Jordi Montaner | 26 de abril de 2010
Título: An Education
Director: Lone Scherfig
Año: 2009
Intérpretes: Carey Mulligan, Olivia Williams, Alfred Molina, Cara Seymour, William Melling, Connor Catchpole, Matthew Beard, Peter Sarsgaard, Amanda Fairbank-Hynes, Ellie Kendrick, Dominic Cooper, Rosamund Pike, Nick Simpson, Kate Duchêne, Bet Parker, Emma Thompson, Luis Soto, Olenka Wrzesniewski, Bryony Wadsworth, Ashley Taylor-Rhys, Sally Hawkins, James Norton, Beth Rowley, Ben Castle, Mark Edwards, Tom Rees-Roberts, Arne Somogyl, Paul Wilkinson y Phil Wilkinson
Guión: Nick Hornby,
Producción: Finola Dwyer, Douglas Hansen, Nick Hornby, Wendy Japhet, Jamie Laurenson, Caroline Levy, Amanda Posey, James D. Stern y David M. Thompson
Música: Paul Englishby
Fotografía: John de Borman
Montaje: Barney Pilling
Dirección artística: Ben Smith
Tres nominaciones al Oscar (mejor película, mejor actriz principal y mejor guión adaptado) y un premio BAFTA a la mejor actriz dejan claro que la trascendencia educativa de esta película no queda sólo en el enunciado. Habla de otra época (principios de los 60), de otro país (Reino Unido), pero se recrea en situaciones humanas universales, abismos generacionales, relación padres-hijos, educadores-estudiantes, ricos-pobres, o el papel social de la mujer.
Lone Scherfig, una realizadora danesa, juega al neorrealismo británico que Brian Forbes imprimió en sus películas a mediados del siglo pasado, poniendo el dedo en las llagas que las dos guerras mundiales y la posguerra dejaron en Inglaterra: conflictos sociales, clasismo, eurofobia, antisemitismo, desigualdad de género…
Carey Mulligan se sale a la hora de interpretar a una estudiante (Jenny) a punto de cumplir 17 años, con un expediente académico de envidia y dispuesta a cursar filología en la Universidad de Oxford, pese al esfuerzo económico que ello va a suponer.
Vive, sin embargo, un poco a contracorriente. Le gustan las canciones de Juliette Greco, la Francia imaginativa de la era De Gaulle (que desembocaría en las revueltas estudiantiles de finales de los 60), el art déco, el jazz y el rock’n roll. No tarda en encontrar a una ‘media naranja’ muy ducha en todas estas cuestiones, judío, con más años y mucho más dinero. Se enamora, consigue descubrir París y ve en las simples delicias de la buena vida muchos más alicientes que en la buena educación espartana de su tiempo. La universidad de la vida, sin embargo, examina también a sus alumnos de forma muy severa y la protagonista acaba entre la espada y la pared, tomando decisiones importantes sin meditar demasiado y meditando después las razones de su error. La tragicomedia, el ridículo, no disimula la alegre aunque cruda realidad de tantas mujeres que medio siglo atrás se debatían entre profesiones y matrimonios, cerrando en la mayoría de los casos las puertas a una carrera brillante. ¿Moraleja? Haz lo que debas, aunque debas lo que hagas.
Merecen una mención especial la dirección artística, reproduciendo con un lujo de detalles el barrio de Twickenham en el Londres de 1961 (coches, decorados, músicas, ambientación, vestuario), hoy seguramente irreconocible.
Emma Thompson hace un cameo dando vida a una estricta directora de una escuela de señoritas. Jenny desmonta sus esquemas, pero la directora amargada acaba aprovechándose de su inocencia, pagando la osadía con despecho.