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La transición al coche eléctrico

España quiere liderar la transformación del sector automovilístico pero limita las expectativas al 1% de la flota para 2014

Todo el mundo habla maravillas del futuro coche eléctrico, pero la realidad es que ese futuro, que a buen seguro acabará arrancando, lleva un paso mucho más lento que el augurado. España, uno de los países que aspira a la pronta puesta en marcha de esta tecnología, acaba de presentar un plan de transformación del sector automovilístico con las expectativas claramente mermadas. Pese a los incentivos del Gobierno, nada hace presagiar que los coches eléctricos circulen con normalidad por las calles antes de 2015.

Xavier Pujol Gebellí | 8 de abril de 2010


Foto: David  Megginson
Todas las grandes compañías automovilísticas con aspiraciones de futuro han hecho ya su particular anuncio. Todas y cada una de ellas están ya prácticamente en disposición de lanzar al mercado sus primeras versiones de coche eléctrico. Todavía con reducida autonomía, en su mayor parte de escaso tamaño y prácticamente pensados para uso urbano (o de cercanías en sus versiones extendidas), pero ya con nombre y apellidos y fecha previsible de lanzamiento. Después será el mercado, junto a los incentivos que propongan en primer término los gobiernos, el que marque el nivel real de penetración (y, por consiguiente, de consolidación) de un mercado a todas luces emergente.

España, influenciada por la presidencia de turno de la Unión Europea, aspiraba a dar un golpe de efecto con medidas incentivadoras del mercado. Miguel Sebastián, ministro de Industria, lanzó hace poco la cifra del millón de vehículos eléctricos o híbridos circulando por calles y carreteras españolas para 2014. Esto hubiera supuesto una auténtica transformación del sector automovilístico español y, por añadidura, un efecto locomotora para el resto de países europeos. Pero el rastrillo de la realidad se ha acabado imponiendo y el Ejecutivo español, en un anuncio realizado con toda la pompa posible, ha reducido esa cifra a 250.000 vehículos siempre y cuando se obtenga la ayuda adecuada, que va a llegar en forma de un plan especial dotado con 590 millones de euros. Forman parte del paquete de medidas aprobadas por el gobierno español la instalación de 300.000 puntos de recarga, la instauración de una tarifa valle para la recarga y una subvención que puede alcanzar hasta los 6.000 euros por vehículo adquirido.

Motor de cambio

Los próximos años serán el escenario de una explosión de aplicaciones en los ámbitos de la microelectrónica y la informática de a bordo El peso del sector de la automoción en las culturas industrializadas, junto con el de todas las industrias auxiliares que lleva asociadas, continúa siendo enorme. Tanto que, tras la crisis financiera que explotó en 2009 y de la que todavía se padecen las secuelas, los países líderes, con Estados Unidos, Japón y Alemania a la cabeza, redactaron planes específicos de recuperación tomando al coche eléctrico como uno de los motores del cambio. La llegada de Barack Obama a la presidencia estadounidense y las recomendaciones de Steven Chu, su secretario de Estado de Energía, marcaron los primeros pasos a seguir. Las fechas no están fijadas, pero sí las etapas a cumplir. Del coche eléctrico, ahora lastrado por sus enormes limitaciones (su alto precio entre ellas) se espera algo así como una revolución que no es unidireccional. La innovación, condicionada por la capacidad de aportar conocimientos fundamentales, y sobre todo por la intensidad de desarrollo tecnológico, va a ser determinante.

Su combustible, la electricidad, aparece como el gran elemento central. No ocurre lo mismo con otro de los elementos clave, las baterías. Hoy por hoy, las más extendidas son las de litio, equivalentes a las que llevan los ordenadores portátiles y los teléfonos móviles. Sin embargo, son muchos los expertos que consideran que van a utilizarse durante un lapso de tiempo breve, el suficiente como para que aparezca una nueva tecnología que las substituya. Muy probablemente, como apuntan algunos expertos, el futuro podría pasar por la tecnología del hidrógeno, pero no se espera ninguna aplicación clara en términos pre-comerciales para antes de 2020. Así que, como mucho, es de suponer que durante el próximo decenio aparezcan nuevas generaciones de baterías, mucho más potentes, de menor tamaño y de mucho mayor rendimiento y capacidad de recarga.

Junto a este desarrollo, los próximos años van a ser escenario de una explosión de aplicaciones en los ámbitos de la microelectrónica y la informática de a bordo, además de múltiples aproximaciones a nuevos materiales. Las razones son obvias: hay que reinventar el vehículo y sus componentes, en especial la circuitería interna y su control. En paralelo, habrá que pensar en cómo ganar autonomía, hoy limitada a los 130 kilómetros, aunque con anuncios de superar los 500 con el uso de motores híbridos a descartar en un futuro. La aerodinámica, los materiales a emplear y el peso son algunos de los condicionantes a los que se enfrentan todos los fabricantes.

A todo ello hay que sumar el repostaje. Aunque la previsión es que la recarga se podrá realizar en puntos instalados en postes callejeros, estaciones de servicio y, obviamente, en los domicilios particulares, hoy por hoy el tiempo de una recarga completa es de seis a ocho horas. Algunos modelos de baterías ya prevén un tipo de carga rápida de hasta un 80% del total en poco más de media hora. Pese a ello, estos tiempos se consideran excesivos en comparación con los actuales y constituyen un aspecto limitante a día de hoy.

Más y mejor electricidad

Los factores limitantes son una realidad incontestable aquí y en todo el mundo. Esto obliga a pensar en un cambio mucho más gradual de lo previsto, pero igualmente inevitable. Detrás de la transformación del sector automovilístico se esconde un intento de cambio de modelo energético (la movilidad supone entre el 60% y el 80% del consumo de combustibles fósiles, según la fuente que se consulte). Lo que se pretende, al amparo de un mayor respeto ambiental y un freno a las emisiones de CO2, es un cambio de fuente energética, con las múltiples consecuencias que eso va a acarrear. En unos años, el objetivo va a ser producir más y más electricidad y hacerlo de forma más limpia y eficiente. El cómo va a ser fundamental. De ahí el resurgir del interés por la energía nuclear de nueva generación o por un mayor aprovechamiento de las fuentes renovables.

En paralelo, la ingeniería de las redes de distribución también está en juego. Está aún en sus inicios el desarrollo de las llamadas redes inteligentes, con multitud de puntos interconectados que no van a ser meros consumidores de electricidad sino también pequeños productores en muchos casos. Esto será clave para asegurar el éxito de la transformación. En conjunto, aunque no sea una revolución en sentido estricto, sí que aporta muchísimas pistas para una transformación de modelo económico y social.

EXPECTATIVAS MERMADAS Las previsiones del gobierno español, aún con incentivos, se limitan a la circulación de unos 20.000 vehículos para 2011, 50.000 para 2013 y 250.000 para 2014. Aunque se trata de cifras modestas, muchos ven en estas cifras unas expectativas muy por encima de lo esperable. De acuerdo con el Plan Integral del Coche Eléctrico, presentado recientemente por el Ministerio de Industria, tan sólo una de cada diez empresas españolas prevé incorporar un coche eléctrico a su flota en los próximos tres años. Según el estudio, aunque los incentivos fiscales están bien valorados (el 74% considera que se trata de un argumento de peso a la hora de decidir), la escasa autonomía y las limitaciones en el uso y la disponibilidad de la infraestructura de recarga son un factor disuasorio en extremo.

Comentarios

       
1 comentario

azzedine 10/11/2010
jo crec que els cotxes electrics esta molt perque aixi no contaminem mes la terra. crec per aixo san inventat

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