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Bilingüismo desde la cuna

Ser bilingüe o multilingüe tiene numerosas ventajas, pero también desventajas. Varios expertos las exponen y rompen ciertos mitos a raíz de la presentación del libro ‘Multilingües desde la cuna’, de Anna Solé, que ha tenido lugar en Barcelona. Todos coinciden en un aspecto: educar desde el principio y con naturalidad.

Patricia Morén | 1 de junio de 2010


Foto: Shawn  Econo
En la sociedad de hoy, poder hablar más de un idioma es una ventaja a la hora de acceder a determinados trabajos, además de una suerte para poder comunicarse con personas de diferentes lenguas y culturas. En definitiva, es un punto a favor para "abrirse a campos de interacción más amplios", según Laura Bosch, profesora titular de la
Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB).

Anna Solé es autora del libro
Multilingües desde la cuna. Educar a los hijos en diversas lenguas, promovido por la Càtedra de Multilingüisme Linguamón de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y publicado por la Editorial UOC. Solé, que ha presentado recientemente la publicación en Barcelona, sabe por experiencia propia qué significa ser multilingüe, un fenómeno mucho menos estudiado que el bilingüismo por la dificultad que entraña encontrar grupos homogéneos de estudio. Además, trabaja en la Comisión Europea, donde se promueve el pluralismo lingüístico y donde se encuentran muchas parejas mixtas. Ella es bilingüe catalana y castellana, está casada con un flamenco con el que habla inglés y vive en Bélgica, donde se habla flamenco y francés. En su vida hay cinco lenguas muy presentes y, cuando nació su hija, se planteó educarla en el multilingüismo sin crearle mucha confusión.

Es por este motivo que aplicó una de las estrategias que explica en su libro y que muchos científicos apoyan desde hace más de un siglo:
una persona, una lengua (OPOL, de one person one language), una teoría enunciada por el lingüista francés Maurice Grammont y que se ha ido revisando. Así pues, Solé enseñó a su hija su lengua materna, el catalán, mientras que su marido le enseñó el neerlandés. "Esta es la situación más limpia y facilitadora para el aprendizaje del lenguaje, porque si la madre habla a su niño en una lengua y el padre en otra, éste podrá diferenciarlas mejor con dos hablantes diferentes. Pero normalmente las situaciones son mixtas", comenta Bosch.

Una vez la hija de Anna Solé asentó los dos idiomas, el paterno y el materno (este es un aspecto fundamental), introdujeron el inglés (gracias a las conversaciones que mantenían los padres entre ellos), el francés (en la escuela) y el español (con las canguros). Ahora, la niña habla cinco idiomas. Es un ejemplo del éxito en la educación multilingüe, que se puede conseguir con diferentes estrategias, basadas en diferentes teorías científicas, además de la OPOL.

Rompiendo mitos

¿Es del todo positivo el afán por educar a los niños en diversas lenguas? Hace años se extendió un mito según el cual "el bilingüismo crea confusión mental. Pero esto quedó desmentido en los años sesenta gracias a un estudio de Lambert, ya que el bilingüismo es normal y mayoritario en el planeta", comenta Anna. Este mito fue alimentado por estudios previos, de los años cincuenta, realizados en niños inmigrantes sometidos a preguntas de cultura general en una segunda lengua, el inglés, cuando aún hacía poco tiempo que habían llegado al país de acogida y no la dominaban mucho, "motivos por los que no sacaron buena nota", aclara Solé.

Diferentes estudios han demostrado que el bilingüismo ayuda a desarrollar ciertas capacidades de atención y de control ejecutivo Si bien es cierto que, al principio, algunos niños bilingües o multilingües pueden mezclar varias lenguas, no todos lo hacen, y esta etapa siempre es temporal, puede durar entre dos y cuatro años, explica la autora del libro. "No son interferencias del lenguaje, sino formas de inicio del lenguaje en entornos mutilingües. Ocurre que los niños eligen la palabra que les resulta más fácil", comenta Bosch.

