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Cristina Jiménez

Corresponsal Londres

A cuestas con el 'Climategate'

El debate sobre la solidez de las evidencias científicas según las que el ser humano es el responsable del cambio climático está más 'caliente' que nunca.

18 de febrero de 2010

Cristina Jiménez | Londres


Foto: wstera2
El debate sobre la solidez de las evidencias científicas según las que el ser humano es el responsable del cambio climático está más ‘caliente’ que nunca. Las filtraciones de los correos electrónicos y documentos varios que intercambiaron científicos de la Climate Research Unit (CRU) en la Universidad de East Anglia, que ya fueron noticia el pasado diciembre justo antes de la cumbre de Copenhague, vuelven a la palestra mediática. Esta vez lo hacen con datos  precisos que ponen en cuestión las ‘buenas prácticas’ de los científicos.

La comisión liderada por Mair Russell, ex vicerector de la Universidad de Glasgow, está investigando las alegaciones de fraude científico que pesan sobre Phil Jones, el director de la CRU. Se trata de de averiguar si los científicos de la  CRU publicaron datos que ellos sabían de antemano que eran incorrectos (o no ajustados del todo) para favorecer las evidencias de que el calentamiento global está provocado por el ser humano. 

En concreto,  se acusa a los investigadores de la Unidad de despreciar, en las conclusiones de un artículo publicado en Nature, el efecto del calor urbano: los núcleos urbanos tienden a estar a temperaturas más altas que las zonas rurales, a causa de la concentración de materiales como el cemento y el hormigón. En varios artículos científicos se  incluyeron datos que provenían de estaciones meteorológicas situadas alrededor del mundo. En el estudio publicado en Nature, Jones y sus colaboradores concluyeron que los efectos del calor urbano eran insignificantes y que el efecto dominante era el cambio climático global.

Aquí empieza todo el revuelo. Expertos, como un analista de datos climáticos amateur, Doug Keenan, señaló en 2007 que las estaciones meteorológicas que habían proporcionado los datos se habían movido de lugar durante el periodo del estudio. Es decir, que algunos de los termómetros (situados en China) que marcaron incrementos de temperatura se movieron de lugar durante el transcurso del trabajo, que duró más de 20 años.

Las informaciones al respecto siguen siendo poco claras, pero entiende las críticas nacen por el hecho de que los datos se extrajeron de estaciones meteorológicas ubicadas en hábitats urbanos que, en realidad, podrían haber estado emplazadas, en realidad, en medios rurales. También se apunta a que hubo estaciones que simplemente dejaron de existir durante el transcurso de la investigación.

Debido a que los datos primarios se habían obtenido a partir de un investigador chino de la Universidad de Albany en Nueva York (Estados Unidos), coautor de Jones, y  parece que los datos se perdieron, no hubo manera de refutar o verificar lo que Keenan dijo en aquel momento. En una entrevista reciente concedida a Nature News, Phil Jones reconoce que las prácticas no fueron las mejores, pero que no hubo intencionalidad de ocultar evidencias.

Por si fuera poco desprestigio el que están sufriendo los métodos científicos que se utilizan para cuantificar el cambio climático, el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, de Intergovernmental Panel on Climate Change), de las Naciones Unidas, también ha admitido conductas poco científicas. El IPCC ha reconocido que las afirmaciones en su informe de 2007 sobre la posibilidad de que los glaciares del Himalaya se derritieran en 2035 eran infundadas.

Todo se destapó hace un par de semanas. Un artículo de la revista de divulgación científica New Scientist revelaba que la fuente de tal afirmación no procedía de ningún artículo científico que hubiera pasado el correspondiente peer review.  Según la publicación, la fuente de tal afirmación por parte del IPCC era una entrevista (no he podido averiguar para qué medio) que se le hizo a un científico en 1999.

Muchos científicos  de reconocido prestigio coinciden ahora en que la conclusión del Panel sobre el peligro que sufren los glaciares del Himalaya era poco realista. El IPCC ya se ha manifestado; en un comunicado, se constata que se basaron en estimaciones con pocas evidencias científicas y se admite que el parágrafo con la afirmación no cumple los estándares científicos del IPCC. Sin embargo, fue publicado.

Los negacionistas están aprovechando todo este revuelo para poner en duda que el cambio climático esté provocado por el ser humano. Sin embargo, según muchos expertos independientes, como Fred Pearce, consultor de New Scientist y The Guardian, la ciencia detrás del cambio climático es sólida. No se cansan de decir de que las evidencias que apoyan la tesis de la urgencia de luchar contra éste están más que fundamentadas.

Y es que el efecto invernadero, que se desató a raíz de la industrialización masiva del siglo XIX, no es broma. Según Pearce, ninguna mala práctica científica cambia el hecho de que el CO2 se está acumulando en la atmosfera por culpa de las emisiones relacionadas con las actividades humanas. Y que son ciertos los cálculos de físicos que estiman que, por cada metro cuadrado de superficie terrestre, se generan 1,6 vatios en forma de calor que entran en la atmosfera pero que no salen.

Mientras se desenredan los hechos a través de varias investigaciones independientes, Jones ha dimitido de su puesto como director de la CRU. Jones, que ha aceptado que es posible que el estudio que ha generado la controversia pudiera contener algún dato no preciso, también señala un segundo estudio que constata que la ubicación exacta de las estaciones meteorológicas no era fundamental. "Están tratando de señalar pequeñas cosas en los datos para sacarlas de proporción”, se defendía Jones de sus críticos en la dicha entrevista.

Parece que hay evidencias más que suficientes que apoyan el origen humano del cambio climático. Las malas prácticas científicas que han salido a la luz están dañando la imagen de los científicos y de la ciencia en general. Lo grave es que podrían poner en peligro la toma medidas necesarias para luchar contra el cambio climático. Ahora, ¿en quién podemos confiar?

Comentarios

       
1 comentario

viviana 13/03/2010
cro que teneis razon y que no podemos confiar en nadie excepto en nosotros mismos

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