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“El uso reiterado de productos de limpieza puede cuasar asma”

Entrevistamos en Londres a un holandés que vive y trabaja en Barcelona. Su ámbito de investigación son las partículas nocivas contenidas en los aerosoles de la limpieza. El beneficio que causan en hogares e instalaciones se traduce, al parecer, en un perjuicio para la salud de quienes las respiran.

JORDI MONTANER | 3 DE SEPTIEMBRE DE 2010


¿Por qué se multiplican los casos de asma? 

Los factores ambientales ganan cada vez mayor peso en la etiología del asma. Nosotros hemos constatado en Barcelona que la utilización asidua de aerosoles empleados como artículos de limpieza puede desencadenar asma. Son productos que liberan cloro y desinfectantes en el aire que respiramos, y en una proporción nociva.

¿Hemos de preocuparnos?
Si somos pacientes asmáticos debemos tomar precauciones. Tenemos pruebas de que la exposición a algunos productos de limpieza puede provocar trastornos respiratorios y empeorar el asma existente. Por otro lado, mucha sintomatología asmática que padecen trabajadores o trabajadoras de la limpieza desaparecería con sólo prevenir la inhalación de estos productos. También hay cancha para la prevención.

¿Cómo investigan todo esto? ¿Qué metodología utilizan?
Nuestro Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) partió de un ámbito teóricamente ideal: los empleados de la limpieza que trabajan en hospitales y centros de salud, en los que la higiene y la limpieza son exigencias de primer orden. Averiguamos que estos profesionales son, sin ninguna razón fenotípica o genotípica, más vulnerables al asma que el resto de empleados. Esta circunstancia nos ha llevado a investigar, mediante ensayos clínicos y funcionales, qué  marcadores biológicos del asma se relacionan con los productos comúnmente empleados. Si extrapolamos el potencial nocivo de estos productos a todas las personas que los utilizan en sus casas, tenemos un problema… Hay ya varios estudios que constatan que la tasa de asma entre los conserjes, limpiadores profesionales, amas de casa y celadores aumenta de manera desproporcionada a la del resto de los trabajadores.

En casa, hay quien espabila con limón o vinagre; pero, en los hospitales, escuelas, restaurantes o empresas grandes, ¿qué se puede hacer?
No se trata de nada nuevo. Es sabido que muchos agentes de limpieza son irritantes respiratorios, incluso que algunos tienen propiedades de sensibilización alérgica. A todos nos entra en la cabeza que una exposición duradera a la inhalación de vapores de lejía, amoníaco, descalcificadores u otros ácidos, disolventes y quitamanchas no beneficia la salud. Nosotros hemos constatado que la utilización reiterada de estos productos más de una vez por semana se asocia a un aumento del 20% en sibilancias y otros síntomas asmáticos.
"La utilización reiterada de productos de limpieza se asocia a un aumento del 20% en sibilancias y otros síntomas asmáticos”
¿El peligro viene del qué o del cuánto?
La exposición (y el riesgo) están determinados por varios factores: la frecuencia y la duración del uso que se haga de estos productos, la concentración de ingredientes activos (los productos más concentrados son más nocivos) y la ventilación del habitáculo que se limpia. Los estudios siempre evalúan estas circunstancias en ámbitos profesionales (grandes espacios). En el ámbito doméstico es más difícil de estudiar, puesto que no podemos determinar con tanta precisión el vínculo del asma con la exposición a productos de la limpieza, de uso generalmente menos frecuente y más complejo de supervisar.

¿Hay algún “producto estrella” ante el que debamos protegernos?
Los que contienen cloro en una gran proporción. Además, muchos productos mezclan componentes que no hacen sino potenciar el poder nocivo y actuar de forma sinérgica.

¿Han intentado contactar con los fabricantes de estos productos para frenar su efecto nocivo?
Nosotros somos epidemiólogos y constatamos solamente un problema de salud. Corresponde a las administraciones valorar el alcance del problema que denunciamos y tomar luego las medidas o las normas legales preceptivas que se consideren. En todo caso, son las personas con riesgo asmático quienes deben tomar precauciones por sí solas.

¿Suficiente?
Necesario, en su caso. Pondré un ejemplo. Cuando me encontraba investigando en Holanda tomé parte en una investigación de salud laboral entre unos trabajadores adscritos a una industria alimentaria que se ocupaba de la patata. Descubrimos una prevalencia anormal de problemas respiratorios entre estos trabajadores y quisimos indagar en las causas. Tras un exhaustivo análisis, descubrimos que la clave no estaba en el aire sino en el agua que estos trabajadores empleaban en un circuito cerrado en el que se habían reproducido varias colonias de bacterias… Bastaron unos cambios que los afectados reclamaron en el acondicionamiento y el problema se resolvió. 

¿Cómo prevenir el asma asociada a los productos de limpieza? El Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS) ofrece información sobre el riesgo de los productos químicos en su página web.

EFECTOS DEL AIRE IMPURO
Cada día incorporamos a nuestro organismo aproximadamente un billón de partículas a través del aire que respiramos. Cada día, asimismo, circulan unos 10.000 litros de aire por nuestros pulmones. La superficie con la que todas esas partículas y todo ese aire entran en contacto se eleva a unos 150 metros cuadrados (la superficie de un piso grande). Estos datos ayudan a entender que la inhalación regular de vapores de lejía, amoníaco, disolventes y otras substancias contenidas en los productos de limpieza pueden tener un impacto notable en nuestra salud.
No hay duda de que en los individuos asmáticos se produce una interrelación importante. Se sabe, por ejemplo, que una exposición creciente de un enfermo asmático al aire contaminado del tráfico en calles o carreteras incrementa el número de exacerbaciones. Por otra parte, los óxidos de ozono y nitrógeno suspendidos en el aire que respiramos son responsables de un incremento en síntomas de asma, hospitalizaciones debidas a tales síntomas, mayor uso de medicación de rescate, exacerbaciones de EPOC, ingresos en urgencias por crisis de EPOC, infecciones del tracto respiratorio y disfunciones pulmonares.
Más de 400 trabajos científicos han documentado la función del epitelio bronquial como barrera física contra las alergias, secretando moléculas citoprotectoras, mucociliares y activando células inmunes, inflamatorias y mesenquimales. Las partículas de la polución atmosférica aumentan la mortalidad de las células epiteliales de las vías aéreas. El estrés oxidativo resulta particularmente perjudicial en los individuos asmáticos. Datos obtenidos de cultivos in vitro muestran que la cinética reparadora del tejido epitelial de pacientes asmáticos se ve reducida de forma importante por culpa de la enfermedad.
Las células epiteliales del asmático secretan más moco que las células de individuos no asmáticos. Se ha demostrado, en tal sentido, que las partículas de combustión del diesel activan una mayor secreción mucosa en los enfermos asmáticos mediada por el gen mucin y la activación de receptores EGF. Datos biópsicos, por otra parte, avalan que la superficie basolateral es la más susceptible a los efectos citotóxicos del humo del tabaco.

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