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Cambio climático

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¿Hay crisis en el cambio climático?

La ciencia del cambio climático se enfrenta a una sucesión de acusaciones que ponen en entredicho su auténtico valor

Tras unos pocos años de triunfo y notoriedad del cambio climático en las agendas políticas, y de empezar a contar en serio en las económicas, además de haberse ganado el respeto y el prestigio, coronado con el premio Nobel de la Paz, parece como si al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, 'Intergovernmental Panel on Climate Change') le cayeran de repente de todos lados. La anunciada salida de Yvo de Boer es el último de una serie de episodios que apuntan a una campaña de descrédito.

Alicia Rivera | 23 de febrero de 2010


Foto: Francisco Ponce Carrasco
Unos indiscretos correos electrónicos pirateados y hechos públicos intentaron echar un borrón sobre uno de los centros científicos más prestigiosos del mundo: la Universidad de East Anglia. Poco después, la cumbre de Copenhague concluyó sin los resultados ansiados. A continuación le ha tocado el turno al mismísimo IPCC, cuyo último informe (AR4) se pretende descalificar hasta los cimientos por tres errores no determinantes. La denuncia de las actividades privadas del presidente del panel, Rajendra K. Pachauri, apunta directamente también contra la ciencia del clima. Por último, dimite el secretario general de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, Yvo de Boer.

¿Casualidad? Para evitar cualquier teoría de la conspiración, habría que responder que, seguramente, sí. Pero cabe recordar que hay sectores económicos y políticos con influencia internacional que consideran que sus intereses están amenazados por las políticas y medidas que se puedan adoptar para atenuar los efectos del calentamiento. La secuela de descrédito sobre la opinión pública que pueden tener tantas descalificaciones seguidas debe ser bienvenida por esos sectores. Pachauri no lo duda: son “mentiras” o “distorsiones” promulgadas por grupos que confían en minar la legislación climática internacional. “Quieren distorsionar la imagen general para sus propios fines”, ha dicho el presidente del IPCC, como informa The New York Times.

Desde luego, algo tan complejo científica y políticamente como el cambio climático no puede estar libre de errores y problemas. En la misma comunidad científica se escuchan opiniones a favor de reforzar las estructuras y métodos de trabajo del IPCC, aunque no cabe esperar muchos cambios inminentes; su próximo informe (AR5), cuyos redactores serán nombrados a mediados de marzo, está a punto de arrancar.

Ciencia sólida

Los correos privados sacados a la luz por piratería electrónica han dejado en muy mal lugar a la Universidad de East Anglia, que ha abierto una investigación interna, pero no han afectado a la ciencia que genera dicha institución. Sus científicos no han inventado el cambio climático mediante conspiración por correo electrónico, como algunos pretenden asegurar.

Todo el trabajo realizado durante años para diseñar mecanismos que cuajen en un acuerdo efectivo es valioso La cumbre de Copenhague fue un fracaso para quien esperase un acuerdo sólido con fechas y compromisos de contención de emisiones al estilo del Protocolo de Kioto, pero más amplio y más profundo. En ese sentido, desde luego, fue un sonoro fiasco. Pero todo el trabajo realizado durante dos o tres años para acercar posturas y diseñar mecanismos que en un momento dado puedan cuajar en un acuerdo efectivo es valioso. Es decir, que el saco de las negociaciones del clima no está vacío, aunque no se ha logrado acabar de llenarlo para atarlo, al final, con ese acuerdo internacional que evite un calentamiento medio del planeta por encima del límite de seguridad definido en los dos grados centígrados.

¿Errores?

El último informe del IPCC tiene unas 3.000 páginas y refleja, tras evaluación, los resultados de las investigaciones de alta calidad sobre cambio climático realizadas en el mundo en los últimos años. Su diagnóstico se resume en un puñado de páginas dedicadas a los responsables de tomar las decisiones políticas. En ese extenso informe se han encontrado, en las últimas semanas, tres errores. El primero se refiere a los glaciares del Himalaya que alimentan los ríos de China y de India y que, según el AR4, podrían desaparecer hacia 2035. El IPCC reconoce que el dato del año no procede de un trabajo científico propiamente dicho. Sin duda es un error, pero los científicos, tras evaluarlo, no se desdicen del proceso de deshielo, aunque reconocen que no debería haber aparecido el dato temporal.

El siguiente error se refiere a la zona de Holanda que está por debajo del nivel del mar, un 55% del territorio, dice el informe, cuando en realidad representa el 26%. Las fuentes del dato incorrecto son la Agencia Holandesa de Medioambiente, el ministerio holandés de Transporte y la Unión Europea (UE). Desde luego no se trata de fuentes científicas, y el IPCC ha rectificado: se debería haber escrito que “el 55% de Holanda está en riesgo de inundaciones”. Pero añade: “Esta estadística del nivel del mar fue utilizada [en en informe] sólo como información de fondo y los datos actualizados siguen siendo consistentes con las conclusiones generales”.

