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La crisis golpea a la gran ciencia europea

La gran ciencia europea corre un serio riesgo de parón técnico cuyas consecuencias serían ahora mismo imprevisibles. Según desvela la revista Nature, distintas instalaciones paneuropeas, todas ellas sufragadas a partir de las aportaciones de los Estados miembro de la Unión Europea, podrían verse afectadas por las restricciones económicas causadas por la crisis financiera global.

XAVIER PUJOL GEBELLÍ | 8 DE SEPTIEMBRE DE 2010


Europa se enfrenta a una difícil disyuntiva. Los recortes presupuestarios a los que se ven obligados a someter sus economías los distintos Estados miembro de la Unión Europea (UE), en particular los destinados a contener el déficit público, amenazan con poner patas arriba algunas de las grandes organizaciones e instalaciones científicas. El gran colisionador de hadrones del CERN (LHC), en Suiza, el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en Heidelberg, el Gran Telescopio Austral, en Chile, o el gran sincrotrón de Grenoble (ESRF), están ahora mismo en el ojo del huracán por unas restricciones que podrían mermar significativamente su capacidad operativa.

Éstas y otras grandes instalaciones cubren habitualmente sus presupuestos mediante aportaciones que se negocian entre todos los países que forman la UE. Así mismo, lo normal es que las aportaciones tengan carácter plurianual, con contratos que se extienden de cinco a siete años. Pero, por lo que parece, no todos los países que tenían comprometidas las partidas pactadas están ahora mismo por la labor. Según desvela la revista Nature, algunos países han pedido aplazar la anualidad que le corresponde y algunos, incluso, parecen estar replanteándose su continuidad ante unas dificultades financieras que se extienden más allá de lo puramente coyuntural.

Cambio de escenario

Hasta la fecha, el modus operandi de estas instituciones dependía de laboriosas negociaciones multilaterales para decidir cuánto aportaba cada parte y qué beneficio obtenía cada país contribuyente. Hasta ahora, se ha mantenido una cierta proporcionalidad que podía modificarse mediante acuerdos extra de colaboración de acuerdo con la titularidad de los proyectos a desarrollar.

La estabilidad presupuestaria, así como la productiva, quedaba asegurada gracias al establecimiento de órganos independientes de gestión integrados por científicos y burócratas designados por cada país. Estos mecanismos han aportado “seguridad y estabilidad” a lo largo de los años con independencia de los vaivenes políticos o económicos de cada país, explica una fuente cercana al CERN que está participando en las negociaciones para su próximo programa plurianual.

El impacto de la crisis económica, sin embargo, se está dejando notar en ésta y otras negociaciones en curso. Según esta misma fuente, que prefiere mantener el anonimato, no está nada claro que para 2011 se puedan cumplir las expectativas para el mantenimiento de las instalaciones y mucho menos para acometer alguno de los grandes proyectos de investigación que se llevan a cabo en ellas.

No está claro que en el 2011 se puedan cumplir las expectativas para el mantenimiento de las instalacionesEstos últimos días, representantes de los 20 países que contribuyen a la financiación del CERN se han reunido en Ginebra para evaluar cómo mantener el gran acelerador de partículas de Ginebra durante los próximos cinco años evitando que la actual crisis no comprometa su futuro. El programa del CERN es quinquenal, y justamente ahora es cuando toca decidir el próximo quinquenio, presupuestado ya la pasada primavera. Eso mismo va a suceder con otras instituciones a lo largo de este próximo año.

Resistencia británica

Los países que habitualmente más contribuyen a la financiación de los grandes equipamientos panaeuropeos son Alemania, Francia y Gran Bretaña, por lo común por este orden. Mientras que los dos primeros parecen dispuestos a mantener sus aportaciones e incluso reclaman mayores dotaciones para acometer proyectos de mayor envergadura, Gran Bretaña se está mostrando renuente. Pero no sólo a planes de ampliación sino incluso al mantenimiento en las actuales condiciones.

Hace unos pocos meses, el pasado mes de junio, la delegación británica para el CERN planteó hasta tres escenarios de recorte entre las que se incluían una disminución de un 10% de su factura o la congelación de algunos proyectos que debían iniciarse en 2011. En el debate, llegó a plantear la realización de “operaciones mínimas”.

Detrás de estas propuestas se esconde la grave situación económica que atraviesa el país, forzado a reducir su déficit público. La fórmula escogida por el gobierno británico pasa por una reducción drástica de la inversión en propuestas cuyos resultados no se esperen hasta el medio o largo plazo, aún a sabiendas que un recorte hoy podría deparar pérdida de competitividad para mañana.

La posición británica se ha hecho extensiva, además de al CERN, al ESFR de Grenoble y a la Agencia Europea del Espacio (AEE). Para el gran sincrotrón europeo, embarcado en un delicado proceso de renovación en un programa de siete años y 100 millones de euros, las renuencias británicas suponen un duro golpe, según han confirmado portavoces de la institución. En lo que respecta a la ESA, su diseño de operaciones a largo plazo, con compromisos ya alcanzados con todos los países socios, parece que no se vería afectado en demasía.

PAÍSES EN DIFICULTADES

No sólo Gran Bretaña ha mostrado su rechazo a aprobar las cuentas de los grandes equipamientos europeos en este momento. De forma no oficial, parece ser que Italia y España han expresado también sus dudas en poder mantener los compromisos. De ser ciertos los rumores, el EMBL y el Observatorio Austral Europeo, que debe iniciar la construcción de su extremadamente gran telescopio en Chile, serían las instituciones más afectadas, además del CERN. Se escaparían la ESA y la futura Fuente Europea de Espalación, que debe iniciar su construcción en Suecia. El ITER, pese a ser un consorcio mundial, también podría verse afectado, aunque se cuenta con la fortaleza de Estados Unidos y Japón. Quien no se vería afectado, al menos de momento, es el Consejo Europeo de Investigación, cuyos fondos están garantizados por el VII Programa Marco.

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