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Zigor Aldama

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Àsia

Un premio al misterio

El Premio Príncipe de Asturias recae en los arqueólogos que descubrieron los guerreros de terracota de Xian. Global Talent se acerca a los secretos que todavía no han sido desvelados.

Zigor Aldama | Xian | 31 de mayo de 2010

No importa cuántas veces se haya visto la fotografía. Al natural, los guerreros de terracota de Xian ponen la piel de gallina. No es sólo la magnitud del conjunto, capaz de rivalizar con la megalomanía de los faraones egipcios; es también la sensación de presenciar un descubrimiento arqueológico que está vivo. Porque continúan las excavaciones en los cuatro gigantescos yacimientos abiertos al público, habitados por miles de figuras ancestrales, de tamaño y detalle asombrosos, y por científicos que desentierran los cientos de esculturas que todavía se esconden en el subsuelo.

A ellos se les ha concedido este año el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, un galardón que tiene en cuenta el papel que los guerreros de terracota han tenido en “dar a conocer al mundo la importancia cultural de China”. No en vano, cualquier tour por el gigante asiático incluye una parada en Xian, y también algunos de estos particulares guerreros han viajado por el mundo. Llegaron incluso al Museo Guggenheim de Bilbao, y tienen su propio espacio en el Reino Unido. Según el jurado, encabezado por Manuel Fraga, este equipo de arqueólogos “desarrolla un proyecto de investigación multidisciplinar que permite el estudio de un importante periodo de formación del imperio chino que se remonta a más de dos milenios atrás y que tuvo un enorme impacto en la configuración de aquella sociedad”. Además, el trabajo de estos arqueólogos no es sólo descubrir, sino también preservar y mostrar.

Muestra de que el tiempo es un enemigo “formidable” son las heridas que han sufrido muchos de los soldados y de los caballos que ya han visto la luz. Algunos han sido incluso decapitados, pero eso otorga aún mayor realismo a un ejército que continúa guardando los restos del primer emperador de China, Qin Shihuang, 2.200 años después de que se le encargara tal misión. De hecho, su tumba permanece cerrada en el interior de una misteriosa pirámide de 76 metros de altura, para evitar su destrucción.

Hasta la fecha, los científicos, que comenzaron a trabajar después de que un campesino diera por casualidad con uno de los yacimientos en 1974, han dejado al descubierto 6.000 figuras, todas ellas diferentes, de un total estimado de 8.000. Pero el ejército puede ser sólo el principio de uno de los mayores descubrimientos de la era moderna, y continúa el debate sobre lo que realmente se oculta bajo el suelo. Incluso hay quien disputa el hecho de que las figuras sean guerreros. Jiu Jiusheng, historiador y estudioso del conjunto, aseguró en un informe publicado en abril del año pasado que son, en realidad, sirvientes, guardaespaldas y parte de la corte del emperador.

Pero la mayor incógnita ahora reside en el palacio subterráneo que alberga la tumba de Qin Shihuang, y que podría servir de argumento para una nueva entrega de Indiana Jones. No se sabe qué hay en su interior, aunque la leyenda cuenta que está repleto de tesoros, ni qué trampas pueden aguardar a quien trate de abrirlo. Se ha encontrado gran cantidad de mercurio que podría ser utilizado como veneno. Asimismo, los planos que manejan los arqueólogos chinos hacen pensar que el edificio, cuyas dimensiones tampoco están claras, guarda todo tipo de trampas, incluidas flechas que se dispararían solas y que, a juzgar por el revestimiento de cromo encontrado en las que portan los guerreros de terracota, podrían ser todavía totalmente funcionales. No es de extrañar que nadie quiera ser el primero en cruzar la puerta.

Hay quienes creen que lo mejor sería dejar la tumba como está. Otros abogan por abrirla para que sus secretos sean revelados y se dé un mayor impulso a la industria del turismo de la zona. De momento, el Premio Príncipe de Asturias ya es un aliciente más para acercarse hasta uno de los principales hallazgos arqueológicos del siglo XX que todavía podría dar una gran sorpresa. Sin duda, éste es un premio al misterio.

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