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Zigor Aldama

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Àsia

Trucos chinos (I)

La situación de China en el sector eólico deja al descubierto la cara oscura de su desarrollo empresarial.

17 de maig del 2010

Zigor Aldama | Tianjin


Foto: Guy Hatton
En muchas ocasiones, China nos deja con la boca abierta. El desarrollo del país, hasta hace poco todavía un “dragón dormido”, parece sacado más de un sueño que de la realidad, y el camino que ha trazado sirve de modelo a otros países en vías de desarrollo que buscan un lugar en este mundo globalizado. Pero la transformación del gigante asiático, como sucede con el nacimiento de todas las superpotencias, tiene sus sombras.

Recientemente he tenido ocasión de visitar una de las cuatro plantas que Gamesa, una de las empresas líderes en el mercado de los aerogeneradores, tiene en la ciudad de Tianjin, un gigantesco centro industrial promocionado por el Partido Comunista a golpe de incentivo fiscal. Sin duda, las instalaciones de esta empresa vasca, que está ya dedicada a la construcción de una quinta instalación en el país que ahora lidera el crecimiento económico del planeta, resultan espectaculares. O lo resultarían si no fuera porque mi visita coincidió con un corte de electricidad en todo el parque industrial. “Por el artículo 33”, bromeaba uno de los responsables de la planta, que sólo se había enterado de los planes del cese del suministro un día antes.

Este hecho es un reflejo de la situación a la que se enfrentan las compañías extranjeras que se implantan en China, pero es una broma comparado con las trabas en un ámbito mucho más crítico: el legislativo. Después de haber conseguido convencer a empresas extranjeras para que trajeran capital primero y tecnología después, muchos analistas coinciden en ver en la actitud del gobierno chino un endurecimiento peligroso respecto a las condiciones que aplica a estas empresas foráneas. “Es como si nos dijeran que ya no nos necesitan, y que ahora es su momento”, reconocía un alto directivo que prefiere mantener el anonimato.

Sí que lo ha dicho alto y claro el presidente de la Cámara de Comercio Europea en China. De hecho, Joerg Wuttke tituló un durísimo artículo en el Financial Times con un más que elocuente “China está comenzando a frustrar a los negocios extranjeros”. En el texto aseguraba que, durante toda su experiencia en China, nunca había notado un sentimiento tan pesimista: “Después de 30 años de reforma económica progresiva, las empresas extranjeras sienten que se les ha colocado delante una imprevista e inexpugnable barricada”. Sin duda, el caso de Google viene a la cabeza.

¿Una nueva Gran Muralla? ¿Pero, cómo? Quise ahondar en el texto de Wuttke y me puse en contacto con la institución que dirige para recabar más datos, centrados ya en el sector eólico, que es uno de los más afectados porque el gobierno chino considera que hay una sobrecapacidad y que es necesaria una “limpieza”. “La mayor parte de los productores europeos considera que Pekín ha introducido excesivas medidas proteccionistas para ayudar al desarrollo y la consolidación de las empresas locales”, me explicó Adam Dunnet, director general del organismo europeo. “Ahora que China se está convirtiendo en parte integral del mercado eólico mundial, esas empresas están tratando de vender sus productos fuera de sus fronteras. Consideramos que ese proteccionismo les impedirá crecer en el mercado internacional, por lo que China sólo consigue frenar la internacionalización de sus marcas”. Y lastrar los resultados de los líderes mundiales del sector, claro. “Muchas empresas nos han comentado seriamente que están considerando abandonar el país o dirigir sus inversiones hacia otras áreas”, apostilló Dunnet.

Es fácil entender el por qué de esta decisión gubernamental cuando se echa un vistazo a los números, que sabemos que no mienten. Hace seis años, los fabricantes extranjeros de aerogeneradores disfrutaban del 75% del mercado chino de energía eólica; el año pasado ese porcentaje se había reducido hasta un mísero 11%. Mientras tanto, empresas chinas que hace un lustro estaban en su infancia, como es el caso de Sinovel, han logrado ya un puesto entre los líderes mundiales y gozan de una posición privilegiada en el principal mercado del planeta: el suyo, como es evidente.

Claro que juegan con una ventaja importante. El año pasado, el gigante asiático licitó la compra de 5.250 megavatios de potencia, que se pueden traducir en otros tantos aerogeneradores. Los productores extranjeros se llevaron un golpe sin precedentes: no se les concedió ni un solo megavatio. ¿Proteccionismo a lo bestia? No hay duda, dicen. Y en el sector eólico hay mucho que contar.

Continuará…

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