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Entrevistas

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Xavier Bosch, oncólogo y epidemiólogo

"Investigación científica , motor del progreso y de la calidad de vida"

Francesc Xavier Bosch dirige, a sus 62 años, un programa de investigación epidemiológica del cáncer en el Institut Català d’Oncologia (ICO), en Barcelona (España). Su labor científica le lleva de los laboratorios, por ser uno de los descubridores de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), a la selva, por haber ensayado vacunas contra el virus de la hepatitis B en zonas rurales de África. Sus trabajos lo acreditan como líder de opinión internacional en la relación de virus y cánceres, no en vano ha desfilado durante 12 por centros investigadores de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, además de haber desarrollado estudios de campo en más de 35 países. Concretamente en Francia pudo colaborar estrechamente con Harald zur Hausen, premio Nobel de Medicina en 2008 por el descubrimiento del VPH como agente causal del cáncer de cuello uterino.

JORDI MONTANER | 16 de noviembre de 2009

Vacunas

Parece preocupado.

Lo estoy. Me preocupan las vacunas.

¿Su eficacia? ¿Su seguridad?
Su mala prensa.

En el caso de la vacuna contra el virus del papiloma humano se están sorteando bien las dificultades encontradas. Las agencias del medicamento y las administraciones siguen adelante con los planes de vacunación.
Pero los padres que deben decidir si vacunar o no a su hija andan algo desconcertados. Se trata de explicar bien las cosas.

Nadie mejor que usted para hacerlo.
Investigadores de este centro y de muchos otros centros han trabajado arduamente y siguen trabajando por neutralizar el efecto deletéreo del virus del papiloma humano, no sólo sobre el cáncer uterino, sino sobre otros cánceres ginecológicos tanto femeninos como masculinos. El papiloma puede considerarse hoy el segundo factor más predisponente al cáncer por detrás del tabaco; pero la gente sigue dudando si vacunar o no. La evidencia científica aconseja hacerlo. La protección conseguida es fundamental.

Debiera bastar entonces. ¿No le preocupa más que se recorten las partidas presupuestarias orientadas a investigación?
Las últimas noticias hablan de respetar, y no recortar, las investigaciones en marcha. Es muy importante, puesto que estamos en un periodo de intensa actividad, y un bajón tendría nefastas consecuencias. La investigación científica es el motor del progreso y de la calidad de vida.

Un premio oportuno
Trabajo no falta a nuestro entrevistado. Sí, tal vez, estímulos a la investigación. El último premio de una larga lista que acredita Bosch corresponde a la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació (FCRI), que en 2009 ha tenido a bien premiar “las contribuciones de este investigador catalán en el ámbito internacional de la oncología y la epidemiología”. Dotado con 40.000 euros, el premio de la FCRI también alaba la labor de Bosch como director ejecutivo del Centro de Información sobre VPH i cáncer cervical de la OMS-ICO. 

Comentarios

       
9 comentarios

Teresa 29/03/2010
Una cosa es conocer la relación epidemiológica entre ciertos tipos de papilomavirus y la aparición del tumor de cérvix (también existen otros cofactores implicados no muy bien conocidos o estudiados), y otra bien distinta extrapolar -sin demostrar con total rigor científico- que una potencial vacuna pueda prevenir en un futuro a largo plazo la aparición de casos de tumor de cérvix en la población vacunada. Cada vez es más frecuente que investigadores que realizan bien su trabajo básico o de campo tienen muchas prisas por buscar o encontrar utilidad a sus descubrimientos. Aunque esto de la utilidad es muy deseable, máxime cuando algo puede ayudar a sanar a personas gravemente enfermas, no puede descartarse en el asunto cierta componente de ego, lo cual desde luego es muy humano, pero también puede tener sus riesgos para terceras personas (en el caso de las vacunas, no enfermas, sino sanas). Tampoco puede descartarse la agresiva campaña comercial de las compañías farmacéuticas para una vacunación masiva. Esto es lo que está ocurriendo con la nueva vacuna contra el papiloma, que las prisas y la precipitación en su puesta en marcha están haciendo mucho daño, en primer lugar a la población de niñas vacunadas que en el mundo están teniendo graves problemas de salud por reacciones adversas, y además sirviendo también al descrédito y a la mala imagen de las vacunas en general.

