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Ciencia para presidentes

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Educació

Disminuir Aumentar

Modernizar la universidad

Renovarse o, como reza el dicho, morir en el intento. La Universidad española, apremiada por la construcción del espacio común de Educación Superior, se ve abocada a importantes reformas, algunas de ellas de carácter estructural. La docencia, establecidos los criterios en el proceso de Bolonia, ha empezado ya su singladura, no exenta de polémica, con unos recursos que no pocos han calificado de exigüos y con las dificultades propias de todo proceso de cambio. Pero en una universidad moderna que aspira a ser competitiva caben otras competencias que van más allá de su papel cohesionador, social y territorial. La investigación y la innovación, en términos de transferencia de conocimiento, son retos que Europa entiende "inexcusables".

Xavier Pujol Gebellí | 10 de junio de 2010


Ilustración: Nick Bygon
En el año 2000, Lisboa marcó un hito que tiene mucho que ver con el papel de la universidad y el llamado “triángulo del conocimiento” (educación, investigación e innovación). En una agenda firmada por jefes de Estado y de Gobierno, se acordó incrementar la media de inversión de los países miembro de la Unión Europea hasta el 3% con respecto a su producto interior bruto (PIB) en 2010. Ya en 2006 se advirtió que este objetivo se antojaba extraordinariamente dificultoso, al tiempo de que se alertaba de que ninguno de los indicadores previstos se estaba cumpliendo. Llegada la fecha, el fracaso de la Agenda de Lisboa está más que certificado y los llamados espacios comunes, en particular el de Educación Superior y el de Investigación, dos de sus pilares, siguen en proceso de construcción.

Recomposición de espacios

El establecimiento de grados en la Educación Superior, mecanismo definido por Bolonia, tiene la virtud de formalizar currículums homologables en todo su territorio de aplicación. Operar correctamente en este sentido obliga a destinar recursos para equiparar niveles de docencia al tiempo que, con toda probabilidad, priorizar, apostar en algunos casos por una cierta especialización y, obligatoriamente, revisar los mecanismos de accesos a las instituciones académicas, niveles de cobertura social y territorial, movilidad. Por último, es necesario plantear cómo alcanzar la excelencia.

España no va a ser ajena a estas cuestiones. Según Màrius Rubiralta, secretario general de Universidades en el Ministerio de Educación, una parte de este camino es el que ha empezado a recorrer la universidad española en los últimos años. “El diagnóstico es claro”, explica a Global Talent. “La universidad española no puede dilatar por más tiempo acometer su proceso de modernización y mejora”.

Si la pregunta es cómo, la respuesta podría ser “construyendo la pirámide”, Algo así como una estructura donde situar a las universidades españolas agrupadas de acuerdo con lo que podría denominarse su “función”. De este modo, aquellas que opten claramente por mantener un statu quo marcado por la internacionalización y la excelencia, tanto en el ámbito docente como en el investigador, ocuparían la cúspide de la pirámide, mientras que en la base se situarían aquellas que cumplen con una “función social”, adaptadas en dimensión y docencia al acceso del conocimiento y a la cohesión territorial. Poco más o menos, lo mismo que ocurre actualmente con los sistemas de salud, donde los hospitales clasifican su actividad y cobertura de acuerdo con niveles de referencia establecidos sin que por ello renuncien a la calidad asistencial.

“La universidad española no puede dilatar por más tiempo acometer su proceso de modernización y mejora”En lo que refiere a la investigación, la revisión del VII Programa Marco, que incluye la creación del Consejo Europeo de Investigación (ERC, de European Council Research), ha significado una importante apuesta por recuperar el concepto de excelencia vinculado a proyectos de investigación a desarrollar en universidades u otras instituciones europeas. En una reunión reciente celebrada en Barcelona, los dirigentes del ERC reclamaron un mayor énfasis de la burocracia europea en facilitar este tipo de actuaciones, al tiempo que un mayor peso presupuestario (ahora limitado a 7.500 millones de euros para siete años) en el futuro.

En el ámbito doméstico, la apuesta parece estar centrada en el concepto de agregación, toda vez se da como aceptada la priorización y la especialización. La idea surge como contrapunto al mecanismo introducido 10 años atrás, gracias al cual fue posible incorporar al sistema español mayor flexibilidad en la contratación de investigadores y mayor agilidad en la gestión de recursos. El fruto más evidente de dicho mecanismo fue el nacimiento de los institutos de excelencia, entidades con personalidad jurídica propia que se han nutrido de investigadores procedentes de la Universidad, de los OPI (principalmente el CSIC) o de programas específicos como los Ramón y Cajal o Torres Quevedo o, en Cataluña, a través del modelo ICREA. Las convocatorias del ERC completan una panoplia en la que no faltan las incorporaciones en forma de “grandes fichajes”.

Las instituciones generadas al amparo de esta política han demostrado su capacidad para competir en el ámbito internacional en ciencias de frontera con resultados que, en muchos casos, superan las expectativas. Sin embargo, su puesta en marcha ha significado una cierta descapitalización intelectual en el seno de las universidades con su consiguiente impacto negativo sobre los ránquines que califican la calidad de su producción.

LA PROBLEMÁTICA TRANSFERENCIAPocos son los modelos que en Europa se libran de una transferencia tecnológica deficiente y de resultados escasos comparados con Estados Unidos, Japón o el sureste asiático. Tradicionalmente, los países nórdicos y los anglosajones son los que mejores resultados obtienen en esta materia, seguidos de Alemania (gracias a la fuerte implantación de sus institutos tecnológicos y de grandes empresas multinacionales) y los polos de conocimiento franceses. En España se mantiene la apuesta por los parques científicos y tecnológicos, aunque con unos niveles de éxito desiguales.

En cualquier caso, la apuesta debe entenderse a largo plazo. La figura jurídica de los parques es la que está posibilitando generar estructuras mixtas entre grupos de investigación y empresas que ya ha dado frutos en forma de spin off y start-up.

En términos ideales, la universidad debería dar cabida a la entrada del sector privado en forma de laboratorios mixtos o cualquier otro tipo de iniciativa en esta línea. Sin embargo, la falta de un marco normativo claro, además de la particular estructura de la universidad española, no permiten esta aproximación. Un año atrás, en 2009, las protestas “anti-Bolonia” evidenciaron aún más este problema.

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