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Zigor Aldama

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Trucos chinos (II)

China apuesta por las energías renovables, pero los intereses empresariales suponen un escollo para su desarrollo y ahuyentan a las compañías extranjeras.

24 de mayo de 2010

Zigor Aldama | Shangái

China apuesta sin fisuras por las energías renovables para substituir el carbón que todavía cubre el 75% de las necesidades del Gran Dragón. Teniendo en cuenta sólo la extensión que ocupa el país, el cuarto mayor del planeta, y la población que lo habita, en torno a los 1.400 millones de personas, el mercado no puede resultar más jugoso para las empresas líderes de los sectores involucrados: nuclear, eólico, solar o hídrico, entre otros. Sin embargo, la situación no es en absoluto fácil, hasta el punto que algunas empresas han decidido tirar la toalla.


Foto: Antonio  Guerra
Es el caso de Acciona, que implantó su negocio de aerogeneradores a través de una joint venture con un socio chino, una empresa estatal, que no cumplió con las expectativas de la empresa española. En su aventura china, Acciona ha conseguido vender sólo 250 megavatios en un país que sólo el año pasado licitó más de 5.000. Así, no es de extrañar que haya decidido vender su parte de la empresa y establecerse únicamente para dar servicio a los aerogeneradores que ya ha instalado. Teniendo en cuenta el crecimiento que vive el sector en el gigante asiático, parece una decisión totalmente errada.

Pero hay mar de fondo. Curiosamente, muchos de los aerogeneradores que están instalados en territorio chino no producen electricidad. Se estima que el 30% de la potencia total no está conectada a la red. “No están enchufados”, sintetiza de forma gráfica Juan Ignacio Motiloa, director de Estrategia de Gamesa, uno de los líderes mundiales del sector eólico, que cuenta ya con cuatro fábricas en China y está construyendo una quinta. ¿Y cómo es eso posible? Porque la Ley de Energías Renovables obliga a las eléctricas a instalar para este año una capacidad equivalente al 3% del total (un 8% para 2020) en fuentes limpias no hídricas.

Pero sólo a instalarlo. No existe ninguna exigencia sobre la producción de energía, así que muchos se ahorran el costo de la infraestructura necesaria para conectar los molinos a la red. “Claro que esta situación está cambiando gracias a la salida a bolsa de estas empresas estatales. En el momento en que salen al parqué tienen que mostrar beneficios, y consideramos que eso llevará a que, a pesar de las presiones para comprar producto chino, las eléctricas opten por aerogeneradores de buena calidad, con independencia del origen de la empresa que los fabrique”, analiza Jesús Zaldua, presidente de Gamesa China.

Pero la legislación que propone el país asusta. El mes pasado los fabricantes de aerogeneradores extranjeros tuvieron que enviar sus comentarios sobre una propuesta de ley que supondría “una limpieza total del sector”. El Partido Comunista considera que existe un exceso de capacidad entre los productores de aerogeneradores y plantea que sólo puedan operar fábricas con una capacidad anual superior a los 1.000 megavatios, de las que salgan máquinas de un mínimo de 2,5 megavatios (como ejemplo, Gamesa acaba de introducir la de 2 megavatios ), y que se destine el 5% de las ventas a I+D.

Javier Ojeda, director de Acciona Renovables en China, considera que este borrador justifica aún más la decisión de su empresa de salir del mercado de aerogeneradores. “Es una ley que no invita a nadie a venir”, asegura. Pero China contraataca, y no sólo niega que se estén introduciendo medidas proteccionistas, sino que asegura que el ambiente para las empresas extranjeras ha mejorado. Y esgrimen datos para sustentar esta afirmación. En un artículo publicado en el diario oficial China Daily, Yang Changyong, de la Comisión Nacional para el Desarrollo y la Reforma, apuntaba que, en contraste con la importante caída global de la inversión extranjera directa (un 39% en el conjunto mundial, un 41% en los países desarrollados y el 35% en los que están en vías de desarrollo), “en China sólo cayó el 3%, y está en crecimiento desde el pasado mes de agosto”.

Pero en el artículo Changyong también advierte de que “es necesario que las empresas y los medios de comunicación extranjeros entiendan y respeten a China, incluidas sus leyes y sus costumbres”. Y lanza una velada amenaza: “Si las empresas foráneas se lamentan y la prensa exagera estas quejas sin analizar la situación, sólo conseguirán posponer la mejora del marco inversor de China, y terminarán por dañar los intereses de sus empresas”. El mensaje está claro: mejor callar ante los trucos chinos.

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