El tiempo pasa lentísimamente. Un movimiento imperceptible cuesta tanto trabajo como escalar el Everest. Todo tiene un extraño color rojizo. El ambiente de un pulsar no parece nada atractivo. Sin embargo, la semana pasada la descubridora de estos astros, Jocelyn Bell-Burnell, transportó a un centenar de personas durante una hora. Este viaje imaginario fue el corazón de una charla sobre astrofísica en Sant Cugat. Su compostura como presidenta del Institute of Physics no le impidió hacer girar por el aire su alarma de cocina atada a un cordel, ni interpretar el papel de sí misma a la edad de 20 años.
Michele Catanzaro | 23 de abril de 2010