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Luca Tancredi Barone

Roma

No es país para gays

En estos últimos meses, no pasa día en que los periódicos italianos no hablen de una agresión a homosexuales o transexuales en alguna parte del país.

21 de octubre de 2009

Luca Tancredi Barone, Roma

En estos últimos meses, no pasa día en que los periódicos italianos no hablen de una agresión a homosexuales o transexuales en alguna parte del país. En el metro, en la calle, a la salida de una discoteca o de un bar. Los verdugos operan en grupos o a solas, en escúter o a pie. A veces son los mismos padres. Pero el resultado siempre es el mismo: los gays (porque las víctimas suelen ser hombres) acaban heridos en cuerpo y espíritu.


Foto: Eyenumo
Pero hay una buena noticia. Por fin la prensa habla del tema. Y la televisión empieza a mostrar a mujeres y hombres homosexuales como personas y no como caricaturas. Los agresores, por otro lado, son expuestos como criminales y no como simpáticos juerguistas (con cuchillo o bate en el bolsillo). Con excepciones. El diputado del partido del premier Renato Farina, expulsado del colegio de periodistas por haber trabajado ilegalmente como espía bajo el nombre ‘Abedul’, ha escrito en el diario de la familia Berlusconi Il Giornale: “Matar a una persona es el peor crimen que pueda existir, y clama venganza ante Dios. Y no deberían existir gradaciones. Sin embargo, a la luz del sentido común y en cuanto al daño social, ¿estamos seguros de que sea más grave matar a un hombre homosexual soltero que a un padre de familia?”.

Los políticos se confirman incapaces de estar a la altura de los retos sociales del país. La semana pasada el Parlamento italiano se enfrentó a la histórica ocasión de introducir por primera vez en la legislación italiana el delito de discriminación contra los homosexuales. Tras de un año de trabajo, parecía haber llegado el momento de aprobar una modificación en el código penal para añadir la discriminación sexual como agravante en un delito. Sin embargo, y con la complicidad de la mayoría de centro-derecha y de algunos diputados del partido democrático (como la psicoterapeuta del Opus Dei Paola Binetti, famosa por haber afirmado en el pasado que la homosexualidad es una desviación), el partido católico UDC ha conseguido que se apruebe una fallo de inconstitucionalidad en contra de la ley. De repente, el Parlamento italiano ha decidido que una ley contra la homofobia sería contraria a la Constitución. Todo con la ridícula motivación que asegura que la expresión “orientación sexual” comprendería “cualquier orientación, incluso las de incesto, pedofilia, zoofilia, sadismo, necrofilia o masoquismo, entre otras”.

La científica, política y economista Irene Tinagli ha encontrado una forma original para reaccionar a la decisión. En un artículo explica por qué “la homofobia juega en contra de la economía”. “La competición global para atraer talentos sólo la ganan las sociedades abiertas y tolerantes, porque las personas más educadas, brillantes y creativas elegirán vivir en sociedades donde sean libres de ser sí mismas”, explica la investigadora. En Italia pasa justamente lo contrario. También la discriminación en el trabajo es muy común.

Muchos investigadores han estudiado el fenómeno del minority stress (‘estrés de la minoría’). Se trata de una sensación de disgusto psicológico que viven las minorías discriminadas. Como explica el psiquíatra y psicólogo Vittorio Lingiardi en su rico y completo libro Citizen Gay, “un efecto colateral positivo de la aprobación de una buena ley sobre las uniones civiles sería un drástico saneamiento del pantano psicológico y social en el que proliferan homofobia y homonegatividad”. En su análisis detallado de toda la literatura científica sobre el tema, Lingiardi pone en evidencia la falsedad de los prejuicios en contra de las ‘familias arco iris’. “El estudio de las repercusiones sobre el bienestar psicológico, la personalidad y la orientación sexual de los hijos de familias homoparentales, comparado con las de los hijos de familias heterosexuales, jamás ha evidenciado ninguna diferencia”, explica.

‘Terapias reparativas’

Otra señal que muestra que todavía hay mucho que hacer en Italia respecto a la homosexualidad son las llamadas ‘terapias reparativas’, aún en auge. La mejor encuesta sobre ese tema data del 26 de diciembre de 2007. Un periodista fingió ser un gay que pedía ayuda para ‘convertirse’ en heterosexual. En este empeño descubrió toda una red escondida de ‘sanadores’ (supuestamente) arrepentidos, a pesar de que en la actualidad estas prácticas son consideradas ilegales por las asociaciones psicológicas mundiales. En otros países donde la homosexualidad es más aceptada en el ámbito institucional, sólo una pequeña minoría de psicólogos aceptaría, casi siempre de mala gana, ‘curar’ a homosexuales.

En Italia, Paola Binetti, que utiliza a diario el cilicio, afirma públicamente que estos curadores  hacen un trabajo excelente: “Hasta los ochenta, en los principales textos científicos mundiales la homosexualidad era clasificada como enfermedad, idea que los grupos de presión (lobbies) de los homosexuales han conseguido borrar. Sin embargo, las evidencias clínicas demuestran el contrario”. Binetti sigue siendo miembro del Partido Democrático y presidente de la Sociedad Italiana de Pedagogía Médica.

Con el objetivo de estigmatizar este tipo de terapias dañinas, Lingiardi organiza un simposio internacional en Roma el mes que viene. El psicólogo explica en su libro: “Quien defiende estas terapias olvida que la orientación sexual es una parte nuclear de la identidad, y que intentar modificarla puede tener consecuencias graves para la salud mental. Un psicólogo tiene que trabajar con el sentido de los síntomas, y preguntarse por qué ser homosexual puede hacer infeliz a una persona”. Según el escritor, hay dos posibles respuestas: “la expresión de una fragilidad psíquica más general, en la cual la incertidumbre o el malestar hacia la propia sexualidad son una manifestación sintomática; o la consecuencia de la interiorización de la hostilidad social, la homofobia interiorizada”.

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