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Tecnología aeroespacial

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¿Por qué volver a la Luna?

Las estrecheces económicas y la falta de objetivos claros en la carrera espacial están provocando una discusión de fondo en Estados Unidos. Volver a la Luna ya no es un objetivo prioritario. Y los vuelos tripulados, hasta ahora vedados a la empresa privada, también están en revisión. Todo a la espera de que nuevos materiales y tecnologías permitan retomar la iniciativa.

Malén Ruiz de Elvira | 16 de febrero de 2010


Foto: Adry
"Teníamos un programa cuyo objetivo era volver a la Luna, pero es que eso ya lo hemos hecho. Necesitamos nuevos retos”. Este argumento se ha escuchado mucho estos días en Estados Unidos, expuesto por políticos y burócratas de la Administración Obama, que querían quitar hierro a la reciente decisión del presidente de anular el programa del anterior presidente, George Bush. Éste pretendía, primero, volver a mandar astronautas a la Luna y, después, más allá, a Marte.

De este proyecto, que tenía una atractiva exposición de objetivos pero una falta total de programación presupuestaria, se ha pasado a un planteamiento mucho más realista con fines tan modestos que parecen no existir. A cambio, se lanza una línea de actuación tímidamente financiada para capear el temporal económico, al tiempo que se estimulan la iniciativa privada y los avances tecnológicos.

Nadie en el sector espacial tiene capacidad futurista para predecir por dónde va a sonar la flauta en tecnología y de qué manera se va a producir ese salto tecnológico que supondría el inicio de una nueva era espacial. Sin embargo, lo que está claro es que, si no se dedican fondos a la investigación en propulsión y materiales, por ejemplo, poco se conseguirá. Mientras tanto, las tecnologías que se utilizan hoy en el espacio han cumplido ya el medio siglo, son maduras, aunque es cierto que mantienen todavía un margen de mejora.

Apuesta arriesgada

Ante esta situación, ¿qué sentido tiene que el Gobierno del país capitalista por excelencia monopolice los vuelos tripulados, que se basan en esas tecnologías? Es lo que planteó el informe del Comité Augustine, un grupo de expertos al que Obama encargó, cuando llegó a la presidencia, la evaluación de la situación de los vuelos tripulados, y al que ha hecho caso en sus recomendaciones. Así que serán las empresas las que, estimuladas por contratos de la NASA, se encargarán de desarrollar un mercado espacial hasta ahora vedado mundialmente a la iniciativa privada.

Las empresas desarrollarán un mercado espacial hasta ahora vedado a la iniciativa privada Las estimaciones más optimistas, que corresponden a las de los portavoces gubernamentales y los expertos que apoyan la decisión, cifran en muchos miles de puestos de trabajo especializados el mercado de los vuelos espaciales, sean con fines turísticos y de educación o de investigación y exploración. Sin embargo, es una apuesta arriesgada, porque por ahora es un mercado pequeño y casi cautivo, en el que cualquier fallo de seguridad con resultado de muerte supondría años de retraso en su desarrollo. Claro que, si se compara con la aviación comercial, que en su comienzo hace un siglo también fue muy arriesgada, las previsiones son positivas.

El fin de un plan

Hay un problema más espinoso. El anterior director de la NASA, ante el encargo directo de Bush, y sin plantear el tema en foros abiertos, decidió que sería la agencia espacial la encargada de desarrollar los nuevos vehículos necesarios para ir a la Estación Espacial Internacional (ISS, de Internacional Space Station) cuando se retiren los transbordadores y, luego, para volver a la Luna en 2020.

Es el programa Constellation de cohetes y cápsulas, en el que ya se llevan gastados unos 9.000 millones de dólares y que ya no figura en el presupuesto de la NASA presentado por el Gobierno para 2011 (excepto para ponerle fin en términos administrativos). Queda por ver si las líneas generales del proyecto de presupuesto sobreviven a los trámites parlamentarios que quedan por delante, pero lo que está claro es que en algún momento había que tomar el toro por los cuernos, tomar la decisión de ir por una vía o por otra. También está claro que las estrecheces económicas actuales han sido un factor fundamental para la decisión de terminar con el programa, que iba retrasado y no iba a tener los fondos suficientes.

El planteamiento de privatizar el sector aeroespacial no es nuevo, ya que el Congreso de Estados Unidos lleva años obligando a la NASA a que estimule el desarrollo privado. Sin embargo, nunca se había abierto la veda de los vuelos tripulados. Con motivo del anuncio de la decisión, el director de la NASA, Charles Bolden, presentó los primeros contratos, de pequeña cuantía, a cinco empresas, cuyo fin último es desarrollar cápsulas para transportar astronautas a la ISS y devolverlos a la Tierra.

DEFECTOS DE FONDO Y FORMA La falta de un vehículo propio para el transporte de astronautas cuando en este mismo año se retiren los transbordadores, y la subsiguiente dependencia de las naves rusas Soyuz durante al menos cinco años, ya se preveía. Sin embargo, la pregunta es: ¿cómo ha podido la mayor potencia espacial del mundo encontrarse en esta situación tan incómoda?

Ya no se trata de no volver a la Luna, sino de que se ha construido una carísima estación espacial, cuya utilidad está en entredicho desde el principio, y ni siquiera se dispone de los medios para ir y volver a ella.

Este problema está relacionado también con el hecho de que Estados Unidos tiene una forma de gobierno que no permite asegurar actividades espaciales a largo plazo, las cuales no pueden desarrollarse sin programas de muchos años. Con este defecto, que se plasma en los presupuestos anuales de la NASA, otros países con regímenes políticos muy centralizados, como China y Rusia, tienen muchas ventajas para imitar, primero, y sobrepasar, después, a Estados Unidos. Rusia ya ha dicho que no quiere ir a la Luna, pero China tiene un programa a largo plazo para hacerlo. Sin embargo, tampoco parece saber para qué lo haría, porque toda exploración tripulada es tan cara y difícil en términos técnicos (mucho más de lo que los políticos dan a entender), que pensar en aprovechar recursos lunares es todavía una quimera.

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