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Pura atracción física

Libro

Jordi Montaner | 3 de mayo de 2010

Título: El zoo cuántico
Autor: Marcus Chown
Editorial: La liebre de marzo
Año: 2008
Páginas: 170

“La ciencia de verdad es mucho más extraña que la ciencia ficción, y el universo es mucho más increíble que cualquier artilugio inventado”, sostiene Marcus Chown, un físico inglés de la Universidad de Londres que colabora en la revista ‘New Scientist’ y que con anterioridad ha publicado varios libros de divulgación científica, como ‘El universo vecino’.

En El zoo cuántico, como si de una colección de rarezas se tratara, Chown nos traslada por la vía del asombro a importantes cuestiones físicas o matemáticas que serían difíciles de explicar de otra forma. Algún día, todos los libros de texto en secundaria se escribirán de este modo…

Cuenta el autor que, con cada inspiración, inhalamos un átomo espirado por Marilyn Monroe, Einstein, Gandhi, Napoleón o Toro Sentado; que un átomo puede estar en muchos lugares diferentes a la vez, el equivalente de estar en Nueva York y en Londres al mismo tiempo; que viajar en el tiempo no está reñido con las leyes de la física; que cuanto más rápido viajamos, más delgados nos volvemos; que envejecemos más rápido en lo alto de un edificio que en la base; que una taza de café pesa más cuando está caliente que cuando está fría, y que el uno por ciento de la nieve que aparece al sintonizar un televisor es un vestigio del Big Bang…

Einstein aseguraba (aunque Chown me corregiría el tiempo verbal y apostaría por ‘asegura’) que “la mayor parte de las ideas fundamentales de la ciencia son esencialmente simples, por norma, y deben ser explicadas en un lenguaje que todo el mundo pueda comprender”.

Tras doctorarse en física en 1980, Chown hizo de esta aseveración una cruzada, y empezó a ejercer de comunicador científico de la forma más atrevida que nadie hubiera imaginado: trabajando como locutor-astrónomo en una emisora de radio de la Universidad de California (Pasadena). En la oscuridad de la noche, con voz cálida, Chown aseguraba a los radioyentes que nuestros cuerpos están hechos de la misma materia que las estrellas, y que las leyes naturales que gobiernan nuestro entorno más inmediato, la casa, el jardín o el barrio, no difieren de las de todo el universo cósmico.  “Muy pocos de los extraordinarios descubrimientos del siglo pasado parecen haber calado en la conciencia de la gente”, explica el autor apesadumbrado. Añade, sin embargo, que cuando él mismo intenta leer las explicaciones que la ciencia formula sobre lo que ocurre, aun siendo científico, queda confuso, desconcertado y aburrido. “Vivimos en un mundo tan bello como extraño, y no resulta tan difícil explicar por qué”.

Fue así como Chown se puso a escribir frenéticamente sobre ciencia. Lo hizo, además, con títulos tan provocadores como Tenemos que hablar de Kelvin, Felicity Frobisher y el diablo dual de tres cabezas de Aldebaron, Un poco de teoría cuántica al año no te hará daño y, sobre todo, Días interminables después de la muerte. De forma tan interesante como divertida, el autor aplica un escalpelo sobre la cálida piel del misticismo y separa lo natural de lo sobrenatural con pedagógica lucidez. El origen de la complejidad biológica, las limitaciones de vivir sólo en tiempo presente, la supervivencia de formas vivas sin solución de continuidad, por qué Elvis sigue aún con vida, por qué todas las leyes del universo pueden resumirse en un programa de ordenador de sólo cuatro líneas y cómo nuestra carne alberga polvo de estrellas en su composición. Fechamos el Big Bang en 12-14 mil millones de años, pero el fósil más antiguo de que tenemos constancia habitó la tierra hace ‘sólo’ 300.000 años… ¿Es que no ocurrió nada en todo ese tiempo? ¿Qué tendrá que ver lo que ocurriera con lo que ocurre hoy, ahora?

Alquimista de la divulgación científica, Chown no razona a lo Sagan ni invoca corrientes filosóficas a lo Sartre. En lo más sustancial del libro, un glosario tímido y contundente nos detalla que los neutrinos son partículas subatómicas, residuos-fantasma de las reacciones nucleares que se originan en el corazón del sol. Mientras que la luz tarda 30.000 años en viajar del centro del sol a su superficie, los neutrinos tardan sólo dos segundos; y ocho minutos después alcanzan la superficie de la Tierra… El autor nos invita a imaginar tres cosas imposibles cada día, antes de ir a dormir, para crear un blog en el que barajar su posibilidad a través de dos corrientes intelectuales de la física moderna tan poderosas como la teoría cuántica y la de la relatividad… Pone la carne de gallina cuando subvierte la teoría religiosa de la resurrección por medio de un concepto bautizado como decoherencia (decoherence): la identidad cuántica de nuestros cuerpos no se destruye, sino que cambia de estado. Chown refiere el famoso experimento de Schrödinger con un gato dentro de una cesta, que podía aparentar muerto o dormido en virtud de los efectos observados.

¿Complicado de entender? No, en absoluto. Pero estamos acostumbrados a poner la piel dura cuando una idea nos asusta. Recurrimos con placer a las consolaciones de la filosofía, las divagaciones sobre el ser y la nada. Buena suerte.

Comentarios

       
2 comentarios

Global Talent 23/05/2010
Gràcies per la teva crítica, Miquel Collado.Desitjem que t'hagi agradat :) Albert.

Miquel Collado 22/05/2010
Ara l'he acabat de llegir. Molt recomanable. Sobretot m'ha agradat la part de la física quàntica. El nivell es prou senzill per que qualsevol persona pugui llegir-lo sense necessitar uns coneixements previs de les matèries. Els que ja tinguin certs coneixements poden gaudir de la claredat amb la que exposa algunes teories que no son fàcils d'explicar...

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