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Google, en el banquillo de los acusados

¿Ha llegado la fin de la web 2.0? Según las preocupadas reacciones de Google a la sentencia que condenó, la semana pasada, a tres de sus ejecutivos en Italia a seis meses de cárcel (pena suspendida), el peligro es real.

Luca Tancredi | 3 de marzo de 2010


Foto: Esparta  Palma
El 8 setiembre 2006 un grupo de adolescentes de un instituto de Turín colgó en Youtube un video en el que dos chicos daban una paliza a un compañero con un grave síndrome de autismo (quien había grabado el video era otra compañera de los tres). Tras dos meses (el controvertido video logró 5500 visitas y 800 comentarios, entre videos ‘divertidos’), y antes que la prensa empezara a hablar del caso, Google retiró este contenido de su web. “El video era totalmente reprobable y lo retiramos a las pocas horas de que nos lo notificara la policía italiana”, ha declarado Matt Sucherman, vicepresidente y viceconsejero legal de Google para Europa, Oriente Medio y África.

La compañía de Palo Alto (California) añade: “También trabajamos con la policía local para ayudar a identificar a la persona responsable de subir el vídeo, que posteriormente fue condenada a 10 meses de servicio comunitario por un tribunal de Turín, tal como sucedió a otros compañeros también implicados. Google hizo todo lo que estaba a su alcance en una situación de estas características”.

Las acusaciones a los dirigentes de Google siguen dos direcciones: difamación e incumplimiento de la ley sobre la privacidad. La familia del menor discapacitado ya había retirado la denuncia en contra del coloso estadounidense después de la condena de los adolescentes. Por el contrario, la asociación para la defensa de los niños afectos de síndrome de Down, Vivi Down, que también había tomado cartas en el asunto (se constituyó parte civil en el proceso), decidió seguir el juicio.

El juez Oscar Magi desestimó que Google, por el mero hecho de hospedar el video difamatorio en su página Youtube, fuese cómplice en la difamación. No se ha dado “el principio que pretende la obligación jurídica de un control preventivo de todo lo que se cuelga en la red”, explicó aliviada la defensa de la empresa multinacional, liderada por Giuliano Pisapia, ex parlamentario independiente del partido de la izquierda Rifondazione Comunista.

¿Qué queda del web 2.0 si las infracciones de la privacidad se atribuyen al proveedor y no a los usuarios? Sin embargo, el juez condenó al proveedor por infringir la estricta ley italiana sobre la privacidad, cuyo principal impulsor fue el jurista Stefano Rodotà. Todavía falta conocer las motivaciones de la sentencia (en Italia, el juez tiene 90 días para escribirlas). Por lo tanto, es muy difícil comentar el resultado sin conocer los detalles del razonamiento jurídico que ha llevado a la magistratura a considerar a Google culpable.

A pesar de esta incertidumbre, los ánimos se han calentado mucho: los condenados se dicen “indignados” y vislumbran “un peligroso precedente” en contra de la libertad de la Red, algo comparable a la censura china. El embajador estadounidense se refirió retóricamente al discurso de la secretaria de estado, Clinton, en contra de China: “Un Internet libre es un derecho humano de naturaleza integral que debe ser protegido en las sociedades libres. Aunque todas las naciones deben protegerse contra los abusos, la existencia de material ofensivo no debiera ser una excusa para violar este derecho fundamental”.

El abogado Guido Sforza, presidente del Instituto de políticas de las innovaciones, utiliza un ejemplo muy apropiado para describir lo ocurrido: “Es como si los ferroviarios tuvieran que responder al incumplimiento de la ley sobre la privacidad si dejaran que los viajeros, quizá en voz alta, contaran hechos o episodios susceptibles de perjudicar la privacidad de terceros. Los ferrocarriles, naturalmente, ganan como empresa con el transporte de sus viajeros. Sin embargo, es excesivo responsabilizarlos de los daños a la privacidad provocados por sus viajeros”.

Por lo que se puede suponer de momento, la condena podría referirse al hecho de que Google, en sus reglas de empleo, no explicita suficientemente las normas de privacidad (por ejemplo, no imponen la autorización de otra persona presente en un vídeo o foto que requiere la ley). Aunque, como subraya el mensual Wired, en las condiciones de servicio ya el usuario reconoce que “toda la información (como archivos de datos, textos escritos, software informático, música, archivos de sonido u otros sonidos, fotografías, videos o imágenes) a la que tenga acceso a través de la utilización de los servicios es responsabilidad exclusiva de la persona que haya originados tales contenidos”. Entonces tratarse simplemente de una falta formal de Google, que se arreglaría con sólo añadir un par de líneas a las dichas condiciones.

¿Usuarios o proveedores?

¿Estamos, como lo dirían los ingleses, ante una clásica tempestad en una taza de té? A falta de las motivaciones de la sentencia, todavía no queda claro. Según algunos observadores, los jueces podrían considerar que, al menos en este caso, no se aplique la directiva sobre el comercio electrónico, es decir, la irresponsabilidad del proveedor para las actividades que los usuarios efectúan con sus servicios.

De hecho, justamente las temáticas relativas a la privacidad se prevén como excepciones. Pero ésta es la clave del asunto: ¿qué queda de la web 2.0 si la tutela de la privacidad de todos los sujetos presuntamente dañados por el material colgado en la red se atribuye al proveedor y no al usuario? En este sentido, Stefano Rodotà observa, en una entrevista: “Si la sentencia se basa en que Google no ha eliminado durante un largo tiempo el video omisivo, bastaría con la correcta aplicación de las normas vigentes y no implicaría ningún control de censura de la red”. Cada minuto, sólo en Youtube, se cuelgan 20 horas de videos.

UN INTERNET DISTINTO Como asegura Marco Pancini, responsable de Google Italia, “si blogs, Facebook, Youtube fuesen considerados responsables del control de cada video, significaría el fin de Internet como lo conocemos hoy”. La privacidad y el respeto hacia la dignidad de las personas son principios irrenunciables.

Sin embargo, como opina la revista digital Punto informatico, “transformar la red que conocemos en una gran televisión en la que los contenidos (como pasaba hace tiempo) están producidos sólo por sujetos en los que los intermediarios pueden confiar plenamente” sería un paso atrás que no beneficiaría a nadie.

El reto será encontrar el justo equilibrio entre dinamismo, potencialidad y libertad del web 2.0 y el amparo de la privacidad y de los más débiles. Si la película El cuarto poder (Deadline) hubiese sido rodada hoy, quizás Ed Hutcheson-Humphrey Bogart habría concluido la película con un: “That’s the web, baby. The web. And there’s nothing you can do about it”.

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