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El poder de los desiertos

Distintas iniciativas internacionales sientan las bases para la obtención de energía del cinturón desértico del planeta

Uno de los objetivos de la próxima gran cumbre del cambio climático, en diciembre en Copenhague, es lograr acuerdos para que la temperatura global del planeta no suba en este siglo más de 2 ºC. Muchos expertos aseguran ya, sin embargo, que esa barrera será superada. Si así fuera, la Tierra se convertiría en un planeta distinto.

Mónica G. Salomone | 26 de marzo de 2009

El último informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, de Intergovernmental Panel on Climate Change), de 2007, predice un aumento global de las temperaturas de entre 2 ºC y 6,4 ºC durante este siglo. Pero las conclusiones del IPCC suelen ser consideradas conservadoras. De hecho, Bob Watson, antiguo presidente del grupo, ya ha advertido que se debería trabajar en estrategias de adaptación a un mundo 4 ºC más cálido.


El desierto del Sáhara es un potencial
generador de energia. Foto: John Spooner

Una idea para adaptarse al cambio y al mismo tiempo hacer frente al acuciante problema energético, es convertir el nuevo cinturón cálido del planeta, cada vez más ancho, en una fuente de energía limpia capaz de alimentar a una parte sustancial del planeta. El proyecto es futurista y ambicioso, pero se asienta sobre iniciativas ya en marcha

Fuente dominante

En un mundo así, ¿cuál será la fuente energética predominante? Varios datos apuntan a que . Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), las energías renovables produjeron en 2007 el 19,8 % de la electricidad en España, más que las centrales nucleares (17,7% de la electricidad). Sobre todo la energía eólica y, aún en menor medida, la solar (en sus múltiples variantes), parecen haber dejado de ser una utopía. La Unión Europea ya ha establecido entre sus objetivos el reducir un 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero de aquí a 2020, logrando que el 20% de su energía proceda de fuentes renovables. El datos es relevante, puesto que España forma parte del pelotón de cabeza europeo en el uso de estas fuentes.

Las energías renovables podrían jugar un papel mucho más importante del que se les ha atribuido hasta ahora “Las energías renovables son muy prometedoras; nos encontramos justo en el inicio de un nuevo siglo de tecnologías revolucionarias”, dijo Rolf Linkohr, presidente del Centro para la Estrategia Europea de Energía y director de la Escuela de Energía y Cambio Climático celebrada recientemente en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Sevilla. “No se puede descartar que un día sean la fuente de energía dominante", auguró Linkohr. El experto entiende que los progresos son notables. "Los aerogeneradores ya logran potencias de 5 o 6 megavatios eléctricos [MWe]", aseguró en la cita española. "Y la solar térmica está entrando ya en fase preindustrial”.

Cinturón solar

No obstante, siempre se ha considerado que las fuentes renovables están lastradas por, entre otras cosas, la dificultad de almacenar la energía que producen. Una forma de resolver el problema es crear grandes plantas de energía distribuidas por zonas del planeta en las que pueda garantizarse suficiente presencia de viento e insolación. Las superplantas estarían conectadas con las regiones de consumo energético por cables de Corriente Continua de Alto Voltaje (HVDC, de high-voltage, direct current) que redujeran las pérdidas por transporte. Nuevos materiales basados en superconductores serían la clave.

De esta forma, los desiertos del planeta acabarían integrando un ‘cinturón solar’ a lo largo del norte de África, Oriente Medio y el sur de Estados Unidos. Varios estudios han calculado cuánta energía se podría obtener. Kevin Ummel y David Wheeler, del Center for Global Development de Washington estiman que se podría obtener el triple del consumo actual de electricidad europea si se cubriera con paneles solares una superficie de 110.000 km2 a lo largo de Jordania, Libia y Marruecos. No se trataría de paneles fotovoltaicos, sino de energía termosolar. En ella la radiación solar se concentra con espejos para producir vapor o aire caliente, que puede posteriormente ser usado en plantas eléctricas convencionales. “La energía termosolar en el norte de África y Oriente Medio podría cubrir las necesidades energéticas de 35 millones de personas en 2020”, escriben Ummel y Wheeler en su informe publicado en diciembre de 2008.

Otros estudios, de la Agencia Espacial Alemana (DLR), con datos de satélite, concluyen que bastaría cubrir con paneles termosolares el 0,3% de la superficie de los desiertos en Oriente Medio y el Norte de África para producir suficiente electricidad y agua desalinizada para los países de la región y para Europa.

El objetivo es poner los desiertos al servicio de la seguridad energética, el agua y el clima del planeta”, explicó en Sevilla el físico Michael Düren, miembro de uno de los proyectos energéticos más ambiciosos para aprovechar las condiciones climáticas de las regiones más áridas del planeta, llamado DESERTEC. “Proponemos una cooperación entre Europa, Oriente Medio y África del Norte para la producción de electricidad y agua desalinizada mediante centrales termosolares y sistemas de concentración, junto a parques eólicos, en los desiertos de la región”.

La energía del desiertoDESERTEC nació como proyecto en 2003, auspiciado por el Club de Roma, pero se basa en conceptos de hace décadas. Uno de sus padres es el veterano físico alemán Gerhard Knies, co-fundador de la Cooperación Transmediterránea de Energía Renovable. Según los promotores de este proyecto, las plantas termosolares en los desiertos podrían proporcionar hasta el 17% de la energía de Europa en 2050. Esta energía “podría ser transportada mediante cables HVDC hasta Europa con una pérdida de transmisión de solamente el 10% al 15%”, explica Düren. “La tecnología ya existe”, continúa. De hecho, ya hay cables HVDC entre Noruega y los Países Bajos, por ejemplo.

“Lo que necesitamos es voluntad política, y que se entienda bien el potencial del proyecto”. Los costes, desde luego, son importantes, y la confianza de los inversores será una cuestión clave. Según las estimaciones de la DLR, habría que invertir unos 45.000 millones de euros hasta 2050 en la instalación de cables de HVDC interconectando el Norte de África, Oriente Medio y Europa. En España, Abengoa, empresa tecnológica española para el desarrollo sostenible, parece decidida a tomar la delantera. En la actualidad experimenta con varias plantas termosolares en territorio español y construirá la mayor del mundo, llamada Solana, en Fénix (Arizona, Estados Unidos). Esta planta “será capaz de alimentar 70.000 hogares y ahorrar alrededor de 400.000 toneladas métricas (Tm) de CO2”, según fuentes de la compañía.


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