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"La nave se hunde y hacemos como si no pasara nada"

Este discípulo del profesor Ramon Margalef dirige la Unidad de Ecología Global CREAF-CEAB-CSIC, situada en el CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), en la Universidad Autónoma de Barcelona. Recientemente ha sido galardonado con uno de los dos nuevos Premios de Investigación de Cataluña, otorgados por Talència, concretamente el relativo al reconocimiento de toda una carrera científica, dotado con 40.000 euros

JORDI MONTANER | 18 DE OCTUBRE DE 2010


Estos galardones tienen como objetivo impulsar el talento investigador en Cataluña, pero su fama como científico rebasa las fronteras... En los ISI Essential Science Indicators, su nombre aparece en la categoría de highly cited (muy citado)…

Eso quiere decir que hoy día interesan bastante los temas de ecología/medio ambiente, la biología vegetal y también animal.

¿De dónde arranca esta vocación ecológica?
Siempre me ha preocupado averiguar los mecanismos por los cuales la existencia tiene lugar. En realidad, empecé la carrera de Biología con la genética en la cabeza; pero fue la influencia de Ramon Margalef la que hizo decantarme finalmente hacia la ecología.
Me especialicé en ecofisiologia, la ciencia que estudia las interacciones biosfera-atmósfera, los cambios globales, climáticos, la contaminación atmosférica, las emisiones biogénicas de COVs, la teledetección, el ecofisiologia vegetal, el funcionamiento y estructura de los ecosistemas mediterráneos, etcétera.
En nuestro departamento trabajamos para conocer mejor la naturaleza, pero también para remediar (ecología aplicada) los conflictos que detectamos.

Seguro de que no son pocos... Los activistas medioambientales son cada vez más pesimistas.
Terradas, en su último libro, hace una comparación muy acertada entre lo que pasa actualmente y el hundimiento del Titanic... No es que anunciemos la presencia de un enorme iceberg en nuestras narices, sino que ya hace rato que hemos chocado, la nave se hunde y nosotros seguimos cenando y bailando como si no hubiera pasado nada... Aun así, soy optimista, creo que todavía hay espacio de maniobra para salvar muchas cosas. El primer paso, en todo caso, es tomar conciencia de lo que está pasando.

¿El segundo?
Descarbonarnos, gestionar mejor el carbono que sigue siendo todavía el recurso energético más preciado y que es la fuente de la mayor contaminación, efecto invernadero y cambio climático.

Pues todavía hay quien piensa que el clima cambia siempre de forma natural y que los organismos también se extinguen siguiendo las leyes mismas de la naturaleza...
Todo eso es cierto, pero los estudios que hemos hecho demuestran que la Tierra nunca antes se ha calentado tan deprisa como ahora, y que las tasas de extinción de especies vegetales y animales nunca han sido antes tan altas. La brusquedad de estos cambios hace falta encontrarla en la acción del ser humano.

¿Y no será que si estamos cargándonos el planeta es porque somos demasiada gente y no queda ningún otro remedio?
Los ecólogos no podemos decidir la conducta a seguir, pero no paramos de proponer salidas sostenibles. La más importante, una adecuada gestión del suelo. La peor parte de la extinción no es la que afecta en los organismos, sino en los hábitats. Cada vez hay menos espacio naturalizado y hay que romper con esta inercia. Los organismos, aparte de extinguirse, tienen la opción de buscar un hábitat nuevo o adaptarse. Cuándo estropeamos un bosque o un pantanal, para convertir aquel espacio en una cosa diferente, echamos por tierra todo lo que un ecosistema ha tardado millones de años en constituir, reducido a nada de un día a otro.

Puestos a cambiar hábitos, que no hábitats, empecemos por los científicos...
En nuestro departamento, por ejemplo, colaboramos a que las administraciones europeas midan bien la contaminación y fijen límites de validez internacional. En este sentido, hemos sido pioneros en la identificación de mecanismos eco-fisiològics relacionados con el carbono y el oxígeno en la distribución de las especies vegetales; en el desarrollo de técnicas de teledetección del funcionamiento de ecosistemas, la constatación de los efectos del cambio global y climático o la contaminación atmosférica sobre la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas y la biosfera (con especial atención a los ecosistemas mediterráneos), y el descubrimiento de mecanismos y funciones relacionados con compuestos orgánicos volátiles. Aprendemos, y después explicamos, cómo tantos organismos son capaces de retroalimentar el daño causado.

El problema es que los humanos destruimos a una velocidad muy superior a la de la naturaleza para reponer las cosas perdidas o destrozadas.
Tenemos que cambiar, insisto, los usos del suelo. Éste es el principal reto de futuro a mi entender. El mucho que hemos deshecho, de esta manera, será menos y daremos más opciones a la retroalimentación del mundo natural.

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