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"Los gobiernos deben obligar a que la eficiencia energética no sea un extra"

Alejandro Zaera, arquitecto

Madrid ha sido elegida para mostrar su trabajo en el ámbito de la vivienda social en la próxima Exposición Universal de Shanghái. Global Talent ha hablado con su arquitecto, Alejandro Zaera.

Zigor Aldama | Shanghái | 18 de marzo de 2010


Alejandro Zaera
Una casa de bambú. Así expresado puede parecer una construcción del medievo, pero nada más lejos de la realidad. Es el pabellón con el que Madrid se dará a conocer al mundo en la Exposición Universal de Shanghai, que da comienzo el próximo 1 de mayo. Situado en el Área de Mejores Prácticas Urbanas (UBPA), una zona en la que se mostrarán los mejores ejemplos urbanísticos del mundo, el proyecto madrileño ha sido seleccionado por su excelencia en el campo de vivienda social. Por ello, su arquitecto, Alejandro Zaera, socio del prestigioso estudio Foreign Office Architects (que ya diseñó el pabellón de España en la Expo de Aichi) ha reproducido una de sus construcciones más exitosas en esta modalidad para albergar el hogar de Madrid en Shanghai. La Casa de Bambú original se encuentra en Carabanchel y combina el bajo costo (necesario en la vivienda social) con la eficiencia energética y la experimentación con materiales que no dañan el medio ambiente.

¿Es eso sostenibilidad? Parece un término tan manido que ha perdido su significado.
Sin duda se abusa del término, pero es un objetivo importantísimo en todas las actividades del sector de la construcción. La arquitectura es la actividad que más va a evolucionar en los próximos años en este sentido, porque el modelo actual no es sostenible. Los países emergentes están ya provocando una gran presión sobre los recursos y es necesario un cambio dramático en nuestro sistema.

¿Es la casa de Bambú un ejemplo de lo que veremos en el futuro?
Este proyecto en concreto es una iniciativa interesante, pero mejorable. Es necesario comprender que la eficiencia es costosa en un inicio. Las viviendas sociales han de ser económicas y eso, de alguna forma, limita las posibilidades. Unos niveles sólidos de eficiencia requieren un sobrecoste que oscila entre el 30% y el 40%.

Unos niveles sólidos de eficiencia requieren un sobrecoste que oscila entre el 30% y el 40%¿En qué se invierte ese aumento del presupuesto?
Hay que utilizar materiales de mejor calidad, que resultan en la mayor durabilidad del edificio. Porque no podemos olvidar que la sostenibilidad también va en la duración de la vida útil de los edificios. Antes se pensaba que tenían que servir durante unos 30 años, pero lo adecuado sería que fueran habitables durante 60 o, incluso, un siglo. Además, es necesario invertir grandes sumas en sistemas de energía pasiva, como chimeneas de ventilación, dobles ventanas, cubiertas verdes y aislamiento extra. Son actuaciones que permiten mantener un clima adecuado sin uso de electricidad. En definitiva, hay que construir edificios mejores para reducir el 48% de las emisiones de CO2 que se originan en las ciudades. Pero pocos están dispuestos a pagar el sobrecoste.

¿Qué solución ve a este hecho?
Es necesaria la intervención de los gobiernos, para que obliguen a los constructores a que la eficiencia energética no sea un extra, sino que esté recogida en los estándares. Porque, o nos lo tomamos en serio, o acabaremos con el planeta.


Pero también es necesario involucrar a la población en general.

Por supuesto. Un buen ejemplo de ello es Japón, donde la gente, independientemente de su puesto, hace uso del transporte público. Por otra parte, en verano se pide que los hombres prescindan de la chaqueta y la corbata, de forma que no es necesario enfriar tanto el espacio de trabajo. Hay que educar a la población en el valor del ahorro energético. No pasa nada si hace un poco de calor en verano y de frío en invierno. No es necesario tener una temperatura homogénea todo el año, pero parece que eso choca con nuestra idea del bienestar.

¿Cree que es posible una ciudad con emisiones cero?
No lo sé. Es un concepto muy interesante que nos puede llevar a encontrar nuevos sistemas de ahorro energético. Sin embargo, dudo que se pueda trasladar a la realidad, sobre todo en aquellos lugares en los que el clima es duro. No me imagino una ciudad que no emita nada de CO2 en Oriente Medio o en Escandinavia, porque alcanzar niveles de confort mínimos requiere de mucha energía. Habría que dibujar un mapa de habitabilidad humana, y seguro que eso resultaría en la necesidad de evacuar grandes centros urbanos. Como utopía, quizá sirva. Pero poco más. La pregunta es si se puede producir esa energía necesaria con las renovables.

En cualquier caso, la ciudad con emisiones cero tendría que ser completamente nueva. ¿Qué posibilidades cree que hay de mejorar la eficiencia de urbes históricas, cuyo urbanismo es difícilmente alterable?
Es fácil cambiar ciudades densas como Madrid o Barcelona. Y es casi imposible hacerlo en el sprawl norteamericano, un sistema completamente inviable que sólo refleja lo que no debería hacerse. Hay que dar marcha atrás y utilizar la inteligencia de la arquitectura tradicional adaptada para dar respuesta a nuestras necesidades actuales.

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