Otro mito que hay que cuestionar es que los niños lo aprenden todo. “
Es cierto que tienen una capacidad ilimitada, pero tienen que hacer esfuerzos para decodificar diferentes lenguas, y no aprenden bien si no se les expone durante años a fuentes bastante ricas y variadas de cada lengua y se les motiva", explica Soler. Contar con niñeras y familiares que hablen en otra lengua y con programas multimedia son algunos trucos para que se den cuenta de que todas las lenguas pueden ser útiles y quieran utilizarlas.

Pros y contras

Para que el bilingüismo tenga ventajas cognitivas debe superar lo que se llama el doble umbral de James Cummins. Se trata de un dominio lingüístico mínimo que se debe alcanzar para no tener problemas de aprendizaje y un límite al que hay que llegar para poder disfrutar de las ventajas del bilingüismo, explica Soler.

Entre estas ventajas cognitivas, diferentes estudios han constatado que el bilingüismo ayuda a desarrollar ciertas capacidades de atención y de control ejecutivo, coinciden en explicar Bosch y Albert Costa, investigador ICREA y profesor asociado de
Neurociencia Cognitiva de la Universidad Pompeu Fabra. Es decir, ayuda a adquirir la habilidad para cambiar de idioma y controlarlo sin que haya interferencias entre ambos. Otros estudios apuntan que el bilingüismo podría retrasar la demencia, añade Costa, aunque los resultados al respecto son contradictorios.

Pero también tiene desventajas, aunque no son dramáticas. Una de estos es la menor frecuencia en el uso de las palabras, porque hay que repartir el tiempo entre dos lenguas. Algunas palabras son de alta frecuencia, como perro, y otras son de baja frecuencia, como roble, que sólo utilizamos dos veces al año de media, explica Costa. Palabras como esta cuestan de recuperar, son las típicas que "tenemos en la punta de la lengua" y las que explican los lapsus lingüísticos habituales de los bilingües. También se ha visto que, en general, el bilingüismo supone un vocabulario más restringido, aunque, cuando se juntan las dos lenguas, el léxico es más amplio. Los tecnicismos, por último, suelen aprenderse en un solo idioma, según Solé.

APRENDER DESDE LA CUNA El patrón sonoro es uno de los motivos por los que es beneficioso aprender desde la cuna, ya que se desarrolla durante el primer año de vida. Los niños son capaces de distinguir entre los sonidos de una lengua y otra antes de los seis meses, aunque sean tan cercanas como el catalán y el español o el inglés y el holandés, según un estudio de la UB publicado en la revista Infancy, expone Bosch.

Además, dominar una lengua implica un aprendizaje en diferentes ámbitos como el de los sonidos, el léxico y las reglas gramaticales. El talento para aprender una segunda lengua varía entre las personas, y algunas tienen más facilidad en algún ámbito concreto, como, por ejemplo, el del acento. "Parece que aquellas personas que aprenden una segunda lengua y tienen muy buen acento se diferencian de aquellas que no lo tienen en el procesamiento fonológico de la primera lengua. Es decir, tendrían el oído más desarrollado por los sonidos de la lengua", explica Costa. Según el investigador, un caso ilustrativo de facilidad para aprender un ámbito concreto de la lengua es el del escritor Joseph Conrad, de origen polaco, que, a pesar de no poder comunicarse en inglés, conocía muy bien las estructuras gramaticales de la lengua inglesa y la utilizaba para hacer literatura.

La adquisición temprana de dos idiomas también tiene efectos en el cerebro, puesto que se ha visto que estos aprendizajes se solapan y ocupan las mismas áreas cerebrales. En cambio, cuando una segunda lengua se aprende tardíamente, ocupa un sustrato mayor y hay que usar más recursos cerebrales, informa Costa.

Si se les enseña desde la cuna, ¿los bilingües lo serán totalmente o tendrán una lengua predominante? Esta es otra cuestión polémica sobre la que se han hecho pocos estudios. Lo que pasa habitualmente es que el tiempo que se dedica a cada lengua no es equitativo y, por esta razón, suele predominar una sobre otra, argumenta Bosch.

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