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Estudios epidemiológicos, vuelve el debate de las falsas alarmas

Los estudios epidemiológicos han permitido hacer grandes hallazgos científicos, como establecer la relación entre tabaquismo pasivo y cáncer, pero tienen sus limitaciones. A menudo se interpreta que parte de sus resultados son ciertos cuando no lo son (falsos positivos) o que no son ciertos cuando lo son (falsos negativos). Estas alarmas pueden tener un impacto en la toma de decisiones en salud pública. ¿Hasta qué punto los estudios se equivocan?

Patricia Morén | 9 de marzo de 2010


Foto: Artur  Marangoni
Los hallazgos que un estudio posterior no puede verificar o que después se constata que no son ciertos forman parte del día a día de la investigación básica, aplicada y epidemiológica. Es en el caso de esta última en que el debate sobre estas falsas alarmas se ha reavivado por dos razones: los estudios en genética por un lado y la iniciativa de registrar los estudios observacionales como se hace con los ensayos clínicos, lanzada por las compañías del
European Centre for Ecotoxicology and Toxicology of Chemicals (ECETOC), por la otra, apunta Miquel Porta, catedrático de Salud Pública del Institut Municipal d'Investigació Mèdica (IMIM) y de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

Con motivo de este debate que vuelve a la actualidad, el Parque de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB) ha acogido el seminario Falsos positivos y falsos negativos en la investigación epidemiológica, conducido por el epidemiólogo Manolis Kogevinas, del Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental (CREAL), situado en el PRBB. El punto de partida ha sido un artículo de Paolo Boffeta y otros autores en el Journal of The National Cancer Institute, en el que se pedía modestia a la epidemiología, se la acusaba de generar bastantes falsos positivos y de sobreinterpretar y enfatizar sus hallazgos. El artículo, "muy demagógico", según Kogevinas y Porta, ha sido rebatido por estos investigadores y otros colaboradores en Environmental Health Perspectives.

Según Kogevinas, a la hora de interpretar los resultados se opta por considerar más o menos falsos positivos o negativos dependiendo del tipo de estudios epidemiológicos que se hagan y de sus consecuencias. Así, la International Agency for Research on Cancer (IARC) opta por minimizar los falsos positivos cuando se hacen clasificaciones de los carcinógenos humanos del grupo 1, que son los definitivos (mientras que los clasificados en otros grupos no lo son).

Minimizar los falsos positivos

En los estudios de asociación de genoma completo (Genome Wide Association Studies o GWAS) se opta por pocos falsos positivos, dado que pueden producirse muchos. Para conseguirlo, Kogevinas explica que en este tipo de estudios se ha de minimizar el valor de la p (la probabilidad de que haya un error). En este sentido, lo habitual p = 0,05 (asumir 5 errores por cada 100 observaciones) se convierte en una p = 10-7 (asumir un error por cada diez millones de observaciones).

Pero minimizar los falsos positivos de los estudios genéticos también implica aceptar que puede haber más falsos negativos en un estudio determinado, ya que "los falsos positivos y falsos negativos son las dos caras de una misma moneda", ha declarado Kogevinas . ¿Cuáles son más frecuentes en la investigación epidemiológica? La comunidad científica lo desconoce, pero sí se sabe que no siempre se habla de estos resultados sobre la base de fundamentos científicos. Hay muchos intereses alrededor.

Grabaciones

"El pecado es creer que una hipótesis casual es verdad porque tu estudio finalizó con un resultado positivo" Recientemente, la asociación ECETOC, que reúne algunas de las multinacionales petroleras y químicas más importantes del mundo, ha lanzado su propuesta de registrar los estudios epidemiológicos observacionales como si fueran ensayos clínicos. En el caso de estos últimos, se registran la metodología y el plan de análisis que se utilizarán, y no se puede cambiar la hipótesis de trabajo.

Según Porta, aplicar este mismo criterio a los estudios observacionales limitaría la investigación, que se basa en el seguimiento de cohortes durante muchos años. Durante períodos de tiempo tan largos pueden aparecer nuevos hallazgos que obliguen a los investigadores a replantear las hipótesis. Por tanto, la iniciativa de ECETOC supondría una limitación de cara a ponerlas a prueba.

Aciertos y desaciertos

La investigación epidemiológica se encuentra llena de ejemplos de aciertos y desaciertos que se han podido constatar con nuevos estudios. Los trabajos que relacionaron los DDT (compuestos organoclorados presentes en los pesticidas) con el cáncer son un ejemplo de equivocación por falsos positivos. Y hay más ejemplos: "No nos equivocamos con el amianto, ni con el tabaco, ni con las dioxinas. En cambio, la hipótesis de que los DDT se relacionan con el cáncer de mama y el café con el cáncer de páncreas no se han demostrado", expone el epidemiólogo.

¿Qué trascendencia tiene esto a la hora de tomar decisiones en salud pública? El investigador Sander Greenland decía el artículo Epidemiology Faces its limits, publicado en Science, que "el pecado es creer que una hipótesis casual es verdad porque tu estudio finalizó con un resultado positivo". Según este criterio, los epidemiólogos deben obtener la evidencia científica sobre un tema a partir del máximo número de estudios, no a partir de uno solo. Tampoco los políticos y gestores pueden basar las decisiones para proteger a la población en un único trabajo científico, sino en una combinación de estudios. Esto explica que aún no se hayan tomado decisiones sobre las antenas de telefonía móvil y su "presunta" relación con el desarrollo de cáncer infantil, dado que, por ahora, no se ha encontrado una relación directa de causa-efecto.

A menudo pasan muchos años hasta encontrarse estas conexiones, porque los estudios epidemiológicos se han de apoyar en trabajos con animales. Los primeros estudios epidemiológicos que apuntaban la existencia de una relación entre tabaquismo y cáncer de pulmón datan del año 1955. Fueron necesarios cerca de 30 años para verificarla debido a la falta de aparatos para que los animales inhalasen humo. Y, cuando se consiguieron, se confirmaron los descubrimientos de los estudios epidemiológicos hechos mucho tiempo atrás. "No esperábamos una asociación tan fuerte", recuerda Kogevinas.
 "LA DUDA ES SU PRODUCTO" La industria química y farmacéutica, aunque realiza una labor encomiable para la salud, reconocida además por los investigadores, de vez en cuando se aprovecha y pone en juego la siguiente estrategia: "La duda es nuestro producto". Esta frase, dicha por un ejecutivo de una industria tabaquera, es el título del libro de David Michaels (Doubt is the Product), un destacado académico y elegido por Barack Obama máximo dirigente de la agencia Ocuppational Safety and Health Administration (OSHA).

En su libro, Michaels denuncia la tendencia de las compañías a cultivar la duda para colocar sus productos en el mercado y competir con las ideas bien establecidas que la opinión pública tiene sobre los mismos. De esta manera, mientras la comunidad científica comprueba si lo que se dice de un producto (como el tabaco) es cierto o no, se genera un clima de controversia que permite a la industria ganar tiempo y seguir vendiéndolo, explican Kogevinas y Porta.

Este último investigador añade que la industria sólo tiende a hablar de los falsos positivos de los estudios epidemiológicos, acusándolos de equivocarse sobre sus productos. En cambio, añade, no habla de falsos negativos. Según Porta, "si a un estudio se le pasa por alto el riesgo de un producto químico para una enfermedad, a la industria ya le va bien que éste pase desapercibido".

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