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Entrevistas

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Alois M. Haas, místico y germanista de la Universitat de Zúrich

"La mística educa al ser humano en la experiencia de la distancia"

Su investidura como doctor honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF) no sólo hace justicia a su trayectoria, sino también a la generosa donación que Haas ha realizado a la universidad catalana: 40.000 volúmenes de su biblioteca particular, entre los que se incluyen piezas únicas, joyas de incalculable valor bibliográfico. El pasado diciembre, Josep Joan Moreso (rector de la UPF), Victoria Cirlot y Amador Vega (profesores del Departamento de Humanidades) fueron los encargados de tributar homenaje a este catedrático emérito de la Universidad de Zurich, líder de opinión mundial en materia de mística, teología e historia de las religiones.

Jordi Montaner | 19 de enero de 2010

Su país acaba de aprobar por referéndum la prohibición de construir alminares en las mezquitas.
Lo bueno de la historia es que sirve para poner los hechos de actualidad en su adecuada perspectiva. En los años 50 yo era un estudiante católico que no podía acceder a la Universidad de Zúrich por tratarse de un centro protestante. En aquel tiempo (tampoco hace tanto) estaba prohibido, además, que los campanarios de las iglesias católicas se irguieran por encima del perfil urbano. Como ve, la cosa viene de lejos. El referéndum me parece un error y, en Suiza, todos los intelectuales nos oponemos a esta medida.

Su vocación mística arranca de una leyenda caballeresca.
Sí, la leyenda de Parsifal, que todo apunta que debemos a Wolfram d'Eschenbach, un ilustre trobador de la Edad media que no sabía leer ni escribir y que, sin embargo, desprendía una gran sabiduría en muchas facetas del relato. En mi adolescencia me empapé de la poesía contenida en Parsifal, y me propuse dedicar mis conocimientos a su estudio y elucubración.

Las montañas desempeñan un papel singular en la mística germánica, incluso en la filosofía (Nietzsche), pero hay quien ubica el Monsalvat de Parsifal en tierras de Cataluña, en concreto Montserrat.
Las leyendas no pertenecen a un determinado país ni a una determinada cultura, sino que son universales. En ellas se encierra la historia del mundo y se transforman tanto como transforman.
Según Wolfram d'Eschenbach, el Santo Grial era una fantástica piedra que los ángeles llevaron a una cofradía de caballeros templarios, justos y piadosos, de costumbres inmaculadas. Se argumenta asimismo que fue un catalán, el Duque de Guyot, quien descubrió en Toledo un manuscrito que relataba este suceso. Otras fuentes atribuyen el Grial a Fagetanis, sabio pagano descendiente de Salomón que poseía el don de leer los signos de las constelaciones que rigen los destinos humanos. Mientras observaba  el curso de los astros, contempló una legión de ángeles que llevaba una piedra que, con su esplendor, iluminaba la noche.
Lo cierto es que Wolfram d'Eschenbach ubicó el Santo Grial en un gran castillo en la cima de una montaña santa, abrupta, misteriosa e impenetrable, llamada Montsalt. Cada Viernes Santo la piedra prodiga todas aquellas riquezas y prodigios de los que Adán y Eva disfrutaron en el Edén. Monsalvat se situó en los confines de la España entonces árabe, en el Reino de Aragón y muy cerca de los Pirineos, pero cobró más fuerza otra versión de ubicación germánica, en Bayreuth.

¿Monsalvat es un “monte salvaje”?
En efecto, la mística de Parsifal está llena de evocaciones a la nobleza salvaje del espíritu humano, lo que nos remite al origen del Edén. Monsalvat es “montaña salvaje” y también “montaña de salvación”. Yo, precisamente, me eduqué en la mística de la mano de los monjes benedictinos en Engelberg, en plenos Alpes suizos.


Pero usted tiene también una fuerte raigambre en Barcelona.
Es una ciudad única, especial. La conocí por primera vez en 1951, cuando vine haciendo autostop desde Suiza. Era muy distinta a como es ahora, pero intuí en ella una relación entrañable, que la Universidad Pompeu Fabra ha concretado con su acogida de mi Bibliotheca Mystica et Philosophica. Todo en un fantástico espacio que, según tengo entendido, fue en tiempos un depósito de agua… Todo muy místico. Aquí acuden muchos estudiantes de todo el mundo a documentarse sobre un fondo bibliográfico sin parangón: estudiantes de humanidades, de religión, filosofía del pensamiento y de mística.


UN SUIZO UNIVERSAL

Haas es toda una institución en su país. Autor de 30 libros y 200 ensayos científicos, el místico en cuestión preside, desde 1989, la Sociedad Paracelso de Suiza. Entre los títulos que componen el legado bibliográfico que Haas dona a la UPF, se encuentran escritos originales del propio médico y alquimista suizo nacido en 1493. Paracelso, personaje histórico del que Haas se confiesa devoto admirador, estableció el papel de la química en la medicina. Como erudito que era publicó un libro de cirugía en 1536 y una descripción clínica de la sífilis en 1530. Revolucionario en su tiempo, Teofrasto Paracelso argumentaba que las universidades no enseñaban todas las cosas que era preciso conocer, por lo que un médico debía acudir a gitanos, magos, sabios y ancianos para aprender el arte de curar. “Un doctor debe ser un viajero; la sabiduría es la experiencia…”.

Con escasas dotes místicas, Paracelso afirmó que la enfermedad de los mineros (silicosis) era el resultado de la inhalación de vapores metálicos, “y no una venganza de los espíritus de las montañas”.

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