El tercer ‘error’ denunciado se refiere al incremento de las tormentas extremas, un punto que, si uno lee incluso el resumen para políticos del AR4, es de los que se señala con fiabilidad baja.

Es curioso que desde hace meses se conoce otro error de predicción del IPCC: el deshielo del Ártico ha alcanzado ya niveles proyectados al menos para dentro de una década. Nadie intentó entonces desprestigiar al AR4 por ello, tal vez porque el ‘error’ dejaba al IPCC como conservador en lugar de como temerario. En la comunidad científica se cometen a veces errores, o incluso fraudes, y casi siempre es la misma comunidad científica la que los identifica y denuncia, sin que por ello la ciencia pierda credibilidad. Los contenidos esenciales del extenso AR4, incluida la responsabilidad humana en más del 50% del cambio climático, no se ven afectados por estos tres errores.

La vuelta de Estados Unidos

Siguiente punto de controversia: Pachauri, que lleva al frente del IPCC desde 2002, ha sido denunciado ahora por supuestas incompatibilidades de su cargo con trabajos privados como asesor de algunas instituciones y empresas. Él mismo ha declarado que esas actividades no suponen ingresos privados, ya que los destina a fundaciones. Pero desde las trincheras más ‘anticlimáticas’ en Estados Unidos ya han pedido su dimisión, descalificando a la vez al mismo organismo y a los científicos.

Mientras se espera el resultado del escrutinio al que están siendo sometidas las actividades profesionales de Pachauri, conviene recordar que no son los científicos los que eligen al presidente del IPCC, sino los delegados de los gobiernos miembros de ese organismo. En el caso de Pachauri, su elección fue promovida por la delegación estadounidense (la Administración Bush) en contra del presidente anterior, Robert Watson, un científico de origen británico, veterano en prestigiosos organismos estadounidenses y un hábil comunicador que logró la fama y el reconocimiento para el IPCC, tan indeseada por muchos. Esta habilidad le ha faltado siempre a Pachauri y, seguramente por ello, fue promovido por Washington en aquel momento.

El último tropezón climático, de momento, es la dimisión de De Boer (permanecerá en el cargo hasta el próximo 1 de julio), tras cuatro años muy intensos como secretario de la Convención. Su estilo de trabajo, desde luego, no ha sido del gusto de todos. A veces se ha mostrado poco diplomático y se ha implicado en posturas políticas más de lo que muchos desearían para este cargo.

Lo que está claro, como ha comentado algún experto, es que el regreso de Estados Unidos a la negociación en el marco de la ONU para contener el cambio del clima está teniendo un fuerte impacto en el proceso, como cabía esperar: por un lado es positivo tener a bordo de nuevo al mayor emisor de gases de efecto invernadero del planeta; por otro, sus plazos, ritmos y maneras dominantes dominan otra vez.

ESPAÑA REDUCE SUS EMISIONES El Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino ha publicado recientemente los datos oficiales de las emisiones de gases de efecto invernadero en España en 2008. Ese año se produjo un descenso, respecto a 2007, del 7,7%, lo que sitúa el crecimiento en un 39,8% sobre 1990, que es el año base de contabilización en el Protocolo de Kioto.

Los datos oficiales estiman que la media de 2008-2012 (valor del compromiso del citado acuerdo) rondará el 34,45%, lo que significa casi un 20% sobre el máximo consentido a España (+15%) en el reparto de la UE de los acuerdos de Kioto. Ese casi 20% habrá que adquirirlo en toneladas de carbono equivalente.

La reducción registrada según el ministerio se debe, sobre todo, a una mejora de la intensidad energética, al incremento del uso de fuentes de energía renovable, a la disminución del uso del carbón y al precio de la tonelada de carbón en los mercados internacionales. En 2007, España alcanzó un máximo de emisiones, con un incremento del 51,4% respecto a 1990.

Comentarios

       
10 comentarios

miculo 10/04/2010
mi culo

miculo 10/04/2010
mi culo

miculo 10/04/2010
mi culo

Germán 28/03/2010
Para tomar ejemplo: Unos alumnos del IES Miguel Hernández de Alhama de Murcia han realizado una auditoría energética de su centro y tomando las medidas oportunas han calculado: UN AHORRO DE 7000€ Y 22000 Kg DE DIÓXIDO DE CARBONO AL AÑO. Las medidas se amortizarían en SÓLO 4 AÑOS. Propongo a otros centros que se sumen a iniciatic¡vas de este tipo.

Germán 28/03/2010
Para tomar ejemplo: Unos alumnos del IES Miguel Hernández de Alhama de Murcia han realizado una auditoría energética de su centro y tomando las medidas oportunas han calculado: UN AHORRO DE 7000€ Y 22000 Kg DE DIÓXIDO DE CARBONO AL AÑO. Las medidas se amortizarían en SÓLO 4 AÑOS. Propongo a otros centros que se sumen a iniciatic¡vas de este tipo.

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