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Zigor Aldama

Corresponsal

Àsia

El Mekong llora

El desarrollo económico de Asia deslumbra al mundo, pero tiene su cruz en los problemas medioambientales que provoca. La biodiversidad de la principal arteria del Sudeste asiático está en peligro.

10 de mayo de 2010

Zigor Aldama | Xangai


Foto: Zigor Aldama
Hace ahora once años que tuve mi primer contacto con el río Mekong. Fue en su delta, al Sur de Vietnam. Ya entonces me pareció un lugar tan interesante en lo social como preocupante en lo medioambiental. Miles de barcazas de todo tipo y tamaño, pero siempre sucias y destartaladas, hacían de la principal vía fluvial del Sudeste asiático, y una de las mayores de todo el continente, un lugar más concurrido que la M-30 madrileña. La basura se tiraba sin miramiento a un agua que, por otra parte, sirve para que el “cuenco de arroz” de Vietnam, como llaman al delta, sea capaz de alimentar a gran parte del país.

Con el paso de los años, me he acercado al maltrecho Mekong en diferentes ocasiones y he visitado diferentes puntos. Fui testigo en Laos de cómo se levantaba una impresionante barrera en uno de sus afluentes, la presa Nam Theun 2, que ya ha comenzado a funcionar a pesar de las críticas de organizaciones ecologistas como International Rivers. Pero sólo es una de las 70 presas que el Partido Comunista planea erigir para convertir el pequeño país, de sólo cinco millones de habitantes, en la “batería de Asia”. Todo en aras del bien económico de un territorio que sólo cuenta con los recursos hídricos que le proporciona la Tierra. Y hay que explotarlos, porque lo que importa es el PIB, aunque su crecimiento suponga que río abajo los agricultores tengan problemas para cosechar el cereal que les da la vida. Claro que a los laosianos les ha salido, en el Norte, un duro competidor por los recursos: China.

El gigante asiático no quiere construir muchas presas, sólo cuatro. Pero qué cuatro. Son las murallas de Lancang, y entre ellas se encuentra la más alta del mundo. Tal es su impacto que muchos han comenzado a criticar el efecto que están teniendo en la actual sequía que afecta, de forma muy grave, al centro-sur del país. No obstante, China niega tales acusaciones y los planes siguen adelante, a pesar de que la explotación combinada de varios países (Tailandia y Camboya también quieren añadir presas) es muy peligrosa para la salud del Mekong.

Hay ocasiones, como ésta, en las que cuesta creer que los gobiernos sean tan cortos de vista. “Pan para hoy y hambre para mañana”, diría mi abuela. Los políticos se resguardan de las críticas tratando de manchar la reputación de los ecologistas que les atacan. El Banco Mundial, por ejemplo, suele enviarme periódicamente notas de prensa en las que refutan todo aquello que publica International Rivers; y es complicado encontrar un punto intermedio, ya que es cierto que ambas partes tienden a buscar el extremo de cada historia. Pero, en este caso, la propia Organización de las Naciones Unidas ha lanzado un mensaje de alarma a través de un detallado informe de su Programa Medioambiental.

El asunto tiene también su impacto en la fauna de esta arteria fluvial. Según un informe de 2006, el 87% de los peces que habitan el Mekong son especies migratorias que quedan atrapadas en las presas. ¿A dónde irán? Incluso la Comisión para el Mekong anuncia que los intereses de los pescadores del río quedarán gravemente perjudicados por la sucesión de barreras a lo largo de su curso.

Así, mientras unos pocos se benefician de la producción de energía, del aumento del transporte de mercancías y, en general, de esos puntos de PIB que les sirven para sustentar los argumentos a favor de planes megalómanos, la mayoría pobre sufre las consecuencias y queda al margen de cualquier beneficio económico. Como de costumbre.

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