Por mucho que un individuo vaya al gimnasio, no por ello sus hijos nacerán musculados. Sin embargo, algo de las costumbres individuales sí se transmite a la descendencia. Así lo asegura la epigenética. Esta disciplina está revelando que el destino de las personas no está escrito en su ADN, sino que depende de manera crucial del entorno y del estilo de vida. Es más, estas influencias pueden incluso transmitirse a la progenie, algo que requiere una puesta al día de la propia teoría de la evolución de Darwin.
MICHELE CANTAZARO | 27 DE SEPTIEMBRE DE 2010