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Críticas

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Michele Catanzaro

Una pitanza transcultural

10 de febrero de 2010

Del 1 al 5 de febrero, la Facultad de Filología de la Universitat de Barcelona (UB) acogió el congreso internacional Food for Thought (alimentación para el pensamiento). Se trata de un certamen interdisciplinario en el que tomaron parte expertos de campos tan diversos como la antropología, la arqueología, la climatología, la filosofía o la política. El congreso dio cabida a medio centenar de ponencias y una decena de conferencias a cargo de algunos de los académicos australianos más en boga del momento: Cynthia Vanden Driesen, Lucy Frost, Marcia Langton, Baden Offord, Peter Read, Terri-Ann White, Adrien Wing o Bill Ashcroft.

La organización del congreso, en esta su tercera edición, corrió a cargo del Centro de Estudios Australianos de la UB, en colaboración con el Centro para la Paz y la Justicia Social de la Universidad Southern Cross en Sidney, Australia, y los departamentos de filología inglesa y alemana de la UB.

Las sesiones se desarrollaron en el aula magna de la universidad catalana, flanqueadas por una colección de estatuas, obra de artistas australianos contemporáneos.

Modernismo poscolonial

Bill Ashcroft, catedrático de Literaturas Poscoloniales de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Sidney) pronunció una conferencia titulada The Multiplicity of Modernity: Globalization and the Post-colonial (la multiplicidad de la modernidad: globalización y lo poscolonial).
El conferenciante, autor del controvertido libro The Empire Writes Back: Theory and Practice in Post-colonial Literatures (el imperio contraescribe: teoría y práctica de las literatures poscoloniales), agradeció poder hablar desde una ciudad-cuna de modernismos, como Barcelona, para negar que la invención de lo moderno tuviera a Europa por denominación de origen.

“Cuando un divulgador escoge un idioma, escoge también un público”, dijo en clara consonancia con el conflicto de los distribuidores y la ley catalana del cine. Recordó que muchos intelectuales africanos se han opuesto a divulgar su pensamiento y sus obras en el idioma colonizador, perdiendo así toda opción de modernización.

La globalización, según Ashcroft, se ejerce a través de las tecnologías, las instituciones organizadas a modo de universidades o institutos, y los intentos de los países colonizados por generar una industria cultural propia se ven obstaculizados por dicha globalización del conocimiento.

“No se trata de que los nativos africanos sean incapaces de desarrollar una cultura artística, sino de que carecen en sus lugares de origen de las bases para que dicha cultura dé sus frutos… En Norteamérica, Cuba o Brasil, hemos sido testigos de revoluciones musicales encabezadas por artistas de origen africano que, en esos nuevos escenarios, encontraron una plataforma de expresión… Nadie negaría hoy que el jazz, el blues o la samba son músicas genuinamente modernas, pese a escapar de los clichés concebidos en Europa.”

“Si el conocicimiento es eurocéntrico, en ciencia todavía lo es más”

Ashcroft también hizo un llamamiento a tener en cuenta el cine y la literatura de países con economías emergentes, y subrayó que no se trata de un fenómeno reciente. “Hace medio siglo, Rabinadath Tagore, un escritor indio, se tenía por autor moderno ilustre.” 
 
Recordó la admonición de Foucault: “El poder es productivo y circulante; no solamente estático y opresivo”. Citó asimismo a Ambroise Kom: “El conocimiento se legitima por las estructuras de poder”. Pero en relación al colonialismo anglosajón dejó claro que las formas de conocimiento exportadas a las colonias no fueron siempre las mismas, “por lo que las contraculturas  suscitadas en África, América u Oceanía pueden variar sustancialmente”.

Insistió en que el conocimiento se localiza, cobra identidad propia, cuando forma parte de un proceso de desarrollo de identidades políticas y sociales. De nuevo, destacó la desventaja de las naciones africanas poscoloniales, abocadas graves problemas de ambivalencia y contradicción.

De la cultura científica moderna, aseveró que “si el conocicimiento es eurocéntrico, en ciencia todavía lo es más”, y recordó a Alan Bishop, para quien las mátemáticas son la herramienta más moderna del imperialismo occidental.

Ashcroft suscribe que la tecnología es cultura, en cuanto que poder del lenguaje y la palabra, y la 
transferencia de tecnologías a terceros países en ingles no hace sino afianzar esa nueva forma de imperialismo.


Conexión antípoda

El Centro de Estudios Australianos de la  Universidad de Barcelona y el Centro para la Paz y la Justicia Social de la Southern Cross University, en Nueva Gales del Sur, llevan ya seis años organizando estos encuentros.

Además de intercambiar conocimientos y experiencias, esta colaboración permite a estudiantes de ambas universidades aventajarse de becas u ofertas de estudios y/o trabajo.
Con anterioridad a Food for Thought, los lemas de las dos bienales anteriores fueron Landscapes of Exile (paisajes del exilio) y Australia, Once Perilous and Now Safe (Australia, antes peligrosa y ahora segura).

La temática de estos congresos es de lo más variado, dando lugar a ponencias sobre antropología, arqueología, arte, climatología, sociología, ética, educación, cine, gastronomía, geología, rontología, historia, derechos humanos, enfermería, política, lengua y literatura.

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