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La visión cósmica europea

La ESA selecciona sus nuevos programas espaciales, con la materia oscura y planetas como la Tierra por objetivo

La Agencia Europea del Espacio (ESA) sigue apostando por la planificación a medio plazo y la estabilidad presupuestaria de su programa científico. Visión Cósmica, como se ha bautizado el nuevo escenario previsto para el decenio 2015-2025, tiene como objetivo investigar planetas como la Tierra, analizar la materia oscura presente en el Universo o acercarse al Sol.

Alicia Rivera | 6 de abril de 2010


Foto: Lucianomendez
Pese a que ahora está haciendo un papel más que digno con su módulo Columbus y su carguero ATV, Europa siempre ha sido un socio menor en el programa de la Estación Espacial Internacional (ISS), frente a Estados Unidos y Rusia. Sin embargo, la Agencia Europea del Espacio (ESA) es una auténtica potencia en el programa científico. Desde hace años diseña, construye y utiliza telescopios avanzados que compiten, y a menudo superan, a los de la NASA; y en la exploración planetaria desarrolla misiones de indudable vanguardia, como la histórica Huygens, que descendió en la superficie de Titán (una luna de Saturno) o Rosetta, que viaja actualmente hacia un cometa. El truco, sin tener nunca unos recursos económicos abundantes, es la estabilidad de la planificación a largo plazo.

Ahora, cuando ya se han cumplido o están en desarrollo las últimas misiones de los planes científicos estratégicos del siglo pasado (Horizonte 2000 y Horizonte 2000 Plus), la ESA prepara los artefactos científicos de su nuevo escenario Visión Cósmica para el decenio 2015-2025. La materia oscura, los planetas extrasolares similares a la Tierra y el Sol son los objetivos de las tres misiones seleccionadas por el Comité del Programa Científico para iniciar la fase de definición. Sólo dos de ellas recibirán luz verde para salir al espacio a partir de 2017.

Tres misiones preseleccionadas

Sólo dos de las misiones seleccionadas recibirán luz verde para salir al espacio a partir de 2017Euclid, la primera misión seleccionada, tiene como objetivo obtener un mapa de la distribución de las galaxias en el Universo para desvelar su arquitectura oscura, es decir, para avanzar en el conocimiento de la misteriosa materia oscura y de la mucho más enigmática energía oscura, que dominan el cosmos. Las medidas más precisas realizadas hasta ahora indican que sólo el 5% de todo lo que existe es materia corriente; el 23% es materia oscura, que no brilla, pero cuya presencia se hace sentir gravitacionalmente; y el resto, el 72%, es algo llamado energía oscura, responsable de la aceleración observada de la expansión del Universo. Euclid es la suma de dos misiones propuestas (Dune y Space), cuyos objetivos y tecnologías compatibles han convergido en una sola.

PLATO se ha proyectado para medir la frecuencia de sistemas planetarios en la población estelar, incluyendo la investigación de hipotéticos planetas similares a la Tierra (los que orbitan en la llamada ‘zona habitable’ de su estrella). Hasta ahora, los varios centenares de cuerpos detectados alrededor de otros astros, o están demasiado cerca de éstos, o son demasiado grandes. Además, esta misión estudiaría el interior de esas estrellas a través de las ondas que emiten.

La tercera misión preseleccionada por el Comité del Programa Científico tiene como objetivo el Sol. Se trata de poner en órbita una sonda alrededor de la estrella, a una distancia de 62 radios solares, para tomar datos de sus regiones polares y de las regiones que no se pueden ver desde la Tierra.

Los tres proyectos se consideran de tipo medio y fueron seleccionados entre 52 propuestas iniciales. Sólo seis pasaron a la fase de estudios de viabilidad industrial en 2008 y ahora, una vez completada esta fase, las opciones quedan restringidas a tres. Las dos elegidas se conocerán el año que viene. Además, el comité ha decidido mantener abierta la posibilidad de participar en Spica, proyecto de la agencia japonesa JAXA. Se trata de un telescopio espacial que cubriría el hueco del espectro entre las cámaras del telescopio James Webb (el considerado sustituto del Hubble, que la NASA y la ESA están construyendo) y el radiotelescopio terrestre Alma, en construcción en Chile.

En busca de agujeros negros

En el plan Visión Cósmica se planifican también las misiones L, de mayor envergadura que las M y, sobre todo, de mayor dificultad e incertidumbre tecnológica. De momento está ya seleccionada LISA, que podría ser lanzada en 2020. Es un sistema de antenas que funcionarían sincronizadas (como un interferómetro) para detectar y observar ondas gravitacionales emitidas por objetos astronómicos como agujeros negros supermasivos.

También se ha seleccionado la ambiciosa misión Laplace, diseñada para responder tres preguntas fundamentales: ¿En qué condiciones se formó el sistema de Júpiter? ¿Cómo funciona el planeta gigante? ¿Puede albergar vida su luna Europa? Esta misión podría partir en 2020. El tercer proyecto de categoría L (los tres se desarrollan en colaboración con la NASA) es IXO, un telescopio avanzado de rayos X. En la selección se ha quedado fuera TandEM, un proyecto para enviar una sonda científica a Saturno y su luna Titán. Para las misiones M se estima un presupuesto de unos 400 millones de euros, y unos 650 para las L, pero siempre se acaban sobrepasando las cifras iniciales (lo que provoca no pocos problemas en la ESA).

Visión Cósmica no abarca toda la actividad científica de la ESA. La exploración de Marte con Exomars, por ejemplo, es ahora responsabilidad del Departamento de Ciencia, pero no está incluida en el plan 2015-2025, ya que es una misión de participación voluntaria para los países miembros de la agencia. La idea de hacer una planificación a medio y largo plazo para los proyectos científicos ha mostrado su eficacia a la hora de realizar misiones en las que no es raro que pasen dos décadas entre la idea inicial y la obtención de los resultados científicos.

De momento, y antes de que sean realidad las misiones de Visión Cósmica, la ESA está terminando las de Horizonte 2000 Plus (el plan que se aprobó a mediados de la década de los 90). Son las misiones Gaia (para hacer un mapa tridimensional de la Vía Láctea y tomar medidas precisas de 1.000 millones de estrellas), PepiColombo (viaje a Mercurio) y la participación española en el telescopio James Webb, que debe sustituir al Hubble. El lanzamiento de los telescopios Herschel y Planck el año pasado culminaron los planes del Horizonte 2000.

CIENCIA DE OBLIGADA PARTICIPACIÓNEl programa científico de la ESA es obligatorio para todos los países miembros, es decir, se financia con las cuotas fijadas en proporción para cada uno. De hecho, el presupuesto fijo de la agencia comprende el programa científico, los gastos de gestión y administración y muy poco más. Todo el programa tripulado (siempre sufriendo los vaivenes de la NASA), el de comunicaciones y el de observación de la Tierra se costean en términos de contribuciones voluntarias que cada país fija en función de sus intereses.

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