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Cosmología

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¿Quién 'descubrió' la energía oscura?

El polémico descubrimiento de la fuerza que acelera la expansión del Universo lleva implícito el sueño de un futuro premio Nobel

Hace ahora 12 años, más o menos, que se planteó la última gran sorpresa de la cosmología, la existencia de una fuerza repulsiva que acelera la expansión del Universo. El descubrimiento, que daba la razón a Einstein, fue bautizado más tarde con un nombre muy sonoro: energía oscura. Hay que decir "más o menos", porque esta indefinición es necesaria si no se quiere tomar partido en la polémica que desde hace unos años enfrenta a algunos miembros de los dos equipos que trabajaron en paralelo para confirmar su existencia.

Malén Ruiz de Elvira | 2 de marzo de 2010


Foto: Toettoet
Es una batalla que todos los científicos implicados (aunque algunos con más franqueza que otros) reconocen que se juega sobre el telón de fondo de un futuro premio Nobel. “Lo único que mantiene activo este absurdo jaleo sobre quién hizo qué y cuándo es que la energía oscura es uno de los pocos descubrimientos astronómicos que pueden resultar en un premio Nobel”, dice Dave Strickland, un científico que comenta uno de los últimos artículos sobre la polémica, escrito este mismo año por el filósofo de la ciencia Robert Crease en Physicsworld.

Sin entrar en demasiados detalles, lo que está en juego en realidad es nada menos que definir lo que es un descubrimiento, y también el papel de los medios de comunicación en hacerlo público, antes, después o en paralelo a su procesamiento por el sistema de publicación científico.

Una indicación de por dónde van los tiros es el premio Gruber de cosmología, creado recientemente y dotado con 500.000 dólares, con la aspiración de convertirse en equivalente al premio Nobel de la especialidad, ya que el que correspondería a cosmología se incluye en la amplísima área de la física.

En 2007 la energía oscura fue el tema del premio Gruber, y el jurado optó por una decisión salomónica: un cuarto del premio fue para Saul Perlmutter, director del equipo Supernova Cosmology Project  (SCP), el primero que empezó a buscar pruebas de la existencia de la materia oscura mediante el análisis de un tipo de estrella supernova. Otro cuarto fue para Brian Schmidt, director del equipo High Z, el segundo que inició la búsqueda. Los otros dos cuartos fueron a parar a los restantes miembros de cada uno de los dos equipos. Lo malo es que el Nobel sólo se puede repartir entre tres personas como máximo y, cómo han comentado muchos de los implicados, también habría que tener en cuenta al equipo danés pionero que empezó la labor pero no pudo terminarla. Asimismo, habría que considerar a los teóricos que advirtieron de que una explicación como la que ahora es la aceptada podía ser la solución para los extraños datos derivados de las observaciones.

El sueño de un Nobel

Las simpatías y antipatías mutuas juegan un papel más importante cuando se trata de escribir la historia para la posteridad A pesar de todo lo referido, el sueño del premio Nobel no es el único motor de la polémica. La comunidad cosmológica de supernovas es bastante pequeña, y ambos equipos se intercambiaron miembros a lo largo del proceso en los años 90, e incluso colaboraron en gestionar las observaciones de los telescopios. El tema era tan nuevo y sorprendente que lo que les movía era el conocimiento más que la competencia. Ahora, sin embargo, la situación es distinta, y las simpatías y antipatías mutuas (por no hablar de los egos) juegan un mayor papel cuando se trata de escribir la historia para la posteridad. Dicho esto, la mayoría de los miembros de los dos equipos está de acuerdo en compartir la gloria del descubrimiento, pero algunos no.

Dice Crease que sin la labor de Perlmutter y su equipo, Schmidt y el suyo no habrían conseguido nada. Pero Robert Kirshner,  ex profesor de Schmidt, miembro de su equipo y el principal polemista desde hace tres años, asegura que Perlmutter tenía problemas técnicos para hacer el análisis de la luz de las supernovas, y que fue Schmidt el que los consiguió resolver, lo que adelantó a Perlmutter en llegar a las conclusiones.

Doce años atrás

Y es aquí cuando volvemos a hace 12 años, más o menos, y cuando el tema se enreda cuanto más en detalle se estudia. Resumidamente, en enero de 1998 ambos equipos presentaron resultados y organizaron una rueda de prensa en la reunión anual de la Asociación Americana de Astronomía, el principal foro no especializado. Casi todos los periodistas entendieron que lo que se dijo allí es que el universo se va a expandir para siempre y nada más. Perlmutter reconoció pocos meses después que no estaba lo suficientemente seguro de sus datos como para soltar la bomba de la misteriosa fuerza que acelera la expansión del Universo, lo que fue criticado después, en el ámbito científico, por varios de sus colaboradores. Tampoco el otro equipo se atrevió a hacer algo más que insinuar lo que podría ser.

A finales de febrero de 1998, en un foro más especializado, Alexei Filippenko, miembro del equipo High Z, sí se atrevió a anunciarlo y la noticia se extendió rápidamente, como la bomba informativa que era. Sin embargo, todavía no se había publicado ningún artículo científico, revisado por pares, como manda la ortodoxia científica. Y el primer equipo que presentó, sobre la base de pocas supernovas, las pruebas (en marzo de 1998) y vio publicado su artículo (en septiembre de 1998) fue el High Z. El SCB tenía muchas más supernovas que analizar, y eso hizo que no presentara su trabajo a publicación hasta septiembre de 1998; el trabajo no se publicó hasta junio de 1999.

LA FÁBULA DE LA LIEBRE Y LA TORTUGA En opinión de Robert Kirshner, al menos, la cuestión está clara: el equipo High Z “descubrió” la energía oscura, como en la fábula de la liebre y la tortuga. Pero hay un aspecto curioso en todo esto, que tiene que ver con el periodismo. Charles Petit escribió en la revista US News & World Report en enero de 1998, tras la primera conferencia de prensa: “Fuertes indicios de que el Universo en expansión se está acelerando proceden de astrónomos que utilizan telescopios terrestres y en órbita para cartografiar las estrellas que explotan, supernovas, una medida de la velocidad a la que el Universo se ha expandido hasta ahora”, y se lo atribuyó a Perlmutter y otros miembros de su equipo. En 2007 Petit dijo a Crease: “Si era obvio para mí, era obvio para todos los cosmólogos. Me extrañó que no se convirtiera en un gran tema informativo”. También Perlmutter dice ahora, en biografías accesibles en la Red, que fue su equipo el que primero anunció los resultados, y que lo hizo en enero de 1998.

Así que hace 12 años (más o menos, y que el comité Nobel que se las apañe como pueda si el método de las supernovas sobrevive como herramienta cosmológica) la humanidad se encontró con un nuevo y fascinante misterio, y Einstein demostró su vigencia en el cierre del siglo. Como dice Kirshner, en su tono más conciliador, “la Energía Oscura es mayor (mucho mayor) que cualquiera de nosotros, y todos tenemos la increíble suerte de ser astrónomos en la época en la que los humanos la descubrieron”.

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