La precariedad laboral de los jóvenes investigadores la acaba pagando toda la sociedad. Esta factura no bajó de dos millones de euros entre 2006 y 2009, según la Federación de Jóvenes Investigadores (FJI)-Precarios. La Seguridad Social ha dejado de cobrar esta cifra en todo este periodo porque más de 200 becas doctorales no llegaron nunca a convertirse en contrato, aunque éste fuera obligatorio.
Michele Catanzaro | 12 de febrero de 2010