a la que están expuestos los lactantes y, por otro, información indirecta de la exposición de la madre durante el embarazo. Uno de los últimos compuestos químicos detectados de forma generalizada en la leche materna han sido los filtros ultravioletas que contienen los protectores solares y muchos cosméticos.

Un análisis publicado en la revista Chemosphere de noviembre de 2010 ha revelado que los filtros solares están presentes en el 85% de las muestras de leche materna analizadas en tres cohortes de mujeres que dieron a luz en un hospital de Basilea (Suiza) en primavera y otoño de los años 2004, 2005 y 2006. Esta investigación, en la que se analizó la presencia de 89 sustancias contaminantes (entre ellas, pesticidas, retardadores de la ignición, PCB, fragancias sintéticas y otros COP), pasa por ser la primera que pone de relieve la amplia expansión  de los filtros ultravioletas en el organismo humano.

El censo de compuestos orgánicos persistentes (COP) supera ya la cifra de 800Aunque es muy complejo demostrar taxativamente que los COP causan cáncer, enfermedades neurodegenerativas y otras dolencias crónicas, se ha comprobado que muchos de estos contaminantes interactúan con las hormonas humanas, alterando el sistema endocrino. El censo de estos disruptores endocrinos, como se denominan estos contaminantes capaces de mimetizar las hormonas, supera ya la cifra de 800. Su efecto es acumulativo y a largo plazo, y un problema añadido para estudiar su peligrosidad es que pueden actuar de forma concertada.

Población en riesgo

Ante este enemigo invisible, lo primero que hace falta es conocer el nivel real de contaminación de la población. Pero muy pocos países tienen datos sobre contaminantes en la población general para valorar su influencia en la salud. En el caso de España, sólo había un estudio en Canarias, al que se ha añadido el año pasado un informe del Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña sobre los niveles de COP en sangre en una muestra de 919 personas.

Esta investigación, coordinada por Miquel Porta, catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, revela de entrada que todas las personas analizadas presentan contaminantes en su sangre, al menos de 3 de los 19 compuestos analizados. El estudio confirma, además, que el nivel de contaminación aumenta con la edad, como era previsible. Asimismo, muestra que las personas con sobrepeso tienen niveles de COP más elevados, ya que estos compuestos tóxicos se acumulan sobre todo en el tejido graso.

Los niveles de COP son más elevados en personas con sobrepeso y en las de mayor edad Una de las pocas vías individuales para prevenir esta contaminación interna es, por tanto, evitar el sobrepeso y el consumo excesivo de grasas. La acción pública pasa por hacer un seguimiento de estos niveles de contaminación en la población general.  En cualquier caso, los datos de este tipo de estudios reflejan la exposición de la población a contaminantes hace décadas.

Muchas de las sustancias tóxicas que se siguen detectando en la sangre están ya prohibidas, como es el caso del DDT y otros pesticidas. El Convenio de Estocolmo, firmado en el marco de la ONU en 2001 y suscrito por la Unión Europea en 2005, prevé la eliminación o reducción de los compuestos tóxicos persistentes más peligrosos. Pero queda mucho por hacer en cuanto a concienciación social, a investigación para determinar los efectos reales sobe la salud y a vigilancia y control por parte de las autoridades.

RETARDADORES DE LA IGNICIÓN
Uno de los grupos de compuestos químicos que más recelos suscita son los retardadores de la ignición, desarrollados por la industria para prevenir la propagación del fuego y que están presentes en alfombras, colchones, televisores, automóviles y muchos otros productos. En el 30 International Symposium on Halogenated Persistent Organic Pollutants, celebrado en octubre de 2010 en San Antonio (EE.UU.), más de 150 científicos de 22 países firmaron una declaración que refleja su preocupación sobre la toxicidad y eficacia de estos retardadores de la ignición, muchos de los cuales han demostrado ser ineficaces para prevenir la expansión de las llamas y presentan ya unos niveles alarmantes en el organismo humano y en el ambiente.
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