Teresa 29/03/2010
Una cosa es conocer la relación epidemiológica entre ciertos tipos de papilomavirus y la aparición del tumor de cérvix (también existen otros cofactores implicados no muy bien conocidos o estudiados), y otra bien distinta extrapolar -sin demostrar con total rigor científico- que una potencial vacuna pueda prevenir en un futuro a largo plazo la aparición de casos de tumor de cérvix en la población vacunada. Cada vez es más frecuente que investigadores que realizan bien su trabajo básico o de campo tienen muchas prisas por buscar o encontrar utilidad a sus descubrimientos. Aunque esto de la utilidad es muy deseable, máxime cuando algo puede ayudar a sanar a personas gravemente enfermas, no puede descartarse en el asunto cierta componente de ego, lo cual desde luego es muy humano, pero también puede tener sus riesgos para terceras personas (en el caso de las vacunas, no enfermas, sino sanas). Tampoco puede descartarse la agresiva campaña comercial de las compañías farmacéuticas para una vacunación masiva. Esto es lo que está ocurriendo con la nueva vacuna contra el papiloma, que las prisas y la precipitación en su puesta en marcha están haciendo mucho daño, en primer lugar a la población de niñas vacunadas que en el mundo están teniendo graves problemas de salud por reacciones adversas, y además sirviendo también al descrédito y a la mala imagen de las vacunas en general.

Teresa 29/03/2010
Una cosa es conocer la relación epidemiológica entre ciertos tipos de papilomavirus y la aparición del tumor de cérvix (también existen otros cofactores implicados no muy bien conocidos o estudiados), y otra bien distinta extrapolar -sin demostrar con total rigor científico- que una potencial vacuna pueda prevenir en un futuro a largo plazo la aparición de casos de tumor de cérvix en la población vacunada. Cada vez es más frecuente que investigadores que realizan bien su trabajo básico o de campo tienen muchas prisas por buscar o encontrar utilidad a sus descubrimientos. Aunque esto de la utilidad es muy deseable, máxime cuando algo puede ayudar a sanar a personas gravemente enfermas, no puede descartarse en el asunto cierta componente de ego, lo cual desde luego es muy humano, pero también puede tener sus riesgos para terceras personas (en el caso de las vacunas, no enfermas, sino sanas). Tampoco puede descartarse la agresiva campaña comercial de las compañías farmacéuticas para una vacunación masiva. Esto es lo que está ocurriendo con la nueva vacuna contra el papiloma, que las prisas y la precipitación en su puesta en marcha están haciendo mucho daño, en primer lugar a la población de niñas vacunadas que en el mundo están teniendo graves problemas de salud por reacciones adversas, y además sirviendo también al descrédito y a la mala imagen de las vacunas en general.

Teresa 29/03/2010
Una cosa es conocer la relación epidemiológica entre ciertos tipos de papilomavirus y la aparición del tumor de cérvix (también existen otros cofactores implicados no muy bien conocidos o estudiados), y otra bien distinta extrapolar -sin demostrar con total rigor científico- que una potencial vacuna pueda prevenir en un futuro a largo plazo la aparición de casos de tumor de cérvix en la población vacunada. Cada vez es más frecuente que investigadores que realizan bien su trabajo básico o de campo tienen muchas prisas por buscar o encontrar utilidad a sus descubrimientos. Aunque esto de la utilidad es muy deseable, máxime cuando algo puede ayudar a sanar a personas gravemente enfermas, no puede descartarse en el asunto cierta componente de ego, lo cual desde luego es muy humano, pero también puede tener sus riesgos para terceras personas (en el caso de las vacunas, no enfermas, sino sanas). Tampoco puede descartarse la agresiva campaña comercial de las compañías farmacéuticas para una vacunación masiva. Esto es lo que está ocurriendo con la nueva vacuna contra el papiloma, que las prisas y la precipitación en su puesta en marcha están haciendo mucho daño, en primer lugar a la población de niñas vacunadas que en el mundo están teniendo graves problemas de salud por reacciones adversas, y además sirviendo también al descrédito y a la mala imagen de las vacunas en general.

Teresa 29/03/2010
Una cosa es conocer la relación epidemiológica entre ciertos tipos de papilomavirus y la aparición del tumor de cérvix (también existen otros cofactores implicados no muy bien conocidos o estudiados), y otra bien distinta extrapolar -sin demostrar con total rigor científico- que una potencial vacuna pueda prevenir en un futuro a largo plazo la aparición de casos de tumor de cérvix en la población vacunada. Cada vez es más frecuente que investigadores que realizan bien su trabajo básico o de campo tienen muchas prisas por buscar o encontrar utilidad a sus descubrimientos. Aunque esto de la utilidad es muy deseable, máxime cuando algo puede ayudar a sanar a personas gravemente enfermas, no puede descartarse en el asunto cierta componente de ego, lo cual desde luego es muy humano, pero también puede tener sus riesgos para terceras personas (en el caso de las vacunas, no enfermas, sino sanas). Tampoco puede descartarse la agresiva campaña comercial de las compañías farmacéuticas para una vacunación masiva. Esto es lo que está ocurriendo con la nueva vacuna contra el papiloma, que las prisas y la precipitación en su puesta en marcha están haciendo mucho daño, en primer lugar a la población de niñas vacunadas que en el mundo están teniendo graves problemas de salud por reacciones adversas, y además sirviendo también al descrédito y a la mala imagen de las vacunas en general.

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