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Maria José Viñas

Corresponsal

Washington

El estudio de la geoingeniería no implica su utilización

Cuando el asesor científico del presidente estadounidense Barack Obama, John Holdren, concedió a principios de ...

8 de mayo de 2009

M. José Viñas, Washington D.C.

Cuando el asesor científico del presidente estadounidense Barack Obama, John Holdren, concedió a principios de abril su primera entrevista a un medio de comunicación de gran impacto (la agencia de noticias Associated Press), se armó la gorda. Debido principalmente a un desafortunado titular (probablemente culpa del editor de turno, no del reportero que llevó a cabo la entrevista, porque se trata de un veterano en su campo), unas declaraciones de Holdren fueron sacadas de contexto. En seguida múltiples blogs y otros medios de comunicación empezaron a criticar que la administración de Obama estuviera planteándose utilizar un controvertido medio para combatir el cambio climático: la geoingeniería, o la manipulación deliberada del clima para intentar contrarrestar los efectos del calentamiento global.

En concreto, el poco logrado titular fue Obama looking at cooling air to fight warming, que en castellano viene a ser “Obama está considerando enfriar el aire para luchar contra el calentamiento”. Pero, como Holdren se apresuró a desmentir rápidamente en un comunicado, no se trataba de eso, ni mucho menos. Éste comentó que el tema se ha mencionado en algunas reuniones en la Casa Blanca, pero que esto no equivale a decir que el presidente esté considerando seriamente la idea.

Al fin y al cabo, como el asesor científico de Obama explicó a la Associated Press, “sería mucho más preferible resolver este problema cambio climático] mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero”.

De lo que Holdren sí que está a favor es de que se dedique más dinero y esfuerzo a explorar las distintas técnicas de geoingeniería, para poder así decidir si estas tecnologías podrían ser un último resorte al que acudir si las consecuencias del cambio climático se aceleraran trágicamente. Y en esta opinión, Holdren no está solo.


Foto: Cluc
Hace poco más de una década, la geoingeniería se consideraba un simple ejercicio intelectual y no se discutía en los círculos académicos “serios”. Pero ahora cada vez hay más voces en la comunidad científica estadounidense que piden que se potencie este campo de investigación. Estos científicos exigen al gobierno que aumente los fondos (actualmente muy magros) dedicados a evaluar la efectividad en la lucha contra el cambio climático, así como los potenciales efectos laterales negativos de cada una de las diferentes propuestas de geoingeniería puestas hasta la fecha sobre la mesa. En líneas muy generales, las opciones de geoingeniería discutidas caen en una de estas dos categorías: o atenuar la radiación solar que llega a la tierra, o atrapar parte del exceso de dióxido de carbono, el principal causante del efecto invernadero, en la atmósfera.

El año pasado, el congreso estadounidense encargó a las National Academies del mismo país elaborar un informe detallado sobre cómo controlar las emisiones de CO2. Ralph Cicerone, el presidente de las Academias, declaró en una entrevista que creía que el estudio debería incluir una recomendación a los políticos de Estados Unidos sobre el hecho de potenciar la investigación en geoingeniería. Y la American Meteorological Society, que agrupa a 11.000 meteorólogos y que en estos momentos está elaborando un borrador de su postura oficial sobre este tema, afirma que "es prudente considerar el potencial de la geoingeniería para entender sus límites y evitar su uso precipitado”.

Lo sorprendente (o no) es que, entre los más entusiásticos promotores de investigar a fondo los pros y contras de la geoingeniería, se encuentran algunos de sus más fervientes detractores. Estos quieren comprender más en profundidad los peligros de estas técnicas para así poder tener más argumentos a mano a la hora de recomendar no utilizarlas.

No sería correcto afirmar que, con sus declaraciones, Holdren ha abierto la caja de Pandora, porque ya hace unos años que cada vez más voces discutían promover el estudio de la geoingeniería. Pero tal vez sí que sea cierto que el asesor de Obama ha dado al tema el empujoncito final hacia la luz pública. Y ahora que se oirá hablar cada vez más de la geoingeniería en los medios de comunicación, los científicos y periodistas tendrán que ser extremadamente cuidadosos en sus explicaciones. Por un lado, para no alarmar al público con sus potenciales efectos catastróficos. Por otro lado, para no provocar una falsa sensación de complacencia haciendo creer a la gente que los científicos disponen de una “solución milagrosa” al cambio climático y que, por lo tanto, ya no es necesario esforzarse en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

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