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Un monumento a la biodiversidad

El pabellón del Reino Unido en la Exposición Universal de Shanghái es uno de los más llamativos, y no por su tamaño: tanto su diseño como el mensaje que encierra son lo más original del acontecimiento.

Zigor Aldama | Shanghái | 14 de junio de 2010


Foto: Zigor Aldama
No es más que un cubo con un montón de pelos, pero el Pabellón del Reino Unido en la Exposición Universal de Shanghái ya ha levantado pasiones. Es fácil entender el porqué: la mayoría del centenar largo de edificios que cubren las cinco hectáreas del recinto son una sucesión de variaciones sobre el mismo tema. La monotonía sólo se rompe aquí y allá con creaciones espectaculares y originales, entre las que también se encuentra el Pabellón de España.

Pero, en el caso británico, el efecto va más allá de lo estético y entra de lleno en el contenido, que es donde muchos países dejan a un lado el lema de la Expo, Better City, Better Life, para hacer una promoción turística más o menos desvergonzada. Es evidente que el gran acontecimiento chino de este año tiene más de económico que de urbanístico, pero hay excepciones.

La “catedral de las semillas” británica ya se ha ganado el primer puesto entre las razones de City Weekend, una de las publicaciones más importantes del sector del ocio en China, para amar la Expo. Y no exageran. Lo que primero llama la atención es el exterior de este pequeño espacio: 60.000 pelos de resina hacen que el cubo se convierta en una bola camaleónica, que cambia de tonalidad según la temperatura y que en todo momento, se mire como se mire, dibuja en su fachada la Union Jack. Además, estos filamentos son la fuente de luz en el interior durante el día, lo cual convierte la única sala abierta al público en un lugar con mucho misterio.


Foto: Zigor Aldama
Pero la muestra comienza antes de adentrarse en el pabellón. Hay que hacer hasta tres horas de cola para poder acceder al pequeño parque de césped artificial, cuya forma se asemeja al papel que hubiera envuelto la bola de pelos, y que da aire al edificio. Una vez en el recinto, uno se encuentra con el primer punto de interés: una serie de mapas de ciudades del Reino Unido en los que sólo se han dejado las zonas verdes. Así, sorprende ver, sobre todo en una jungla de asfalto como Shanghái y teniendo en cuenta el importante recorrido industrial de los ejemplos que se muestran, cómo Belfast, Cardiff, Edimburgo y Londres son grandes manchas verdes con salpicaduras blancas que representan edificios. Es la primera norma de la urbanización sostenible y vivible: espacio vegetal y aire limpio.

Estos mapas ubicados en uno de los laterales del pabellón muestran el camino hacia el plato fuerte: la catedral de las semillas. Es aquí donde cada uno de los filamentos muestra su verdadera razón de ser: contiene una semilla diferente. Sin duda, el interior resulta espectacular, y es un canto a la biodiversidad del planeta. Las 60.000 especies que se muestran proceden del Instituto Chino de Botánica, en Kunming, que participa en el programa Millenium Seed Bank británico.

Eso es todo: una sala con gran parte de nuestra flora encerrada en plástico. Para algunos, acostumbrados a los efectos especiales y las proyecciones en 3D de otros pabellones, parece poco. Sin embargo, estas críticas del público general chocan con las alabanzas de los visitantes especializados, en una muestra más de que la Expo es un espectáculo de masas y no el lugar para hacer que nuestro planeta avance hacia un futuro mejor, que es exactamente lo que se propone en la última parte del recorrido, a la salida del pabellón.

Se trata de la parte de Living City, donde se dan a conocer las futuras plantas creadas en laboratorio, cuyos ámbitos de uso pueden ser tan diversos como la medicina o el combate contra el cambio climático. La mayoría de los visitantes pasa de largo, sin saber muy bien qué son esos vegetales extraños hechos con plástico. El mensaje cala en poca gente, pero merece la pena trasladarlo. Y qué mejor que acabar la visita tirado al sol en el parque del pabellón, aunque sea sintético.

Comentarios

       
3 comentarios

thomas sabo 26/09/2010
La majoria dels visitants hi passa de llarg, sense saber molt bé què són aquests vegetals estranys fets amb plàstic. El missatge cala en poca gent, però val la pena traslladar-lo. I què millor que acabar la visita estirat al sol al parc del pavelló, encara que sigui sintètic. http://www.shoppingthomassabo.org/

thomas sabo 26/09/2010
La majoria dels visitants hi passa de llarg, sense saber molt bé què són aquests vegetals estranys fets amb plàstic. El missatge cala en poca gent, però val la pena traslladar-lo. I què millor que acabar la visita estirat al sol al parc del pavelló, encara que sigui sintètic. http://www.shoppingthomassabo.org/

thomas sabo 26/09/2010
La majoria dels visitants hi passa de llarg, sense saber molt bé què són aquests vegetals estranys fets amb plàstic. El missatge cala en poca gent, però val la pena traslladar-lo. I què millor que acabar la visita estirat al sol al parc del pavelló, encara que sigui sintètic. http://www.shoppingthomassabo.org/

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