Jordi Montaner | 28 de junio de 2010
Título: El modelo de los otros
Autor: Ricardo Jarast
Año: 2010
Editorial: Ediciones Biebel
Número de páginas: 208
Cine y psicoanálisis nacieron casi de acuerdo. El siglo XIX tocaba a su fin. Al tiempo que en Viena Sigmund Freud y Josef Breuers andaban enfrascados en la publicación de un estudio sobre la histeria, los inventores Louis y Auguste Lumière hacían historia en la oscuridad del Salon Indien del Grand Café de París proyectando la primera escena rodada en cine: la salida de unos obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir.
Uno y otro acontecimiento acabaron redimensionando al ser humano, la persona. Ricardo Jarast, psiquiatra-psicoanalista argentino afincado en Sevilla, lleva a cabo un escrutinio de inputs psicoanalistas del cine; de Hitchcock a Amenábar, pasando por Fosse, Klein, Mendes, Bion, Kurosawa, Winnicott, Liberman, Piñeyro, Green, Winterbottom, Racker, Cameron, Tustin, Hirschbiegel o Baranger. Cine de género y cine de autor proporcionan títulos paradigmáticos sobre la relación del cine con los sueños, los chistes, la sexualidad i el subconsciente. Mitos y leyendas del cine, iconos, monstruos reales o imaginados han edificado una cultura que subyace en la experiencia de muchos pacientes. Como David Gilmour hizo con su hijo (Cine Club) que no quería seguir estudiando, Jarast se sirve aquí del cine para ilustrar la textura de lo que somos y lo que hacemos. Terminator, bajo este punto de vista, no aparece tanto como una película de acción sino como la metáfora del drama de un niño autista, herido en su narcisismo por el nuevo embarazo de su madre… Un niño autista con temperamento drástico y destructivo, que trata de detener el tiempo para mantener de alguna manera su posición jerárquica de primacía en el mundo.
Del mismo modo, la oscarizada película All That Jazz, tenida por una autobiografía de Bob Fosse, examina el drama de los creativos superdotados que han superado el umbral de su carrera y se enfrentan a un último tango con la muerte. Amenábar habla igualmente de duelo, de pérdida y de culpa en Abre los ojos. Igualmente, el director Oliver Hirschbiegel y el actor Bruno Ganz consiguen una peripecia tan insólita como humanizar a un Adolf Hitler derrotado en El hundimiento… Uno se siente mal al ver la película y experimentar compasión hacia uno de los personajes más malvados de la Historia.
El cine entretiene, divierte, emociona; pero también provoca. Jarast, autor de otras obras como Objeto transicional y yo-piel o Complementariedad clínica de Winnicott y Anzieu, ganó un premio de periodismo en Argentina por su ensayo La responsabilidad del psicoanalista.
Todo el cine bebe de una misma fuente: la experiencia humana. Lo que en teoría se aplicaría por igual al teatro o la literatura, en el cine se da la circunstancia de que funciona mucho mejor dentro del sustrato subconsciente. Las metáforas visuales y el subtexto permiten a directores y a actores decir sin hablar, desembarazarse del rudimentario juego de las palabras, desnudar el alma.
Claudio Laks Eizirik, autor de la introducción de El modelo de los otros, certifica que Jarast invoca en este libro las distintas teorías psicoanalíticas para revisar, a la luz encendida del cinematógrafo, temas candentes de nuestro tiempo y de nuestra cultura: las relaciones familiares, la violencia, el poder, la competencia, la destrucción en masa, la ambición, la búsqueda desesperada del placer, la fama, la vejez o la muerte. “La materia de que están hechos los sueños es lo que el analista trata de encontrar con cada paciente... Esa misma materia mueve las personas, los grupos, las masas, los momentos sublimes, trágicos, grandiosos, deprimentes, horribles, de júbilo o duelo que nos tocan a cada uno y a todos”.