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Las energías limpias siguen adelante

La cumbre de Copenhague pasará a la historia sin pena ni gloria. Los líderes mundiales no encontraron las fórmulas para asegurar los acuerdos que se esperaban, ni en cuanto a los porcentajes de reducción de emisiones ni en cuanto a cómo hay que actuar para reducirlas. Sin embargo, a pesar de los desencuentros políticos en la capital danesa, el mercado de las energías limpias sigue floreciendo.

Cristina Jiménez | 14 de enero de 2010


Foto: Carles Manel Chacón
Los resultados de la Cumbre del Clima de Copenhague (COP15) fueron de un claro suspenso, aunque las evidencias de cambio climático estén más que consensuadas. Las diferencias en la capital danesa surgieron debido a la falta de posicionamiento de los países altamente contaminantes respecto a los compromisos para la reducción de sus emisiones. Por otro lado, también se fracasó en lograr un apoyo financiero suficiente para facilitar el desarrollo de tecnologías limpias en los países pobres.

“El mayor obstáculo para llegar a acuerdos fue la falta tanto de expectativas claras como de la voluntad necesaria para alcanzar un consenso entre las principales partes implicadas: China, India y Estados Unidos”, señala Federico Capproti, experto en energías limpias en la University College London. “Esto era evidente incluso antes de que la COP15 empezara”, añade.

Con o sin acuerdo vinculante, el sector de las energías limpias sigue siendo un sector prometedor en el que las inversiones crecen sin interrupción. Y aunque la conferencia fuera un fracaso, algunos gobiernos, como el chino o el británico, están intentando promover algunas de las condiciones necesarias para favorecer una hipotética transición a una economía baja en carbono. “Aunque en Copenhague fracasaran las negociaciones políticas, el mercado continúa”, apunta Caprotti.
De hecho, la demanda de tecnologías limpias seguirá creciendo en 2010 y en el futuro. Para el próximo año, la consultura New Energy Finance estima que las compañías y los gobiernos invertirán 200 millones de dólares en el desarrollo de energías renovables. Estas cifras representan casi un 50% de los 130 millones invertidos en 2009, y se sitúan muy por encima de los 155 invertidos en 2008.

China, líder y verdugo

Muchos expertos coinciden en que China liderará este crecimiento. Parece paradójico, si se tiene en cuenta de que el gigante asiático se considera uno de los actores principales en el  fracaso de las negociaciones. La ventaja fundamental del país, señala Caprotti,  hace referencia a lo que los inversores llaman el China Prize (‘precio chino’): los bajos costes de mano de obra, las economías de escala y la amplitud de su mercado interno sitúan a China en un lugar privilegiado para el desarrollo de estas tecnologías. Han provocado incluso una reducción del precio de las renovables mundiales.

Los bajos costes de mano de obra, las economías de escala y la amplitud de su mercado interno sitúan a China en un lugar privilegiadoA principios de enero, China incluyó una enmienda en su Ley energética que obliga a incrementar la compra de energía renovable a las instalaciones de distribución de energía eléctrica (solar, eólica e hidroeléctrica). Para apoyar la regulación, durante los próximos dos años, China se compromete a invertir más de 220 millones de dólares en energías limpias.

Las nuevas medidas se firmaron a finales de diciembre, justo dos semanas después de la fallida COP15. Es un modo de refirmar a los inversores que el mercado chino de energías limpias es sólido y fiable. También es la prueba de que se puede sabotear un acuerdo a favor del medioambiente a la par que impulsar tecnologías verdes. El dinero manda.

Financiación suficiente

Otro sector fundamental para el desarrollo de nuevas tecnologías, el del capital de riesgo (fuente clave de dinero para las compañías), es también optimista. Meter Nieh, fundador de un fondo de capital riesgo especializado en energías renovables, afirma que “la cantidad destinada a proyectos va a aumentar de forma considerable en los próximos años”. Según Nieh, podría aumentar hasta un 50% en 2010 con respecto a 2008.

Así, todo parece indicar que el resultado de Copenhague no repercutirá en una reducción de las inversiones en tecnologías limpias, lo que sí que haría peligrar, a corto plazo, la lucha contra el cambio climático “La COP15 no jugará ningún papel en el desarrollo de la economía baja en emisiones de carbono”, explica Caprotti.  Los expertos en tecnologías limpias acostumbran a ser realistas, según Ethan Zindler, analista de New Energy Finance. Un examen de antes de la cumbre del cambio climático ya indicaba que iba a ser imposible que más de 190 países llegaran a un acuerdo vinculante.

Una vez más, como en las cumbres de Río de Janeiro en 1992 y de Kioto en 1997, la esperanza de llegar a pactos que pudieran transformarse en leyes ha quedado en pura retórica. Sólo ha habido un consenso claro en Copenhague: la temperatura de la Tierra no puede subir más de 2 ºC, o las consecuencias serán catastróficas. Sin embargo, un estudio publicado en Science asegura que en 2011 se habrá superado la cifra de 550 ppm (partículas por millón) de CO2 en el aire, lo que comportará el aumento de la temperatura media del planeta. La próxima cita para llegar a un acuerdo será el próximo noviembre en México.

POCO DINERO PARA PAÍSES EN DESARROLLOUno de los pocos avances en la COP15 fue la creación de un fondo de 100.000 millones de dólares (70.000 millones de euros) hasta 2020, que se transferirán a los países pobres para que adapten sus economías y atenúen los efectos del cambio climático. "Se invertirá principalmente en tecnologías y procesos que ayuden a mitigar los efectos del cambio climático", dice Caprotti, “lo que activará la inversión en tecnologías limpias por parte de los mercados emergentes".
Otras voces sostienen que las cifras del fondo son ridículas, y las comparan con los 820.000 millones de dólares que Estados Unidos invirtió en el rescate de sus bancos.

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