Nos encontramos con un viejo conocido por la calle. Charlamos un rato y quedamos en llamarnos para hablar un día con más calma. Nos da su número de teléfono, pero no tenemos nada para apuntarlo. Da igual. Estamos al lado de casa y seguro que seremos capaces de recordar el número hasta que llegamos y lo podamos anotar en la agenda.
Redacción | 9 de abril de 2010