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Ciencia y empresa, una relación primordial

¿Qué queda del investigador inicial en Bill Gates o Craig Venter? La ciencia sin empresa tiene poco sentido en el mundo del conocimiento. Y ahora, cuando la crisis planetaria ha convertido en estribillo martillador lo del cambio de modelo económico, investigadores y gestores tienen, más que nunca, que estrechar lazos. Rememorando a los antiguos griegos, el consorcio Biopol’H dio su primer paso recientemente; reunió a unos y otros en una moderna ágora con un único tema a debate: ciencia y empresa.

Ànnia Monreal | 30 de noviembre de 2009

Ya no se trata sólo de inaugurar centros punteros. Ni de abrir nuevas universidades. La excelencia científica a la que dice aspirar el Gobierno catalán toma el ejemplo de Boston o Silicon Valley, donde las partes hace años que forman un todo. La guinda de este modelo de innovación y desarrollo es la presencia y participación de empresas, que aterrizan “allí donde se produce una concentración de talento y conocimiento suficientemente atractiva”, puntualiza Balcells. “Y esto empieza a ser una realidad en Cataluña”.

“La combinación de una ciencia de excelencia con unas buenas políticas, el apoyo a los emprendedores y el crecimiento de empresas e inversiones para crear valor y riqueza a partir de una idea. Esto es Biopol’H”. Así resumió Manel Balcells, presidente de Biocat, uno de los grandes proyectos del futuro inmediato de Cataluña.

Campos clave

La biotecnología es el ámbito clave en el que el Principado aspira a lograr grandes metas. “Actualmente es el sector de referencia del conocimiento en Europa y el único que garantiza su crecimiento sostenible”, asegura Núria Mas, profesora de la escuela de negocios IESE e investigadora de Economía pública y de la salud. “Y la biotecnología catalana tiene el potencial de afectar a sectores que representan el 10% de su economía y ocupan a un 9,3% de los trabajadores”, prosigue la experta.

Cataluña cuenta con 151 empresas biotecnológicas. “Más del 50% de los proyectos biotecnológicos en los que participamos son catalanes”, apunta Elena Rico, directora de Relaciones Institucionales de Caixa Capital Risc. Barcelona es una marca internacional. Y la mejor ciudad en calidad de vida para los trabajadores, según el European Cities Monitor 2009.

Junto con su situación geográfica, su tradición sanitaria y algunos centros de excelencia en I+D, estos son los argumentos que sustentan la creación de un clúster como Biopol’H en la ciudad. “Es un núcleo que concentrará recursos asistenciales y de investigación sobre la salud. Con la ubicación de empresas, favorecerá la transferencia de conocimiento de la industria al mercado”, sostiene Balcells.

De lo básico a la patente

Las palabras mágicas han sonado: trasvase laboratorio-mercado. “No hemos encontrado una fórmula idónea para pasar de la investigación básica a las patentes. No entendemos bien el lenguaje empresarial”, suscribe Núria Mas. “El científico emprendedor llega difícilmente a ser un buen gestor de una gran compañía”, lanza Elena Rico. “Tal y como está organizada la ciencia, probablemente todos los científicos somos un poco emprendedores, porque si no tenemos una idea no conseguimos financiación. Pero también nos da miedo dar el salto. Creemos que perderemos la propiedad de nuestro proyecto”, reconoce Gabriel Capellà, director científico del Institut Català d’Oncologia (ICO).

“Al científico emprendedor catalán le falta salir a la calle. Está demasiado ocupado con su laboratorio y no sabe ni si lo que hace encaja con la sociedad, ni cómo”, afirma Ramon Morera, director general de la sociedad inversora Innova 31. “A los científicos no nos gusta convertirnos en empleados de nuestra propia empresa, algo que ocurre cuando te alías con un socio inversor”, mantiene Ignasi Belda, ingeniero y director general de Intelligent Pharma, su negocio.

“Los científicos emprendedores deben ser hombres orquesta cuando lanzan su empresa, pero luego deben convertirse en directores científicos y dejar la dirección de la compañía en manos de los gestores”, continúa Rico. “Si el científico quiere mantener su laboratorio, que no juegue al capital riesgo”, advierte Christian Fernández, sénior manager de bcnHighGrowth.

“Los investigadores no tenemos cultura de plantearnos nuestro trabajo como algo que puede generar valor añadido. Queremos publicar antes que crear patentes. Además, tenemos nuestro ego, y no nos gusta oír lo que no queremos oír”, acepta Capellà. Por otro lado, “la administración debería premiar la innovación”, prosigue el director científico del ICO. “En ocasiones incluso la penaliza. En Cataluña y Europa somos muy creativos a la hora de crear figuras jurídicas, algo que acaba por convertirse en un obstáculo”, remata.

Pese a la falta de recursos, Morera indica que “Cataluña es un país emprendedor. Hay coraje y ganas de trabajar”. “Ahora gozamos de buenas bases y buenas infraestructuras”, admite Fernández, pero aún escasea “la transferencia entre conocimiento y mercado”. “Esperemos que la proximidad de centros facilite la creación de sinergias”, suscribe Capellà.


A MITAD DE CAMINOLa puesta en marcha de proyectos como el clúster Bipol’H pretende saldar la distancia entre las probetas y el mercado. Manel Balcells, al frente de un cargo político, defiende: “Tenemos la excelencia internacional contrastada de nuestros centros de investigación y de nuestras empresas biotecnológicas”. Y parece que ya no se trata de una declaración de intenciones más o de una manifestación de complacencia desde la clase dirigente. “Creo que ya existe un caldo de cultivo. La administración lo tiene presente y se están haciendo cosas”, apunta la representante de Caixa Capital Risc.
 
También los estudios de Núria Mas concluyen que la senda está encauzada, pero “falta cultura financiera, escasean los incentivos para promocionar la calidad de la investigación básica, no se fomentan los pequeños inversores y hay que facilitar la movilidad de trabajadores y gestores”.

Por su parte, Balcells insiste en que “hay análisis que revelan que Cataluña es la zona de Europa donde existe mayor capacidad emprendedora para crear empresas”. Pero reconoce: “Hay que mejorar el nivel de inglés y la financiación de la investigación e incrementar los recursos en estos sectores”.

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